Monitor Nacional
Rumbo a la final (Pumas vs Tigres)
Portada | Adrián Maravilla
7 de diciembre de 2015 - 3:08 pm
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La final, de jugarse como se ha jugado, es dispareja. Tigres es uno de los mejores planteles del continente y Pumas es una incógnita disfrazada de súper líder

El torneo llega a su fin. Pumas y Tigres llegan para decidir quién es el campeón del fútbol mexicano. El líder del torneo contra el quinto y subcampeón de libertadores.

Los Tigres dirigidos por Ricardo Ferretti llegan en un torneo donde jugaron de menos a más, y su juego puede ser justificado por las distracciones que planeadas o sorpresivas, estuvieron presentes. Para empezar, los del norte jugaron el principio del torneo en medio de la eufórica Copa Libertadores, varias veces dividieron al equipo.

Tras la aventura sudamericana, la selección mexicana se vio en problemas y necesitaron de una ayudadita felina. El Tuca dividía su tiempo entre el club y la selección mexicana ya que tomó las riendas nacionales en lo que la FMF encontraba director técnico.

Ricardo consiguió el pase a Confederaciones con México y dejó  a todo el país lleno de felicidad. Entonces era momento de que el torneo local fuera prioridad… Y lo fue, consiguieron meterse a la liguilla y con ese fútbol tuquista, agradable o desagradable, consiguió avanzar a semifinales dejando atrás al caballo negro de La Volpe. Después en otro juego desesperante para un espectador pero preparado en cada detalle por el Tuca, consiguen apagar el infierno de Toluca.

Los Tigres y su súper equipo llegan a la final con todo el merecimiento del mundo. Se levantaron a cualquier adversidad.

Por otro lado tenemos a los Pumas, un equipo “con garra” fueron súper líderes en el torneo, calificaron un par de partidos antes de finalizar el torneo regular, goleaban y a veces gustaban. Todo parecía fabuloso para los del pedregal.

La maldición del súper líder es esa donde el primer lugar es eliminado por el octavo en la primera ronda y los deseos de campeonato se esfuman dejando atrás todo lo logrado en el torneo. Este no fue el caso, Pumas empezó jugando la liguilla contra el Veracruz. Si bien, los felinos no fueron eliminados, avanzaron con muchos problemas. Los dirigidos por Carlos Reynoso fueron superiores en los 180 minutos.

Perdieron el primero de los dos juegos (no se les marcó un penal en contra). En la vuelta, jugando en la altura del DF contra un equipo que juega a nivel del mar, a las 12 del día; el partido fue más cerrado, pero de nuevo el arbitraje volvió a equivocarse al no marcar otro penal al comienzo del juego donde Pumas pudo quedarse con uno menos. El juego continuó, el portero tuvo una gran “actuación” y los errores del árbitro empezaron a repartirse. Al final Pumas consigue un gol y con la ventaja de la posición en la tabla, consiguen avanzar a semis entre rebotes y errores.

Entonces se verían con el odiado rival: El América.

Pumas vuelve a ser superado en 180 minutos pero ahora corre con suerte, tiene la suerte de que América no supo controlar a sus propios demonios y perdió la cabeza en momentos importantes. En el primer juego al principio no era nada para nadie, América jugaba ligeramente mejor y no es sino hasta las expulsiones de Pablo Aguilar y Samudio. Entonces cayeron 3 goles contra un América entre echado para adelante, desordenado y con nueve jugadores. Más fácil, imposible.

El juego de vuelta fue diferente (un rato). América salió con todo y consigue el primer gol al minuto ocho (no diré nada del planteamiento de Pumas por que el DT Memo Vázquez se enoja si alguien piensa algo negativo de su equipo). Al minuto 15 Javier Cortés comete una jugada imprudente al llegar con fuerza desmedida a detener a Javier Güemez. El americanista sale fracturado de la pierna derecha y con una plancha en la pierna izquierda. ¿Hubo mala intención? Yo no lo creo, de cualquier forma, fue imprudente y debió ser castigado con tarjeta roja, no fue así. El juego siguió y los de Coapa consiguieron el segundo y parecía que se venía una remontada histórica.

América pierde el juego regalándole la final a Pumas que accede a ella sin merecimiento alguno. Paolo Goltz tuvo dos amonestaciones totalmente absurdas y Sambueza es expulsado por su fama porque en la jugada donde recibe la roja puede ser discutida; la intención o no, no la conocemos como tampoco conocemos si Cortés tuvo la intención de fracturar a Güemez. Rubens finalmente es expulsado y América vuelve a quedar con nueve y Pumas entre errores y empujones llega a la final.

La final, de jugarse como se ha jugado, es dispareja. Tigres es uno de los mejores planteles del continente y es dirigido por un mañoso y calculador tuca Ferretti. Pumas es una incógnita disfrazada de súper líder. El domingo en horario por definir, sabremos cómo termina todo esto.

Entre los empujones, errores y la suerte, existe un momento penoso.

En el juego entre Pumas y América hubo un conato de bronca entre Darwin Quintero  y Darío Verón. El colombiano acusa al paraguayo de llamarlo “simio” durante el juego en CU.

Luis Suárez denunciado por Patrice Evra fue suspendido en Inglaterra por insultos racistas. Este es un tema serio, tiste y vergonzoso. Por ahora es un pleito entre la palabra de Quintero y la de Verón, pero si América logra probar que esto ocurrió, Darío Verón no cabe más en nuestro fútbol (y en ninguno) vivimos en tiempos distintos. Si bien en el fútbol no se habla francés, la discriminación y el racismo no deben ser tolerados.

Tras el partido, el portero del América Moisés Muñoz y presidente deportivo Ricardo Peláez denunciaron en medios el acto presuntamente cometido por Verón. Esto debe ser investigado y llegar hasta las últimas consecuencias. Ni los Pumas que representan a la UNAM, ni la FMF pueden permitir actos racistas de sus jugadores. Algo debe ocurrir.

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