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Trump y su reforma de impuestos

Los presidentes van y vienen. La cercanía, no solo geográfica, con el vecino del norte nos obliga a estar un tanto al pendiente de su política. Estando Obama en la recta final de su periodo presidencial, las posibles nuevas figuras gobernando uno de los países más poderosos del mundo comienzan a generar debates en varios países. Estados Unidos tiene un gran impacto en la economía mundial y México es de los principales afectados ante cualquier cambio.

En los últimos días me sorprendió escuchar que Trump se ha quedado sin competencia por la candidatura de los republicanos. Y es que lo que al principio consideré como un chiste de mal gusto, resulta cada vez ser más cercano a una posible realidad. Si algo ha indignado al mundo, son los discursos racistas y discriminantes en cuestión de política exterior que el precandidato se ha tomado la libertad de expresar sin filtro alguno. Lo que más me llama la atención es cómo es que discursos tan vacíos llenen a tanta gente de emoción y ganas de votar por él. Es verdad que gran parte de sus seguidores están compuestos por individuos sumamente conservadores, pero también se encuentran grandes empresas y alguno que otro economista en esa lista. ¿Cómo es que las grandes empresas se beneficiarían de aquellos discursos tan en contra de acciones como el outsourcing?

Algo que interesa y preocupa demasiado al pueblo americano es su economía. Más en específico, los impuestos y en qué son usados; si el gobierno decide invertir en guerras o en seguridad social y cómo es que éste genera empleos que fomenten el crecimiento de la economía nacional. Es por eso que varios candidatos dejan a la luz pública sus planes en los impuestos para ganar terreno en las elecciones. Me gustaría explicar brevemente la pregunta anteriormente planteada, pero, primero, necesito poner a aquellos que no sepan en contexto.

El sistema fiscal de los Estados Unidos divide a los pagadores de impuestos en 7 secciones que pagan un porcentaje diferente de impuesto de acorde a su ingreso de manera directamente proporcional. Estos impuestos de complementan con otros aplicados a aquellos que pagan por seguro social y los impuestos similares al IVA sobre cada compra que se realice. Así mismo, cerca del 33% del ingreso gubernamental es dedicado a la seguridad social; 27% se destina a programas de salud; 16% al sector militar; 6% a los intereses de la deuda nacional; 4% a veteranos de guerra y el resto se divide entre agricultura, educación, transporte, energías y medio ambiente (OMB National Priorities Project, 2016).

El plan de impuestos de Trump suena tentador por fuera. Se basa en una reforma total en su sistema fiscal que lo haga más simple para todos los involucrados, formando únicamente 4 grupos de personas de acorde a sus ingresos, en vez de 7. Los porcentajes de impuestos serían menores para el país en general. Entre sus propuestas también estaba la eliminación a un impuesto que se aplica a los bienes incluidos en los testamentos. El regreso de los impuestos por gastos justificados funciona de manera más eficiente que en México, por lo que el impuesto real por el ingreso para las grandes empresas es aún menor.

Mientras que esto suena como una gran noticia para una parte del pueblo americano, las expectativas aumentan. Se tiene la idea de que cuando hay una reducción de impuestos, la gente entonces conserva más dinero para gastar, y es verdad hasta cierto punto. Pero considerando que la baja de impuestos es general y las grandes corporaciones pagarían menos, lo esperado es que tendrán más posibilidades de contratar a mucha gente y ofrecer empleos. Sin embargo, la administración de las mismas no funciona para generar empleos cuando los impuestos bajen, si no que los genera cuando su producto es demandado a gran escala y se necesita personal para aumentar la producción, cosa que generalmente no sucede con las empresas pequeñas. Esta reforma fiscal se basa en la economía de oferta que supone que entre menos impuestos tengan aquellos con mayores ingresos, mayor facilidad de generar empleos habrá, ahorrando en gran parte una tarea que corresponde al gobierno federal.

Pero, con menores impuestos, ¿el gobierno también sale perdiendo? Claro, su ingreso es menor y mantener ciertos sectores exclusivos del gasto gubernamental como policía y bomberos será una tarea difícil. Existe también una deuda generada a través del tiempo por diferentes presidentes. Cierta parte del ingreso fiscal es dedicado a pagar la deuda existente. Sin esos ingresos es posible que la deuda crezca aún más, debido a que los intereses sobre ella no pararán porque los impuestos bajen. Los que salen ganando son los millonarios americanos que pueden guardar y deducir impuestos menores a los existentes, mientras que la clase media poco a poco se irá convirtiendo en baja por tener la mala suerte de no estar hasta arriba.

Entonces, si esta propuesta fiscal es tan agresiva a largo plazo, ¿qué causa la euforia de los votantes cuando se habla de impuestos y republicanos? La falsa idea de tener más dinero disponible, olvidando que la desigualdad económica crecería de manera exponencial, siendo los más beneficiados las empresas monstruo que resguardarán más ganancias de las normales sin gastarlas en empleos.