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Vaya película esa que llaman «rebajas»

Yo de verdad que la alegría que tiene el personal con la rebajas no la entiendo mucho; bueno, la entiendo en un primer momento, que hasta ahí llego, pero solo dura tres segundos, porque después, cuando recapacitas, no.

Yo cuando entro en unos grandes almacenes y veo que en la etiqueta de, por ejemplo, un pantalón, pone «antes treinta euros, ahora quince» me da ganas de ir corriendo al responsable de la tienda y decirle: «Mire buen hombre, yo de economía sé lo justo, pero sé que aquí pone quince euros, y con quince euros ustedes ganan, entonces⬦ ¿cuánto me robaban cuando estaba a treinta?». Y acto seguido, porque si no hay acto seguido, para qué vas a hablar con el corbatas, preguntarle «¿Me podría decir cuando acaban las rebajas; es decir, cuándo me vuelven a robar?».

Y claro, yo me siento raro, porque entre las miles y miles y miles de personas que están comprando a mi alrededor, todas están supercontentas, con una sonrisa de oreja a oreja menos yo, que le doy vueltas y más vueltas cavilando en lo que me habrán robado cuando en invierno se me ocurrió comprar un jersey que realmente necesitar pues no lo necesitaba.

Y cuando me ocurre esto, pues como que el mundo se detiene, veo a la gente a toda velocidad yendo de un lado a otro, de estantería en estantería, cogiendo cosas y más cosas, con las perchas que a punto están de clavártelas en un ojo, y oyendo frases como «pues ayer que fue el primer día, llegué a la seis de la mañana porque habría a las nueve».

Y es que esto de levantarse pronto, estar varias horas para saber lo que te roban, pues me supera, porque para eso, te levantas cuando quieras y cualquier día y vas a tu banco y ya está, que son tal de lo mismo.

Pero es que además este pensamiento que siempre me viene cuando llegan las rebajas, no es solo de un momento, de un instante, sino que me persigue prácticamente todo el verano porque al cabo de quince días, en el mismo comercio, a la misma hora y el mismo pantalón lo han rebajado a doce euros, con lo cual (como siguen ganando) me da una ganas de entrar ya a saco paco con un kalashnikov, atrincherarme en los probadores y esperar al corbatas.

Y a la semana⬦ En el escaparate, unos letreros que ocupan casi toda la calle, y a mí que se me saltan los ojos y que cuatro cócteles molotov hasta me parecen pocos: «¡¡Terceras rebajaaaaasss!!!, ¡¡¡Oportunidades!!!» y el condenado pantalón que está ¡¡¡a dieezzz, solo a dieeezzzz eurosss!!!

Total, que esto que empieza a finales de junio, pues en julio ya tirando agosto que el pantalón va por ocho euros, y para no desquiciarme, pues decido no volver a entrar ya más en el megacomercio, olvidarme de todo y disfrutar de esta época del año.

Aunque no lo puedo evitar, cuando paso por otro mastodóntico almacén y ya van por las cuartas y quintas rebajas, hasta pienso: «A ver si ahora el pantalón, ya no solo lo regalan, sino que incluso te dan dinero⬦», pero ni aun así voy, no vaya a ser que el pantalón de marras vaya por un euro, me entre un arrebato y, te lo juro, que yo solo con un kalashnikov, cinco pares de cócteles molotov y una docena de granadas⬦ pues que no puedo, imposible, que es mucho peso, que si no⬦