Monitor Nacional
Siguen los retos de supervivencia para las mujeres
El legado de México | Cassandra Murillo
27 de mayo de 2016 - 1:52 pm
columna
En una sociedad con tendencias machistas, la mujer suele ser vista como un objeto sexual y funcional para la cría de hijos

Vivimos en una época donde todo es desechable, estamos acostumbrados a usar y tirar, y pareciera que esta misma práctica se pasa a las personas.

Vivimos en una sociedad que utiliza a las personas y desecha sus derechos humanos; que no valora a las personas como humanos sino que las utiliza como objeto. Y, envueltos en una dinámica así, las mujeres suelen ser de los sectores más vulnerables, donde son utilizadas como un objeto de placer para luego, lamentablemente, ser desechadas junto a sus derechos humanos.

En una sociedad con tendencias machistas, la mujer suele ser vista como un objeto sexual y funcional para la cría de hijos. Al verse de tal manera el respeto que se le da es nulo. Se le llega a trata como un objeto inanimado que no debe de quejarse por el trato que se le da y que sirve para la recreación de algunos.

Dicho pensamiento vino a mí después de leer el artículo de Andalusia Knoll Soloff, llamado “El caso de violación en Uber deja a las mujeres de Ciudad de México sin opciones”. Este artículo expresa la manera en que las mujeres de la Ciudad de México sufren cada día para poder encontrar un transporte en donde no sufran acosos, ni el peligro de ser atacadas sexualmente. Preocupación que se agravó aún más con el caso de violación que se presentó en la misma ciudad por uno de los choferes de Uber. Y es que si este representaba uno de los servicios más viables por la seguridad que podría brindar al pasajero, luego de este hecho se deja a las mujeres del país sin la seguridad de poder transportarse libremente.

El texto menciona además cómo las mujeres deben enfrentar, en espacios como el metro, que hombres se masturben enfrente de ellas, intenten tocarlas o atacarlas sexualmente. Frente a esta situación queda más que claro que el respeto y el valor que la mujer tiene como persona es nulo, donde sólo se les ve como un ser que carece de opinión y de derechos humanos, que está al servicio de una sociedad que basa el valor de esta en su capacidad reproductiva y su capacidad como satisfactor sexual.

Si bien, es cierto que no se puede generalizar esta situación, también lo es que no se pueden seguir cerrando los ojos frente a esta. Es increíble que la mujer siga viendo frenadas sus posibilidades de desarrollo porque no cuenta con lo mínimo indispensable, como su seguridad, para poder desenvolverse en la sociedad. Es increíble cómo nos detenemos a ver esta situación de lejos pero no actuamos frente a ella, por el contrario las opiniones donde se sigue culpando y criminalizando a la mujer por los ataque que recibe, siguen teniendo una fuerte presencia en la sociedad.

Este problema tiene raíces adentradas en la educación y pensamiento de la sociedad, y el otorgar un “silbato anti acoso” no resolverá la situación mientras la educación del país siga de la misma manera, y mientras la impunidad y la corrupción favorezcan a los agresores.

Si en verdad queremos evitar este acoso las medidas deben de ser mucho más profundas y abarcar diferentes ámbitos que sólo sea el incluir un objeto donde se avise que se está siendo acosada.

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