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Trapos huracanados: para leer a Fernanda Melchor

Esta es una anécdota personal sobre cómo conocí a un indio (de la India), más mexicano que oriental, al que le fascina leer. Él estudió periodismo así que lo primero que me vino a la mente fue: Fernanda Melchor Aquí no es Miami, y le recomendé que leyera ese libro de crónica. Tras este suceso aprendí dos cosas:  no recomiendes un libro que no has leído y Fernanda Melchor es lo máximo.

En menos de una semana, Raghava, el sujeto en cuestión, ya había terminado de leer el libro que le recomendé. A pesar de que estaba en el cierre tanto del semestre como de mi carrera universitaria me di unas horas para leer ese libro. Iba de camino a San Gaspar, un pueblo floricultor del Estado de México, leyendo la parte más intrigante del libro en la que los personajes se encuentran dentro de una casa tenebrosa, cuando se acabó la pila de mi libro electrónico. El resto del día permanecí en un continuo suspenso mientras esperaba el momento para llegar a mi casa, conectar el aparato a la corriente eléctrica, y seguir con mi lectura, la cual me hacía sufrir bastante pero cuando menos necesitaba saber qué le iba a pasar a los personajes.

Después de leer Aquí no es Miami y Temporada de huracanes me volví una detective compulsiva. Pasé horas en el buscador de Google tratando de encontrar todo lo que Fernanda ha publicado en internet. Poco a poco fui descubriendo algunas líneas de su trabajo y de su obra que me interesan mucho. Fernanda ha analizado con detenimiento la nota roja, se ha puesto a observar cómo se narran los sucesos violentos que salen en las noticias. Por ejemplo, en las notas sobre feminicidios, ¿por qué se habla de un hombre normal que perdió el control? ¿qué implicaciones tiene este discurso en nuestra realidad? Fernanda Melchor señala lo que muchas personas no quieren mirar. Ella trabaja directamente con historias que dan cuenta de las relaciones de poder que se gestan en nuestro país, particularmente en el estado de Veracruz.

Para la narrativa de Melchor, ya sea cronística o novelística, el lenguaje es fundamental pues utiliza la oralidad para narrar desde lo cotidiano. La oralidad se contrapone al lenguaje “objetivo” que se suele encontrar en los periódicos. En el habla cotidiana se encuentran los afectos, los miedos, los prejuicios y las supersticiones populares. De esta manera Melchor demuestra que las historias se construyen en el día a día, de boca en boca, y son el resultado de la suma de múltiples miradas y registros del habla. A veces pesa más la ciencia o el lenguaje jurídico, a veces importa más interpretar las señales en el cielo cual si fueran ovnis enviados por los extraterrestres, sea como sea ninguna explicación es mejor que otra, sino que todas se entretejen para componer un fragmento complejo de la realidad.

Creo que la obra de Fernanda Melchor me interesa porque llevo años viviendo en un país atravezado por la violencia. Como mujer me he sentido insegura en las calles y hasta en mi propia casa. Una vez se metieron a asaltar y yo estaba ahí, un pensamiento casi inmediato llegó a mi mente “¿y si me violan?”. No me hicieron ningún daño físico más allá de amarrarme y amordazarme, sin embargo, todavía hoy me cuesta trabajo sentirme en paz cuando cae la noche y estoy sola.

En Temporada de huracanes la violencia es el centro tanto de la trama como del sistema en el que se mueven los personajes. Una de las virtudes de esta novela es que a pesar de que Melchor pudo haber escrito una crónica prefirió optar por la libertad de la ficcionalización; el epígrafe anuncia por donde se dirige su narrativa:

“Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios. Jorge Ibargüengoitia, Las muertas

Al generar personajes “imaginarios” basados en acontecimientos “reales” lo que importa no son las respuestas del ¿qué?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿con qué (se realizó el crimen)? típicas de la nota roja. Melchor suscita otro tipo de preguntas, más profundas y exigentes, como ¿por qué hay una constante violencia contra los cuerpos femeninos? Así se aleja del principio de víctima y victimario pues intenta indagar cómo se construyen las vidas precarias y hacia dónde las empuja el sistema. Un acto grave de violencia se conecta con muchos otros de igual, menor o incluso mayor magnitud.

Leer a Fernanda Melchor vale la pena por muchísimas razones pero me gustaría destacar que su obra tiene la virtud de poner al lector a dialogar con el lado obscuro de la vida, ese que muchas veces se intenta cubrir con un trapo, como si no estuviera ahí, como si no fuera el monstruo enorme que nos asecha en cada esquina. También vale la pena porque abre las puertas al diálogo y permite que personas como yo o como Raghava nos intriguemos por historias que nunca antes habían estado en nuestras manos.