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Un cambio

En el marco de las campañas electorales, el panorama se torna tan desalentador como inestable en cuanto al discurso ambiental para Colombia. Sólo uno de los candidatos, ha defendido a ultranza el medio ambiente y ha promovido las
energías renovables y la agricultura como una solución, al menos transitoria, en tiempos de calentamiento global para el país desde su primer discurso hasta el último.

Lo que resulta como un respiro para Colombia, pues los últimos desastres ambientales han desencadenado en terribles consecuencias de salud pública y de contaminación al medio ambiente. Igualmente, estos desastres, acompañados de
la aceptación generalizada que ha tenido la propuesta ambiental del candidato Petro, también han provocado un cambio rotundo en el discurso político de al menos dos de los candidatos que más han promovido la actividad extractivista tanto en yacimientos convencionales como en la polémica fracturación hidráulica o Fracking.

Iván Duque y Germán Vargas Lleras, empezaron con propuestas que priorizaban la agenda minera sobre la ambiental; sin embargo, han decidido cambiar un poco sus planes: en los últimos discursos de campaña, han promovido la actividad agrícola y las energías de origen renovable si llegan a ser presidentes del país. Incluso el candidato uribista, en uno de sus últimos discursos promovió el uso de vehículos eléctricos. Ahora parece no resultar tan negativo o “populista”, acceder a otras fuentes de energías más limpias y solidarias con el medio ambiente y volver a la actividad agrícola como principal fuerza económica del país.

Y claro que no. En países como Alemania y Francia se ha prohibido el fracking e igualmente en Australia y Holanda han empezado a impulsar los paneles solares, la energía eólica y otras fuentes de origen renovable y limpio. La reconocida
multinacional Apple, por ejemplo, cuenta con paneles solares en la totalidad de sus instalaciones alrededor del mundo.

En Colombia también ya es hora de un cambio. De un cambio que contribuya sustancialmente al cambio climático. De un cambio –no de discurso- sino uno que empiece a permitirle un respiro a uno de los países con más biodiversidad y
fuentes hídricas del mundo, que se está ahogando en crudo y que sufre incesantemente los embates del calentamiento global.