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Tuertos y Chimuelos

En esta ocasión tomo la palabra una vez más para dirigirme hacia ustedes como un ciudadano más, un habitante de la Ciudad de México y una víctima más del deficiente sistema de procuración e impartición de justicia. Una víctima más de la inseguridad constante, aberrante y absurda que nos limita, preocupa y encarcela como prisioneros en una cárcel de incertidumbre, hartazgo e impotencia.

Estoy seguro que tú que me lees, compartes este sentimiento. Estoy seguro que tú que tomas el transporte público sabes a lo que me refiero. Estoy seguro que así como tú y yo, tu familia, tus amigos y compañeros de trabajo han dedicado tiempo en más de una ocasión, a una larga platica que tiene como protagonista a la inseguridad de nuestra gran ciudad, platica que sin lugar a dudas, viene acompañada de anécdotas fatídicas, experiencias familiares sin ánimos de recordar y posibles soluciones que comienzan con un “Yo haría” y terminan con un sentimiento de impotencia y resignación.

Ese sentimiento que compartimos todos aquellos que hemos sufrido en carne propia violaciones a nuestra seguridad o a la de nuestros seres queridos se está desbordando. ¿Y que podemos hacer nosotros? ¿Qué podemos hacer frente a la impotencia de ver a un sujeto armado que con repertorio de palabras que asustan, atemorizan y sobajan arrebata lo que con esfuerzo y trabajo hemos logrado obtener? ¿Qué podemos hacer cuando saliendo de una reunión, de una clase, de una comida o de nuestras propias casas vemos con preocupación, que en el mejor de los casos, nos robaron las llantas, los espejos o los faros? Y digo en el mejor de los casos, porque lo peor sería ver que se llevaron todo el coche. ¿Qué podemos hacer nosotros frente a un animal que sin conciencia, remordimiento o con ausencia de cualquier signo de humanidad hace suya por la fuerza a una mujer, que no cometió mayor falta QUE LA DE SER MUJER arrebatándole su integridad física, aplastando su dignidad y arrebatándole por completo su tranquilidad?

Está repleto el internet con videos de personas que hartas de esta situación deciden hacerse justicia por su propia mano. ¿Cuántos de nosotros no hemos visto con asombro (y en ocasiones hasta con gusto) como son castigados aquellos desgraciados que han hecho daño a una familia, a una pareja o a un grupo de niños? De esto partimos con distintas opiniones al respecto. Por un lado habrá quienes justifiquen las actuaciones de aquellos “justicieros”, quienes apoyen el castigo ejemplar que se les da a los infractores, quienes aplaudan cada insulto y cada golpe propinado a aquellos desgraciados. Por otro lado, estarán aquellos que son fieles creyentes de los beneficios de vivir en un Estado de Derecho, que defenderán a capa y espada que es inconcebible hacerse justicia por su propia mano.

¡Cuánta razón tenía Voltaire! Los pueblos a quienes no se hace justicia se la toman por sí mismos más tarde o más pronto. Porque a nuestro pueblo no se le está haciendo justicia y por sus propias manos ya la están tomando.

En esta ocasión me dirijo a los responsables de la procuración e impartición de justicia. Señores… estamos cansados de no poder salir a las calles, estamos hartos de vivir todos los días con miedo y temor a ser asaltados, ¡los habitantes de la ciudad que ustedes deben proteger no estamos dispuestos a seguir siendo prisioneros teniendo como cárcel nuestra propia ciudad! ¡Ya estoy hasta el gorro de salir de mi casa, manejar el coche, subirme al metro, o salir por la noche y tener que voltear más de tres veces a todas partes desconfiando inclusive de quien lleva un uniforme!

Soy partidario del Estado de Derecho, soy un fiel creyente que mediante la razón y las instituciones se llega a la mejor de las soluciones, pero si nuestras instituciones son deficientes, ni camino, ni meta ni solución.

Reconozco los esfuerzos del Gobierno de la Ciudad de México por combatir la inseguridad… ¡pero no son suficientes! Aplaudo la instalación de cámaras de video vigilancia… ¡No son suficientes!

En el 2017 nuestra ciudad alcanzo durante el primer trimestre del año el mayor número de robos denunciados. ¿Y los que no se denuncian que? La percepción social de inseguridad pública para la Ciudad de México es de casi el 90%. ¿Qué les dice esto? Que nueve de cada diez personas no vivimos tranquilos en esta ciudad, que nueve de cada diez personas comparten mi sentir, mi pensar y apoyan mis reclamos.

Ya estamos cansados de los robos a nuestros negocios, estamos cansados de los secuestros, estamos cansados de los asaltos, estamos cansados de las violaciones… pero sobre todo, estamos hartos de que no que no hagan nada!

¿Qué podemos hacer nosotros? Quisiera yo invitar a todos aquellos que me leen, que demos un voto de confianza a las instituciones y que a la vez cumplamos nuestras obligaciones como ciudadanos, lo cual nos permitirá el legítimo reclamo en caso de que no actúen como deben de actuar. Si somos víctimas de cualquier tipo de acto, denunciémoslo… habrá quienes dirán que no sirve de nada, pero igual, no sirve de nada que te quedes sentado; el ir y denunciar, en caso de que no se haga justicia, sirve por lo menos para sumar un número más a las encuestas, que sirven de referente para ver el desempeño del gobierno que elegimos; si las encuestas son positivas premiemos a nuestros gobernantes, si no lo son… castiguémoslos. ¿O en tu trabajo si faltas, no entregas los proyectos y los reportes, tus resultados son deficientes o simplemente no das resultados te suben el sueldo?

Los gobernantes tienen un trabajo y ese trabajo somos nosotros. Su trabajo es buscar y encontrar soluciones a las demandas sociales. Su trabajo es escuchar y servir a la ciudadanía. Su trabajo es implementar medidas que tiendan a mejorar nuestra calidad de vida. Su trabajo es rendir cuentas de sus actos. Su trabajo es hacer valer el Estado de Derecho actuando con firmeza y honradez. Su trabajo es hacer justicia, sin permitir que algún acto ilícito quede impune. ¡Su trabajo somos nosotros!

Señores… ¿es mucho pedir que hagan su trabajo? Estamos en un México donde la sociedad cada vez se une más por las causas comunes, estamos en un México donde el reclamo de uno, se vuelve el reclamo de todos. Estamos en un México dolido, decepcionado, ultrajado, desconfiado, donde no les queda de otra a los que gobiernan más que hacer bien su trabajo. Cada vez somos más los que observamos con lupa sus actos, cada vez somos más los que estamos dispuestos a formar un frente común a favor del buen gobierno. Pero somos todos los que exigimos seguridad y justicia.

En cuanto al caso de los “justicieros” comprendo, entiendo y empatizo con su sentir, pero respetuosamente disiento de su actuar. Es el gobierno quien debe actuar de forma contundente, pronta y efectiva, previniendo, solucionando y castigando.

Aunque pareciera que le actuar de muchos es propio a la barbarie, estamos en pleno siglo XXI y si comenzamos todos a tomarnos la justicia en nuestras manos aplicando la famosísima Ley del Talión, donde el ojo se paga con el ojo y el diente con el diente, pronto terminaremos todos viviendo en una ciudad de tuertos y chimuelos.