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Tortura contra mujeres en México

Esta semana Amnistía Internacional (AI) presentó su informe Sobrevivir a la muerte. Tortura de mujeres por policías y fuerzas armadas en México, (http://goo.gl/wusMG0) donde quedó de manifiesto la práctica de tortura a la que son sometidas muchas de las mujeres cuando son detenidas por las policías de los tres órdenes de gobierno, el Ejército y la Marina. Las historias recabadas por AI dan cuenta de ello. Recuperan los sórdidos sótanos de la “inteligencia⬝ policiaca y militar para obtener información que les ayude en el combate al crimen organizado. Dígase lo que se diga desde el “gobierno⬝ de Enrique Peña Nieto, la tortura en México continúa existiendo y expandiéndose por todos los rincones de la República. Lo peligroso de todo ello, es la sistemática política de ocultar y negar la realidad por parte de las autoridades.

La violencia sexual es el método de tortura preferido por policías y fuerzas armadas para obligar a las mujeres a confesar delitos y admitir su participación en el crimen organizado.

La información se obtuvo de cien mujeres entrevistadas de septiembre de 2015 a verano de 2016. Todas ellas se encuentran recluidas en centros de readaptación social federales y estatales. 97 aseguraron haber sido víctimas de violencia física durante su detención, 72 sufrieron violencia sexual y 33 fueron violadas por sus captores. La mayoría de las mujeres torturadas son jóvenes, madres solas y de escasos recursos económicos.

Según el Informe, “la tortura física va desde golpes en el estómago, la cabeza y los oídos, amenazas de violación a las mujeres y a sus familias, semiasfixia, descargas eléctricas en los genitales, manoseo de los pechos y pellizcos en los pezones, violación con objetos, con los dedos, con armas de fuego y con el pene⬝. Además de la rutinaria violencia física, las mujeres quedan expuestas a la constante fabricación de delitos, detenciones arbitrarias, así como a la relación, muchas veces ficticia, con los hombres participantes en el crimen organizado.

La tortura y otros malos tratos continúan, y sus autores gozan de una impunidad casi absoluta. Lamentablemente las autoridades lejos de detener la práctica de la tortura, siguen utilizándola como método de “investigación”; y tristemente frente a esta infamia las buenas conciencias mexicanas no se mueven, no reclaman, no se indignan. Están más preocupadas por condenar y  violentar las decisiones personales que toman los ciudadanos para construir el tipo de familia que desean.