Sin agua no hay vida, sin agua no hay América Latina

El agua es un elemento indispensable al que debería tener acceso toda persona sin importar su origen o su posición social. El derecho al agua a nivel mundial es algo que se reconoce apenas hace algunos años, pues en julio de 2010 a través de la Resolución 64/292 la Organización de las Naciones Unidas reconoció tanto el agua potable limpia como el saneamiento son esenciales para la plena vida de las personas, así como un derecho humano inalienable. Nuestro país tardó dos años más en reconocer este derecho fundamental cuando la administración del todavía presidente Felipe Calderón lo reconoció mediante la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Latinoamérica es un lugar en el que se concentran grandes reservas de agua dulce, de acuerdo con la Carta Financiera son 3 países del subcontinente que están dentro del top 10 mundial con mayores recursos hidrológicos. El primero de ellos es el “gigante” de Sudamérica: Brasil quien es el que lidera el ranking; El Acuífero de Guaraní comprende un volumen de poco más de 37,000 km3. Los datos anteriores posicionan como la segunda reserva de agua dulce más grande del mundo, sólo después de la Gran Cuenca Artesiana de Australia. El segundo país con mayores reservas en nuestro continente es Colombia, pero es el tercero en la clasificación mundial. Mientras que el lugar de bronce se lo lleva Perú con un poco más de 1913 km3 por año. El caso de nuestro país es especial pues a pesar de tener grandes reservas de agua dulce e importantes ríos y lagos nos encontramos muy rezagados a comparación de nuestros países vecinos del continente; lagos como los de Texcoco, Pátzcuaro, Sayula, Cuitzeo y Chapala, así como los ríos Usumacinta o Lerma son los más grandes y abundantes de nuestro territorio nacional. La cantidad de reservas que tenga un país hoy en día no puede pasar a segundo término, pues al ser un recurso no renovable la amenaza de una escasez mundial de agua se ve cada vez más cerca. Según datos y estimaciones que proporciona el Banco Mundial, para el “lejano” año de 2050, más de mil millones de personas vivirán en ciudades sin suficiente agua. La tendencia es esa, no podemos negarla, cada día más personas se mueven de las zonas rurales a los centros urbanos en búsqueda de mejores condiciones de vida, algo muy natural en el ser humano. No obstante, las grandes urbes de Latinoamérica actualmente no tienen la capacidad de dar abasto a las necesidades de la actual población, ya sea por falta de infraestructura, estrés hídrico, cambio climático o prácticas corruptas de los servidores públicos.  En el caso de Perú las condiciones geográficas son un gran impedimento pues la mayor parte del territorio comprende zonas desérticas, los habitantes que se encuentran más rezagados y alejados de las grandes urbes reciben el recurso por medio de camiones cisterna, pozos artesanales, ríos, acequias o manantiales debido a la casi nula infraestructura que existe para hacer llegar agua a toda la población sin importar su condición social. Pero el acceso al agua no es únicamente un punto de discusión sino también la calidad del agua pues muchas veces el recurso vital llega a la población, pero ésta es de inadecuada calidad, con provisión no segura así con altos índices de contaminación.

Como vemos la distribución equitativa del agua es uno de los retos que enfrenta nuestro continente pues a pesar de que casi se ha triplicado la cobertura de agua potable (pasó del 33% a mediados de la década de los sesenta y llegó al 85% en el año 2000).  Aunque si nos ponemos un filtro y examinamos el caso del saneamiento del agua los niveles y las estadísticas presentan niveles paupérrimos. La paradoja de nuestro continente vuelve a aparecer, nuestra condena por tener la mayor parte de recursos en el mundo nos sigue cobrando facturas, la maldición de las materias primas nos sigue persiguiendo pues a pesar de que en términos de disponibilidad de agua per cápita somos una potencia mundial, no significa que no haya poblaciones que no padezcan de una seria escasez de agua y que enfrenten un nuevo problema conocido como “stress hídrico”.

El acceso a no tener agua potable de calidad y bien saneada es un riesgo para la vida de las personas pues las enfermedades por no tener agua limpia son una realidad tanto en nuestro continente como en el resto del mundo. La Organización Mundial de la Salud ha manifestado en varias ocasiones que el 85% de las causas de enfermedades y de muertes en el mundo, se asocian con el agua contaminada y la falta de acceso a la misma. Anualmente, la disentería, la diarrea y otras enfermedades hídricas cobran las vidas de 3 millones de personas. Hoy el reto consiste en mejorar las prácticas hídricas de los países latinoamericanos para que puedan garantizar a su población el acceso a agua potable de calidad, pero esto debe hacerse a través de regular el desperdicio, las reservas acuíferas y el saneamiento de cuencas. Tenemos la capacidad para cambiar nuestro destino, pero para ello debemos repetirnos todos los días: Sin agua no hay vida, sin agua no hay América Latina.