Sobreviviendo

Por Daniela Guerrero

Opuesto al idealismo, el filósofo británico Bertrand Russell dijo que “la guerra no determina quién tiene la razón, sino quién sobrevive.”

El viernes 7 de junio, Donald Trump suspendió su amenaza de aranceles del 5% contra México. A cambio, se prometió reforzar la frontera sur con la Guardia Nacional, completar el censo de migrantes en Tapachula, extender el programa Remain in Mexico. Las medidas quedaron envueltas en ecos de cláusulas secretas, llamadas telefónicas, y sorpresas amargas.

Los balances sobre vencedores y vencidos inundan las esferas de opinión. Los americanos se concentran en Trump: devoción, tirria, y todo lo que hay en medio. En México, se optó por denunciar la flaqueza de Ebrard y la ineficacia de López Obrador.

Triunfaron las opiniones tajantes, burlas agrias y conclusiones autocomplacientes. Los remates no se hicieron esperar: militarización de la frontera; criminalización del migrante; pérdida de dignidad nacional; #LordCacahuates; atole con el dedo servido por la 4T; #EbrardSelfieChallenge.

Algunas de las conclusiones más populares: Ebrard aceptó lo inaceptable; López Obrador se autoproclamó campeón; se solucionó un problema que el propio gobierno causó; México quedó como patio trasero de Estados Unidos.

Tales impresiones no son del todo erróneas, y un ojo crítico al desempeño del Gobierno Federal ante una crisis binacional de alto perfil es fundamental. Entonces, ¿cuál es el problema en reiterar la suerte que tuvieron, lo mucho que cedieron y lo poco que ganaron?

Aún con el deleite que las lecturas precipitadas proveen a sus emisarios, le fallan al debate problemático y sustancial que el tema merece. Limitadas a la superficie, reducen la desactivación de una amenaza importante a un ejercicio de sumisión.

Sin embargo, no se tomó la ruta fácil. Hubo control y paciencia. El nexo de Ebrard con Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, le permitió al canciller entender la peculiar naturaleza de esta administración. Nadie se envolvió en una bandera, no hubo gritos contra el “imperialismo yanqui,” y se le dio peso completo a la diplomacía civil.

Las asimetrías entre Mexico y EEUU son reales. Es cómodo relativizar las dependencias de México. Es conveniente olvidar el profundo y dinámico desprecio de Trump por los mexicanos. El único problema de los remates y parcialidades es que no trabajan con la realidad binacional, sino con la idea de una. Recordar que nuestras diferencias limitan alcances, puede generar conclusiones más honestas sobre las posibilidades de México ante Trump.

La concordia que se logró es precaria y frágil. En 45 días, el peligro reaparece con la evaluación de las medidas acordadas, y en 90, puede que cambie todo. Líderes de países como Japón, China, Francia y Alemania, han sufrido la volatilidad de Trump como negociador. Como uno de los países más dependientes de EEUU, México hace lo que puede con lo que tiene. Mientras el mandatario americano apuesta por su reelección con la migración, su vecino busca sobrevivir.