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Reparto no equitativo de las riquezas y las oportunidades

La mejor manera de reducir la pobreza en nuestro país y en cualquier parte del mundo, es mediante un reparto equitativo de las riquezas y las oportunidades. En la medida que esto no se lleve a cabo, no existirán programas de gobierno que consigan reducir los altos índices de pobreza y desigualdad persistentes en México, a lo sumo tendremos famélicos paliativos que únicamente maquillan la miseria de millones de compatriotas.

A no dudar, una de las mejores formas y más eficientes maneras de repartir los recursos es mediante los salarios, lamentablemente en nuestro país contamos con el salario mínimo más reducido del mundo, tal solo 51 centavos de dólar estadounidense por hora trabajada. Detengámonos un momento a pensar qué podemos comprar con medio dólar en México. No obstante, las bajas percepciones en estas tierras, los mexicanos son de los trabajadores en el mundo que más número de horas laboran. Quizá sea por lo precario del salario. A consecuencia de las bajas percepciones, los sueldos pagados en nuestro país tienen un impacto de 25 por ciento en el valor de los bienes y servicios producidos en estas latitudes, mientras que en Estados Unidos y Canadá, ese porcentaje es de 55, y en Chile de 35 por ciento (La Jornada, 27 de abril de 2016).

Para algunos gobernantes, los bajos salarios otorgados en México se “deben⬝ a la endeble economía que tenemos; sin embargo, el problema no radica solamente en lo miserable de los salarios, sino en las condiciones establecidas para perpetuar y profundizar la disparidad en el reparto de las riquezas y las oportunidades. De todos es sabido, que no solamente los factores económicos influyen en esa realidad, por el contrario, existen condiciones políticas y sociales que permiten la existencia de esta realidad. Asimismo, juegan un papel importante las políticas gubernamentales puestas en marcha para favorecer a un grupúsculo de amigos del poder, con lo cual se generan las ofensivas concentraciones de riqueza en muy pocas manos. Cabe mencionar que esta situación no se produce a partir de este sexenio, por el contrario, históricamente en México los gobiernos han hecho lo necesario para que la riqueza se concentre cada vez en menos manos.

La principal consecuencia del acaparamiento de las riquezas y las oportunidades se encuentra en el desmoronamiento del tejido social que imposibilita a nuestro país para avanzar en la construcción de un mejor lugar para vivir. En la medida que la tenencia y el ejercicio del poder se continúen entendiendo como el negocio de unos cuantos, la pobreza de los mexicanos seguirá aumentando y con ello la viabilidad de la República penderá de un hilo.

Contrario a lo que muchos piensan, el problema de México no cruza por la existencia de una pequeña clase tenedora de recursos, sino por la permanencia de un sistema político que fomentan a través de los privilegios de clase el empobrecimiento de millones para el enriquecimiento de unos cuantos.