Monitor Nacional
Tortura contra mujeres en México
Opinión | Eduardo Gonzalez
7 de septiembre de 2016 - 5:23 pm
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La violencia sexual es el método de tortura preferido por policías y fuerzas armadas para obligar a las mujeres a confesar delitos y admitir su participación en el crimen organizado

Esta semana Amnistía Internacional (AI) presentó su informe Sobrevivir a la muerte. Tortura de mujeres por policías y fuerzas armadas en México, (http://goo.gl/wusMG0) donde quedó de manifiesto la práctica de tortura a la que son sometidas muchas de las mujeres cuando son detenidas por las policías de los tres órdenes de gobierno, el Ejército y la Marina. Las historias recabadas por AI dan cuenta de ello. Recuperan los sórdidos sótanos de la “inteligencia” policiaca y militar para obtener información que les ayude en el combate al crimen organizado. Dígase lo que se diga desde el “gobierno” de Enrique Peña Nieto, la tortura en México continúa existiendo y expandiéndose por todos los rincones de la República. Lo peligroso de todo ello, es la sistemática política de ocultar y negar la realidad por parte de las autoridades.

La violencia sexual es el método de tortura preferido por policías y fuerzas armadas para obligar a las mujeres a confesar delitos y admitir su participación en el crimen organizado.

La información se obtuvo de cien mujeres entrevistadas de septiembre de 2015 a verano de 2016. Todas ellas se encuentran recluidas en centros de readaptación social federales y estatales. 97 aseguraron haber sido víctimas de violencia física durante su detención, 72 sufrieron violencia sexual y 33 fueron violadas por sus captores. La mayoría de las mujeres torturadas son jóvenes, madres solas y de escasos recursos económicos.

Según el Informe, “la tortura física va desde golpes en el estómago, la cabeza y los oídos, amenazas de violación a las mujeres y a sus familias, semiasfixia, descargas eléctricas en los genitales, manoseo de los pechos y pellizcos en los pezones, violación con objetos, con los dedos, con armas de fuego y con el pene”. Además de la rutinaria violencia física, las mujeres quedan expuestas a la constante fabricación de delitos, detenciones arbitrarias, así como a la relación, muchas veces ficticia, con los hombres participantes en el crimen organizado.

La tortura y otros malos tratos continúan, y sus autores gozan de una impunidad casi absoluta. Lamentablemente las autoridades lejos de detener la práctica de la tortura, siguen utilizándola como método de “investigación”; y tristemente frente a esta infamia las buenas conciencias mexicanas no se mueven, no reclaman, no se indignan. Están más preocupadas por condenar y  violentar las decisiones personales que toman los ciudadanos para construir el tipo de familia que desean.

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