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Trapos negros: la crónica de Ecatepec

Obra negra de Emiliano Ruiz Parra es un texto que mezcla distintos géneros literarios como la confesión, el testimonio y la crónica. Dentro de la hibridez de esta obra aparece uno de los problemas más importantes de México: el problema del indio. Este tema se revela en su complejidad que va más allá de ser un asunto meramente racial.

Ruiz Parra parte de su propia posición o condición social, utilizando una retórica coloquial: “Y lo escribe con todas las taras y las telarañas de la clase media: la corrección política, la criminalización de los pobres y el asco por la miseria”. Desde un principio hay una antagonía tanto de clase social como de corte racial.

La construcción binaria de oposición es un mecanismo que se ha repetido en diferentes ámbitos de la cultura y el lenguaje. Meri Torras explica como esto “afianza una jerarquía en el par, de modo que una de las dos categorías –la hegemónica– se establece monolítica y se garantiza pura a costa de la otra que aglutina y condensa lo múltiple, lo contaminado, lo amenazador.” Aunque Torras se refiere al binario hombre/mujer, se puede trasladar este mecanismo al contexto racial en México, de tal manera que el criollo se posiciona por encima de cualquier otra forma y posibilidad racial.

Esto, sumado con la ideología liberal del Porfiriato, da como resultado lo que Ruiz Parra descubrió en Golondrinas; una historia de lucha incesante entre los campesinos, dueños de su propia tierra y la fuerza del Estado. Así como señala Joshua Lund: “El indio, inscrito dentro de una lógica de la raza (la raza indígena), se reduce a una serie de relaciones sociales no necesariamente conmensurables. La base de esta división es, en realidad, el modo de producción.”

Así, el reportero que llegó al barrio de Golondrinas, en Ecatepec, descubrió al personaje “Jesús Fragoso, el dirigente de los campesinos de Guadalupe Victoria; en su gesta para evitar el despojo de sus tierras yacía la clave para entender la ruina del campo mexicano y la importancia política de la transferencia de la tierra”. Recordado y caracterizado como “El Chango, vestido de campesino: sombrero, calzón de manta, huaraches y morral al hombro”; cumpliendo con el estereotipo del indio pobre.

Sin embargo, fue este mismo hombre quién “entraba a uno de los centros de poder en México, el palacio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), y accedía a las oficinas de los ministros de la Corte, quienes se levantaban de sus asientos a saludarlo con respeto e incluso con reverencia”.

Obra negra no es un reporte único sobre la historia de Jesús Fragoso, este es solo una de las voces del relato. Aun así, Fragoso es el hilo conductor para comprender décadas enteras de corrupción, impunidad y maltrato. Fragoso sostuvo una lucha contra los diferentes gobernadores, presidentes y demás políticos, que provenían de una élite en la que la ley no opera.

Jesús Fragoso es un caso ejemplar, autodidacta y disidente político, se enfrentó ante un sistema que al final lo asesinó. Este resultado era predecible; “Cuando un sujeto sale de las leyes del sistema es castigado o amenazado con el castigo y la punición; si su desvío resulta excesivamente peligroso, las instituciones actúan según su potestad de silenciarlo, neutralizarlo, apartarlo e incluso recluirlo” (Torras). Y esa fuerza violenta no solo la vivió Jesús Fragoso en carne propia, toda la comunidad tuvo su parte. De forma paralela a la represión estudiantil del 68, la comunidad de Guadalupe Victoria vivó encarcelada, golpeada, humillada y expuesta a distintos maltratos. Hasta que eventualmente se cercaron sus tierras para debilitarlos en el núcleo de su producción y sustento económico.

Una frase que se encuentra en las primeras páginas del texto dice así: “Nunca me propuse escribir una historia de violencia, pero la violencia se coló como la humedad por las paredes del texto”. Esa violencia se cuela con la velocidad de una mirada codiciosa que de pronto encuentra un interés económico en tierras desamparadas:

Si consideramos las tierras (no tan) desocupadas como tierras en realidad ocupadas por comunidades indígenas, la colonización se muestra abiertamente como una maquinación desarrollista que envolvía desaliñadamente un proyecto de conquista y una versión patrocinada por el Estado de lo que, más o menos en la misma época, Marx llamará la «acumulación originaria». (Lund)

El entramado que teje Ruiz Parra es tan complicado como la historia misma de México. A pesar de los logros de la Revolución, en la que se le otorgaban derechos sobre sus tierras a los ejidatarios para evitar este tipo de despojos, la constante opresión por parte de la élite política no ha cesado.

Por eso la figura de El Chango es sumamente valiosa. Demuestra que a pesar de provenir de los márgenes de la sociedad él jugó un papel fundamental, tanto en un momento histórico como en la reconstrucción de esa historia en Obra negra, para cuestionar la soberanía del Estado mexicano. Demuestra de qué forma el indio o el campesino, es constantemente abandonado por la ley. El indio tiene cabida en el sistema únicamente como modo de producción, y en el momento en el que su representación económica desfavorece los intereses de la fuerza política en turno, se le debe de desplazar, hasta reincorporarlo de forma tal que agregue valor a los intereses económicos de la élite: “Al no ser propietarios, permanecen como rehenes de lo que he llamado el pacto vasallático moderno: los políticos del PRI argumentan que no están obligados a proporcionarles agua, luz, drenaje, por ser habitantes de un terreno comunal. Pero si apoyan al PRI…”

Así que Obra negra (2017) de Emiliano Ruiz Parra, aunque sea un libro raro y difícil de conseguir, es un hallazgo digno de ser leído y compartido.

Obra negra, Emiliano Ruiz Parra, Editorial Tierra Adentro, 2017

 

Emiliano Ruiz Parra (Ciudad de México, 1982) cursó estudios de literatura en la UNAM y una maestría en el University College London. Fue reportero del periódico Reforma y actualmente es colaborador de Gatopardo. Es autor de Ovejas negras, rebeldes de la Iglesia mexicana del siglo XXI (2012) y Los hijos de la ira. Las víctimas de la alternancia mexicana (2015).