Ver más de Divisadero

¿“Tapan” a Meade?

Los candados se abrieron. Las restricciones para acceder a las candidaturas tricolores se hicieron a un lado. Son “nuevos” tiempos, es el “nuevo” PRI, pregonan los mandamases de ese instituto político. “Es urgente adaptarnos a los cambios y exigencias de la sociedad”, se justifican los militantes. Sin embargo, en el imaginario colectivo permea otra visión. El descrédito del Revolucionario Institucional nadie parece detenerlo, ni siquiera las maquilladas prácticas de democracia.

En el contexto de la 22 Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional que se celebra este fin de semana, se llevaron a cabo varias sesiones de trabajo en sedes alternas en diversos estados de la República. La tarea en esas reuniones preparatorias para la Asamblea del fin de semana eran principalmente dos: pavimentar el camino para la elección del candidato a la presidencia, y evitar una ruptura partidista.

La primera parece que se resolvió cambiando los estatutos que permiten que “simpatizantes” del PRI sin una carrera partidista y de afiliación puedan acceder a una candidatura. Aunque pareciera que con ello se abre el abanico de posibilidades para encontrar al mejor candidato posible, en la práctica todo parece indicar lo contrario: el abanico se circunscribe a un solo personaje: José Antonio Meade Kuribreña, secretario de Hacienda. Con ello, estaríamos experimentando nuevas formas de “tapar” al “preciso”. En otros sexenios las prácticas eran la distracción, los dobles mensajes, los falsos candidatos; hoy se apuesta por el cambio de las reglas con lo cual se fortalece al candidato externo, pero al amigo del “presidente”, y se debilita a los militantes con posibilidades de alcanzar la candidatura, pero vetados por diversos poderes dentro y fuera del país.

Del cumplimiento de la segunda tarea no estaría tan seguro. Es cierto que uno de los elementos que caracteriza a los priistas es su disciplina con el “primer priista” del país, como ellos mismos nombran al inquilino de Los Pinos en turno, no obstante en esta ocasión el desgaste que les ha ocasionado la errática “presidencia” de Enrique Peña Nieto, los tiene colocado en segundo o tercer lugar de las preferencias electorales con miras al 2018, y probablemente el cambio de estatutos sea la gota necesaria para que se derrame el vaso. Eso lo veremos en los próximos días.

Sin embargo, tampoco podemos afirmar de forma tajante que existirá una ruptura; a querer o no, sobre la mente de los priistas pesa el doloroso recuerdo del proceso electoral de 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas encontró cerradas todas las puertas para acceder a la candidatura presidencial y decidió romper con el PRI huyendo de ese instituto político con un importante grupo de militantes que no solamente pusieron en jaque a Carlos Salinas de Gortari, sino que asestaron un duro golpe al priismo del cual aún no logran recuperarse por completo.

Así pues, veremos qué pesa más en los tricolores: el rechazo a la imposición presidencial o la disciplina partidista que ha caracterizado a los militantes priistas.