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Una realidad distante y complicada

Hoy se escucha por todo el país las campañas de despedida del presidente Enrique Peña Nieto, “Hagamos bien las cuentas”, esta concientización se dedica a informar sobre los logros que se han realizado en este sexenio. Retomando el nombre de su campaña hagamos bien las cuentas, sería interesante poner en la mesa solo una de sus propuestas cuando se encontraba como candidato a la presidencia, y que momento más oportuno que después de seis años, encontrándonos de nuevo en época de elecciones. En el primer debate que se realizó, Peña Nieto presentó 23 propuestas y una de las que llamaba la atención en aquel entonces, era la erradicación de la pobreza alimentaria. Es difícil creer que hoy en día, en el siglo XXI con la presencia de la tecnología y los medios de comunicación, existan en nuestro país distintos escenarios de familias enteras que mueren por desnutrición. Estos fenómenos existen con mayor frecuencia, en comunidades rurales alejadas de una vida citadina.

Según el semáforo económico, “¿Cómo vamos?”, la productividad económica de nuestro país se encuentra estancada ya que el aumento del número de horas laborales no ha generado los ingresos suficientes, ni siquiera para la obtención de una canasta básica. A pesar de la gravedad del contexto, si entrelazamos la respuesta de la productividad económica, con la propuesta de la erradicación de la pobreza alimentaria nos pudiéramos dar cuenta que la situación se complica más en las comunidades ausentes de los servicios básicos de agua, luz y pavimento.

La que la ecuación en estos lugares se complica por el incremento de precios en las zonas marginadas. Una de las razones por el incremento de precios, es por la dificultad para acceder a estas comunidades, que dependerán de los trayectos que se tengan que hacer para llegar hasta allí. Estas distancias se recorren en caminos no pavimentados, haciendo los trayectos más largos y teniendo como resultado muy poco interés por parte de nuevas empresas, logrando entonces una competencia casi nula en los productos que se venden. Y muchas veces por ser la única marca que surten quienes trasladan los productos o los mismos dueños de los locales suben los precios beneficiándose a ellos mismos.

Los gastos irregulares que realizan familias en la compra de productos básicos como el aceite, los chiles en lata y la sal, no es el único problema que nace en este contexto, ya que este mismo viene acompañado de la falta de oportunidades de trabajo. A finales del 2017 contábamos con un millón 854 mil desempleados, y muchos de quienes si tienen un empleo trabajan bajo condiciones laborales inhumanas y mano de obra barata.

Pero en estas comunidades el tema del trabajo empeora, ya que la ausencia de estas oportunidades ha pasado a ser un problema de segundo plano, ya que los dos actores que han intervenido para brindar una “solución”, irónicamente solo la han complicado más la situación. El primer actor ha sido el gobierno con su intervención del programa de oportunidades, este programa consiste que cada cierto tiempo (2 meses aproximadamente) brinde a los niños, señoras, mayores de edad y jóvenes cierta cantidad de dinero con la cual se espera erradicar los niveles de pobreza que llegan a vivir en aquellos lugares. Esta solución que se mantiene hasta el día de hoy pertenece a un régimen paternalista, ya que el gobierno les brinda dinero, en vez de cubrir las necesidades que no han podido erradicar desde la raíz. Esta respuesta es otro de los ejemplos del gatopardismo que seguimos viviendo desde la época colonial en la sociedad mexicana, cambiando todo para que nada cambie, dando soluciones absurdas con la ausencia de las herramientas necesarias para acabar con el problema.

Por otro lado, el segundo actor que nació de las mismas “soluciones” dadas por el gobierno, es el narco. Su intervención en las comunidades rurales ha sido de gran peso, por la existencia de hambre y necesidad, por la falta de empleo e ingresos.

La presencia del narco ha desarrollado un papel esencial de alimentar a cientos de familias por medio de los empleos que brindan, específicamente los puestos como sicarios, narcos sembradores, el involucrarse en la trata de personas y en todo el proceso que les conlleva hasta vender la droga. En todos estos empleos existe la participación de menores de edad, llevando ingresos a sus casas, empleándolos principalmente para deshacer la amapola con la fragilidad de sus dedos, o por el hecho de aprovecharse de su ingenuidad prometiendo cuotas o en algunos casos un par de zapatos nuevos y teniendo como resultado al terminar la jornada, una bofetada más en su infancia.

Este contexto ha desarrollado un mayor ambiente de tensión y amenaza en las comunidades, a pesar de ser las fuentes de ingreso que se han creado para quienes residen en estos territorios de nadie, y de nadie me refiero por el maridaje existente con los participantes del crimen organizado y los jefes de estado. Todo esto ha destruido a grandes rasgos el tejido social, porque ahora quienes brindan el derecho básico de la alimentación, eliminado la pobreza alimentaria, es el resultado de otra de las fallas que han nacido en las propuestas de las presidencias anteriores y las que hasta el día de hoy gobiernan a México.