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Tres años de EPN: el naufragio continúa

Este 1 de diciembre se cumplieron los primeros tres años de la aventura de Enrique Peña Nieto en la presidencia de México. Han sido treinta y seis meses donde hemos vivido en un naufragio absoluto desde que el mexiquense llegó a Los Pinos. Incluso algunos de los matraqueros sus entusiastas más poco a poco han reconocido los desastres generados y profundizados por la “administración⬝ peñista. La pesada realidad se impone cotidianamente sobre los discursos huecos y al abanico de corruptelas generadas desde el “gobierno⬝.

No es necesario realizar un sesudo análisis de la penosa realidad mexicana para darnos cuenta de la oscuridad que inunda el túnel por el cual andamos millones de mexicanos buscando la luz que indique el norte a seguir. A no dudar, el barco gubernamental de “gran calado⬝ repleto de millones de ciudadanos sigue navegando por aguas turbulentas sin tener un rumbo claro en su dirección.

Estas afirmaciones se desprenden de varias “joyas de la corona⬝ peñista que en tres años han conseguido lo que parecía difícil de lograr: incrementar el rechazo popular generado por el fraude electoral que lo trepó en la silla presidencial. Algunas pinceladas del desastre nacional son:

El capital político que el “presidente⬝ pudo cosechar una vez sacadas a delante sus cacareadas reformas estructurales fue decreciendo paulatinamente como resultado del desencanto de la población al mirar que la puesta en marcha de las reformas no generaba los recursos económicos y las oportunidades para acceder a un mejor nivel de vida. Lo mismo las reformas económicas, financieras, energéticas, de comunicación, laboral o educativa, todas y cada una de ellas encontraron un pantano de intereses políticos que lograron atascarlas al menos hasta lo que va del sexenio actual. Ni siquiera el llamado “Pacto por México⬝ tuvo la legitimidad necesaria para concretar las reformas y llevar sus beneficios a los hogares de los habitantes de la República. Con todo y reformas en promedio la economía ha crecido en lo que va del peñismo apenas 2 por ciento, muy lejos de las promesas reformistas hechas por el inquilino de Los Pinos. En este momento las mentadas reformas no pasan de ser unos pasajeros en el vagón de las efemérides gubernamentales de este país.

La violencia e inseguridad no solo no disminuyen, sino que aumentan y desbordan el escenario del crimen organizado y la lucha contra él. Este sexenio asistimos a la sistemática violación de los derechos humanos, desapariciones forzadas como la sufrida por los 43 estudiantes de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala; “ajuste⬝ de cuentas por parte del “gobierno⬝ hacia presuntos grupos criminales utilizando al Ejército y la Policía Federal, como en Tlatlaya, Estado de México; Tanhuato y Apatzingán, Michoacán; y Calera, Zacatecas; así como 47 ejecuciones extrajudiciales de dirigentes sociales y defensores de derechos humanos.

La lucha contra la corrupción y la impunidad brilla por su ausencia y de manera paralela crecen los casos que nos muestran el uso patrimonialista del poder y los recursos económicos de la Federación. Así, frente a Peña Nieto irrumpe su poco blanca “Casa Blanca⬝, las propiedades del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y el consejero jurídico de la Presidencia, Humberto Castillejos. Como mudo testigo de la corrupción que carcome las instituciones de este país se levanta la ignominiosa fuga de Joaquín El Chapo Guzmán; y como estrategia para enfrentarla se apuesta por la censura y la manipulación informativa.

Otro pendiente más es el combate a la pobreza. Las cifras oficiales admiten que 55.3 millones de mexicanos viven en la pobreza, y desde diciembre de 2012 al menos existen 2 millones de pobres más. Se reconoce que solamente 20 por ciento de nuestra población se salva del rezago social.

No deja de llamar la atención que a pesar de los agravios cometidos por el “gobierno⬝ de Peña Nieto y el Partido Revolucionario Institucional, la sociedad en general solo desaprueba a nivel de encuesta el desempeño de Enrique Peña, pero en las pasadas elecciones el PRI logró conservar la mayoría en la Cámara de Diputados, en las gubernaturas jugadas y solo perdió algunos espacios municipales. Esto nos habla del bajo nivel de conciencia histórica, política y social que campea entra los mexicanos.

Parafraseando las promesas peñistas ¿Dónde quedó el “México en paz; México próspero; México incluyente; México con Educación de Calidad, y México con responsabilidad global⬝? A la luz de los resultados, no tengo duda que Enrique Peña Nieto está “moviendo a México⬝, pero al despeñadero.