Monitor Nacional
Relaciones Inciertas
Opinión | Manuel Saavedra
31 de octubre de 2016 - 6:29 pm
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Si bien Obama ha tomado medidas para asegurar que el proceso de normalización de relaciones continúe ininterrumpido después de su salida de la presidencia, esto no serviría de mucho con Trump como presidente

En Diciembre del 2014, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, anunció la reanudación de relaciones diplomáticas con Cuba después de 53 años de hostilidad. A pesar de la sorpresa que resultó este anuncio para la comunidad internacional, es importante comprender que esta decisión no se dio de la noche a la mañana. Le tomó a ambos estados alrededor de dos años de negociaciones secretas y la mediación del Vaticano y de Canadá para poder llegar a un acuerdo. Aunque muchos pensaron que dicho acuerdo no pasaría de las buenas intenciones, hoy en día no solo ya se ha abierto una embajada Norte Americana en Cuba, sino que también han reducido muchas de las restricciones económicas impuestas por los Estados Unidos a su vecino del caribe, una vacuna cubana contra el cáncer de pulmón está siendo probada por el Centro de Investigación y Tratamiento de Nueva York y hace tan solo dos días, en un movimiento histórico, los Estados Unidos se abstuvieron de votar en una resolución de la ONU que condenaba el embargo hacia Cuba (en los últimos 25 años, los Estados Unidos habían votado en contra de dicha resolución).

Aunque todo esto ha sido posible gracias a la acción conjunta de muchos oficiales diplomáticos de ambas partes, resulta evidente que esto no se hubiera llevado a cabo de no haber sido por el presidente Obama. El reconocer el papel que el actual presidente ha jugado en estas negociaciones lleva a la siguiente interrogante: ¿Cómo podrían continuar estos cambios una vez que él abandone la oficina oval? Al hablar de las relaciones Cuba-Estados Unidos en un mundo post-Obama hay que tener una cosa en claro: dichas relaciones no tienen futuro si el candidato republicano a la presidencia, Donald Trump, llega al poder.

Si bien Obama ha tomado medidas para asegurar que el proceso de normalización de relaciones continúe ininterrumpido después de su salida de la presidencia, por medio de la creación de una directiva que elimina la hostilidad perpetúa como el modus operandi de los Estados Unidos en lo referente a Cuba, esto no serviría de mucho con Trump como presidente. Basta con recordar que el mes pasado Trump dijo que eliminaría el trato del Presidente en turno con Cuba a menos que este último cumpla con sus demandas. Aun si la directiva de Obama dificultaría cambiar el rumbo que actualmente lleva esta situación, la actitud agresiva que el señor Trump ha demostrado hacia el gobierno cubano podría ser suficiente para revertir los cambios que se ha intentado hacer o, como mínimo, podría forzar al gobierno cubano a reconsiderar la clase de relación que este quiere tener con los Estados Unidos.

Por el otro lado, de ganar Clinton, la mejora de relaciones con Cuba tendría mejores posibilidades de seguir con su curso. Después de todo, la candidata demócrata dio un discurso en la Universidad Internacional de Florida el pasado 31 de julio en el que afirmó que ya era hora de levantar el embargo. Sin embargo, pesar de lo clara que dejó su posición ese día, nada garantiza que Hillary no cambie de opinión en el futuro (sobre todo considerando que todavía en 2008 se oponía a levantar el embargo sobre Cuba). Aun así, Clinton continúa siendo la mejor opción que se tiene para mantener estos cambios a flote.

Más allá de quien se vuelva presidente, también es importante considerar al senado, ya solo este puede levantar por completo el embargo a Cuba. En la actualidad, el senado Norteamericano se encuentra controlado por una mayoría republicana que ha hecho todo en su poder para bloquear los intentos del presidente para quitar el embargo de manera definitiva. El líder de esta mayoría, Paul Ryan ha afirmado que hará lo posible por mantener el embargo. Él alega que las políticas de las decisiones que se han tomado en lo referente al restablecimiento de relaciones con Cuba no han hecho más que fortalecer el régimen de Castro sobre el pueblo cubano. Es debido a esta mayoría republicana que los demócratas que apoyan a Obama no tienen el poder para completar esta transición.

Respondiendo finalmente a la interrogante inicial, la única forma en la que estos cambios podrán continuar es si Hillary Clinton gana las elecciones presidenciales este Noviembre (y aún eso no es algo seguro), y el embargo solo se podrá levantar si en las elecciones del senado, queda electa una mayoría demócrata o bien una combinación suficiente de demócratas y republicanos moderados dispuestos a eliminar el embargo de una vez por todas. Si todo esto suena complicado de pensar, tan solo basta imaginar cómo será el llevarlo a cabo. Al final del día, la única certidumbre que se tiene acerca del futuro de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, es que estas no tienen futuro si Trump ocupa la casa blanca y los republicanos continúan controlando el senado.

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