¿Te comes tus emociones?

 

El objetivo de alimentarnos es sencillamente obtener el aporte de nutrientes y energía suficientes para vivir; sin embargo, el proceso de comer se encuentra matizado por tintes sociales, laborales, afectivos, de placer y emocionales. ¡No podemos negar que comer es una delicia!

¿Quién no ha sentido un rush con el azúcar? Esa sensación de euforia que te carga la pila al mil y te hace sentir genial. Precisamente, esos carbohidratos y también la grasa contenida en los alimentos, son absorbidos a través del intestino y, una vez en nuestra sangre, por el cuerpo hasta llegar a ciertos núcleos cerebrales, donde son capaces de estimular una descarga de endorfinas, capaces de modificar nuestro estado de ánimo. 

 

A través de la ingestión de algunos alimentos, podemos secretar sustancias como la serotonina, a la cual se la conoce como la hormona de la felicidad, ya que cuando aumentan sus niveles cerebrales, generamos sensaciones de bienestar, relajación y satisfacción. Por este motivo, es muy frecuente que cuando estemos medio “apachurrados” o estresados recurramos a algún “chocolatito” o “pancito” para apapacharnos y sentirnos bien. Déjenme contarles que el ejercicio tiene el mismo efecto en generarnos esa sensación de bienestar, pero… ¿qué es más fácil? ¿sentarnos a comer? o ¿salirnos a correr?.

 

La adicción alimentaria es un trastorno que se caracteriza por un deseo incontrolable de ingerir alimentos con alto contenido de grasas y azúcares. Esta dependencia se debe en parte, a que dichos alimentos activan el sistema de recompensa cerebral de manera similar a las drogas, liberando neurotransmisores como la dopamina, la cual activa sensaciones de placer, ocasionando que experimentemos la necesidad de volver a consumirlos.

 

Por lo anterior, los invito a trabajar en generar conciencia en la elección de nuestros alimentos y en aprender a identificar nuestras emociones, evitando canalizarlas a la comida.

Dra. Ruth Cruz Soto

 

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