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Vías vaciadas de humanidad

El camino que recorren los migrantes centroamericanos a lo largo de nuestro país para alcanzar el “sueño americano⬝ está lleno de vicisitudes. No es necesario adjetivar la violencia, palpita en cada rincón. Las tonalidades que pintan el trayecto son casi todas oscuras, con algunos grises y casi ningún blanco. Las realidades citadinas que encuentran a su paso son complejas y diferenciadas. La recepción ciudadana en cada uno de los sitios a los que llegan tras bajar del lomo de La Bestia para caminar el serpentear de calles y avenidas urbanas ofrece siempre una novedad: desde el rechazo vecinal, hasta la ayuda ofrecida en albergues y comedores, pasando por la indiferencia de la población y la constante extorsión de “autoridades⬝ de todos los niveles y poderes. Sin embargo, la experiencia acumulada al pasar por nuestro país pierde significado con el transcurso del tiempo, porque la realidad migratoria es cambiante, movediza, como lo es el mismo traslado de los errantes del siglo XXI hacia un futuro que no termina de llegar.

Como muchas ciudades de la República Mexicana, la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) es atravesada por el tendido del ferrocarril. La ruta del occidente aunque es la más larga sigue siendo la menos peligrosa, por ello es procurada por los centroamericanos y muchos mexicanos. El tren cruza cinco de los seis municipios que conforman la ZMG: Zapopan, Guadalajara, Tlaquepaque, Tlajomulco y El Salto. En total, el tendido de las vías recorren 61 kilómetros de la ciudad, atravesando 48 colonias; 11 de Zapopan (18 kilómetros), 16 de Guadalajara (16.5 kilómetros), 17 de

Tlaquepaque (19 kilómetros), 2 de Tlajomulco (3 kilómetros) y 2 de El Salto (4.5 kilómetros). Las colonias que atraviesa el ferrocarril poseen niveles socio-económicos variopintos. Las vías del tren su constituyen como la ruta que se abre paso entre el mosaico multifacético de esta gran ciudad y sus millones de habitantes.

A pesar de los cientos de migrantes que cada año atraviesan nuestra ciudad guiándose por las vías del ferrocarril, la geografía ferroviaria tapatía da muestras de soledad, está inundada de gente invisible ante la mirada ausente de la población. Son cuerpos deshabitados. Ultrajados por el duro camino⬝. Sometidos por la sempiterna pobreza desbordada en sus comunidades. Carne y huesos que solo tienen permitido moverse y con ello asegurar la no permanencia en los paisajes citadinos. La estancia en cualquier lugar se debe pagar: “Si quieres estar en la vía debes traer dinero⬝, resuena la sentencia policiaca.

Los migrantes que se internan en Guadalajara son ciudadanos a la mitad, excedentes humanos de sus sociedades. Cargan una ciudadanía pendiente y subejercida. No solo les faltan derechos en sus comunidades y a donde arriban, sino que aquellos con lo que cuentan no los pueden ejercer. Su existencia es la materialización de las diferencias entre la ciudadanía formal que solo existe a partir de un mandato de gobierno y la ciudadanía sustancial que es la esencia de su ejercicio cotidiano exento de condiciones que humanicen su existencia.

Las vías ferroviarias vaciadas de humanidad son flanqueadas por viviendas rodeadas de altas bardas y sistemas de seguridad. En la práctica y en el discurso los migrantes son rechazados por la vecindad. Condenados a la culpabilidad de todos los males presentes en la territorialidad migratoria. “Con los migrantes llega la

violencia, la indigencia, las drogas, la inseguridad⬝, se lee en algunas mantas ondeando en las esquinas. Ni siquiera es conveniente abrir las puertas de un comedor para “suavizar⬝ el ajetreo de los errantes. “Después no sabremos qué hacer con ellos⬝, rematan las voces del vecindario.

Sociedad y gobierno de la ZMG deben buscar soluciones locales a un problema causado allende sus fronteras. De ese tamaño es la cotidiana problemática tapatía. Lo lamentable de todo ello, son las escasas posibilidades de éxito desprendidas hasta hoy de lo realizado en favor de los migrantes. La apuesta por invisibilizar a los centroamericanos ante los ojos de la sociedad continúa teniendo un mayor peso específico como “solución⬝ a la sangría poblacional de Centroamérica, e incluso de los estados del sur de nuestro país.

A querer o no, como sociedad hemos ampliado el perímetro de los derechos ciudadanos, pero hemos cerrado la puerta con llave para que pocos entren. Por eso, por la amplia periferia de la humanidad los pobres caminan por las vías⬝, reflexiona un migrante, al mirar el tren pasar antes de pegar un brinco más.