Monitor Nacional
Una diplomacia de intereses: Gómez Camacho y su agenda en la ONU
Portada | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
15 de diciembre de 2015 - 5:46 pm
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Por supuesto que es importante hablar del prestigio diplomático del siglo pasado, pero a los actuales actores de la diplomacia mexicana les corresponde no sólo la retórica sino la acción

Dos mil quince ha sido un año histórico para la diplomacia multilateral. Durante siete décadas ha continuado una labor de construcción y adaptación institucional de la Organización de las Naciones Unidas, creada con el objetivo de garantizar la paz y la seguridad internacionales a través de la cooperación entre los diversos gobiernos del mundo.

El actual Secretario General de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon, piensa que “las Naciones Unidas son la esperanza y el hogar de toda la humanidad. La Carta es nuestra brújula”. Hermosa frase que sin embargo no podrá ser leída y aplaudida por los migrantes sirios, centroamericanos, mexicanos, rohingya, que han muerto en el intento por buscar una mejor calidad de vida.

Los retos internacionales no son los mismos que aquellos del siglo pasado; sin embargo, los instrumentos de antaño se mantienen vigentes para combatir las amenazas actuales. El terrorismo que motiva la agenda de seguridad internacional es un claro ejemplo.

El Consejo de Seguridad aprobó en noviembre de este año la Resolución 2249 (2015), en la cual condena los ataques cometidos por Da’esh, además; “hace un llamado a los Estados Miembros con la capacidad de hacerlo, para que tomen todas las medidas necesarias con apego al derecho internacional, la Carta de Naciones Unidas, los derechos humanos, el derecho de refugiados y humanitario, en el territorio controlado por Da’esh en Siria e Iraq…” La respuesta de la comunidad internacional ha sido la acción militar ¿qué pasa con los civiles que están en estos territorios? ¿es la guerra compatible con los derechos humanos?

No se trata de menospreciar a los trabajadores de la ONU, pues su labor ha sido no sólo noble sino ardua, más no pueden responderse nuevas preguntas con viejas respuestas. La política en la ONU debe cambiar, pero para ello sus miembros requieren una catarsis. Finalmente, cada gobierno busca a través de sus representantes encontrar en el interés de la comunidad internacional el interés nacional.

En México, la memoria diplomática de las acciones pasadas son albricias en bocas de los diplomáticos y políticos de hoy. Ya sea para mencionar nuestra contribución a la paz y la seguridad en el mundo o bien para criticar la política exterior fallida de los adversarios políticos. El Tratado de Tlatelolco es uno de los instrumentos mencionados hasta el agotamiento, tanto que compite con la Matanza de Tlatelolco para ver que versión se apodera del espacio-tiempo.

Por supuesto que es importante hablar del prestigio diplomático del siglo pasado, pero a los actuales actores de la diplomacia mexicana les corresponde no sólo la retórica sino la acción. Antonio Pérez Manzano, diplomático de carrera y fundador de la Asociación de Diplomáticos Escritores, es positivo en su evaluación sobre el estado de las cosas: “…les comparto la esperanza y el optimismo en la humanidad y en particular a mis compatriotas mexicanos, sobre las metas que se han propuesto en la ONU.”

Primero, aplaudo a Pérez Manzano. El optimismo es clave en los momentos de tragedia. Segundo, formulo una pregunta a propósito de su argumento, ¿y cuáles son las metas que se han propuesto sus colegas diplomáticos para la ONU a fin de responder al interés nacional?

La respuesta la ha dado el día de ayer, 14 de diciembre, el diplomático Juan José Ignacio Gómez Camacho, quien fue ratificado por las comisiones unidas de Relaciones Exteriores y de Relaciones Exteriores Organismos Internacionales del Senado de la República como representante de México en la Organización de las Naciones Unidas.

Describiendo a México como un país sistémico que tiene que sentarse en donde se están debatiendo los temas globales importantes, un discurso que recuerda en este tema en específico al Embajador Miguel Basáñez en su propio proceso de ratificación, explicó que su agenda tiene tres prioridades: 1. La paz y la seguridad, en donde resultan relevantes la amenaza del terrorismo (en particular de Da’esh), la reforma al Consejo de Seguridad de la ONU y las operaciones para el mantenimiento de la paz; 2. El plano económico, destacando el seguimiento al desarrollo sustentable y asegurando que no puede existir “un mundo en paz si no hay un desarrollo económico y social”; 3. Los derechos humanos. Se busca fortalecer instrumentos internacionales, crear estándares con más solidez.

Gómez Camacho también enfatizó un tema de gran interés para el Senado: la Asamblea General de Naciones Unidas sobre el Problema Mundial de las Drogas, que explicó es una iniciativa México-colombiana a celebrarse en abril del siguiente año. La novedad es la visión transversal en donde asunto sociales, criminales, económicos, de salud, convergerán dentro del diálogo.

La fórmula paz/seguridad-economía-derechos humanos es un inicio franco como proyecto en la ONU, pero ¿cómo ayuda en la búsqueda de los intereses nacionales? Para la Embajadora Olga Pellicer “los intereses nacionales son lo que el gobierno quiere, pero lo que la sociedad puede hacer, y eso depende de cuáles son los problemas fundamentales del país en un momento determinado”. El trabajo de Gómez Camacho deberá ser evaluado en cuanto a su contribución a resolver los problemas de México.

El nuevo representante tiene un contexto a su favor. El reporte de México, las Américas y el Mundo 2014, identifica que la ONU es el mejor organismo internacional evaluado entre el público mexicano, situación que se repite para el caso de los líderes. El reto es hacer crecer el respaldo por la participación del país en la organización, así como aumentar el conocimiento sobre la misma. Finalmente, si lo que se busca Gómez Camacho es una diplomacia de intereses, observar y entender la compleja situación de los mexicanos es el primer paso que debe dar nuestro nuevo representante en Nueva York.

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