Monitor Nacional
Tecnología que inspira arquitectura
La tecnología sube al estrado | Daniel Villasenor
15 de julio de 2016 - 5:17 pm
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Existe un cruce apasionante entre la arquitectura y la tecnología, que si bien surge desde siempre, en ocasiones resalta su evidencia

Existe un cruce apasionante entre la arquitectura y la tecnología, que si bien surge desde siempre (según el arquitecto Norman Foster, desde Stonehenge), en ocasiones resalta su evidencia, como en el caso de la escuela de la Bauhaus, y el más reciente estilo High-Tech. Este último trata de exaltar y explotar los recursos tecnológicos a favor de la funcionalidad y el impacto estético de la edificación.

Uno de los pioneros del High-Tech y de la arquitectura contemporánea, es el artista inglés Norman Foster, un ferviente tecnófilo. Se trata de un personaje que llega a supervisar sus obras manejando su propio helicóptero (1), o viaja piloteando su jet privado (un Cessna Citation, 2), también practica el vuelo en alas delta a nivel competitivo, además de haber corrido muchos maratones y haber practicado esquí a campo traviesa (1) y artes marciales (2).

Foster tuvo el instinto de dibujar máquinas, vehículos y edificios de todo tipo desde su juventud, en contra de los pronósticos para un hijo de obreros en Manchester, le permitió ganar becas y reconocimientos hasta lograr posgraduarse en Yale. Ahí estuvo bajo la tutela del profesor Paul Rudolph, que gozaba martirizando a sus alumnos con sumas exageradas de trabajo. A cambio, Yale garantizaba reconocimiento internacional para un arquitecto en los años 60. Pronto lideraría un prestigioso despacho a la vuelta del Middle Earth, club hippie de Londres donde empezó La Incredible String Band y Pink Floyd (1), y que ya entrado el nuevo milenio emplearía en diversas sedes hasta 1,500 personas (1). Pero en los años donde no imaginaba ser nombrado por la reina como Lord Foster of Thames Bank (3), tuvo que emplearse como office boy, vender helados, sacar borrachos de los bares y hacer pan entre otros oficios más (1, 2).

Foster ha construido una larga lista de edificios icónicos por todo el mundo, y es también el arquitecto de los edificios más arriesgados, de los proyectos lunáticos, literalmente, pues ha proyectado una plataforma permanente en la luna, así como una plataforma aeroespacial privada en el desierto de Nuevo México (4). Uno de los proyectos recientes es un puerto para drones en Ruanda, donde podrían aterrizar y despegar de manera segura y cargarse con productos que demanda la comunidad. Este proyecto se concibe junto al director de Afrotech, para operar una red de drones que llevarían equipo médico, sangre, repuestos de maquinaria y hasta artículos de comercio electrónico a lugares inaccesibles donde la gente los requiere. El reto es construir la edificación con materiales locales (5), siendo consecuente con la preocupación de Foster de construir de acuerdo a la cultura y las condiciones locales (3; por cierto que realizó el plan maestro para el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México). Foster está convencido de que con un mejor uso de la energía mejora la calidad de vida (5). Para Foster los astronautas soviéticos despertaron la consciencia ecológica al mostrar el planeta “como un hermoso y sereno globo azul verdoso, en medio de la oscuridad del espacio” (1). Foster ha logrado por ejemplo, alimentar la energía de un edificio con aceite vegetal, reduciendo 94% la emisión de bióxido de carbono, o reduciendo el aire acondicionado al privilegiar la ventilación natural (3).

Dada su pasión por el vuelo de naves y su profesión como arquitecto, no es sorprendente que sus proyectos incluyen el diseño de los interiores de algunas marcas de aviones (6). Su biógrafo Dejan Sudjic señala que para Foster la guerra significó tanto pasión como terror, al ver los aviones surcando los cielos (1). La imaginación de Foster ha incluido la reconstrucción del automóvil futurista de los años 30 de Richard Buckminster Fuller, que aspiraba a ser el avión particular de los estadounidenses (7, sueño que en algún momento de su carrera también despegó sin éxito Henry Ford). Es lógico que los sueños de Foster intenten ser reales si su inspiración es Fuller, quien deseaba tener un planeta sostenible y discutía cómo cubrir Manhattan con una cúpula de más de 3 km de diámetro para protegerla de la contaminación (1). La pasión de Foster por los vehículos es legendaria en una conversación en casa del arquitecto Robin Spence, una noche de los años ochenta, junto con Rogers (su compañero en Yale y primer socio) hablando de helicópteros, Rogers entusiasmado con el Bell 41d1 y Foster con el Jet Ranger (1). Sudjic también resalta el hecho de que siempre tiene presente “el duelo entre los coches de carreras plateados de Auto Unions y los bólidos blancos de Mercedes Benz en el Nürburging, a finales de la década de 1930” (1).

Foster tiene afición por la fotografía que surge al querer analizar el diseño de las gasolineras, contemplar el espectáculo de las caravanas Airstream (remolques de aluminio con diseño aerodinámico), equipos de fumigación y distintos productos de la cultura industrial estadounidense (1).

Este trasfondo lleva a Foster a afirmar: “Desde Stonehenge, los arquitectos siempre han estado a la vanguardia de la tecnología. Y no puedes separar la tecnología del contenido humanista y espiritual de un edificio” (3). La tecnología, como la arquitectura, configura nuestro mundo, y la tecnología es producto de nuestra creatividad. La tecnología es también espiritual.

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