Monitor Nacional
Víctima de trata cuenta haber sido violada 43, 200 veces
Nacional | Redacción
12 de noviembre de 2015 - 5:53 pm
Karla Souza-MN
A los 15 años ella dio a luz a una niña, a quien engendró con su proxeneta

Ciudad de México.- Karla Jacinto fue una víctima de la trata de personas quien afirma haber sido violada 43, 200 veces. Ella detalla que eran hasta 30 hombres por día, los siete días de la semana, durante gran parte de cuatro años. Su historia refleja la indignante realidad del tráfico de personas existente en México y Estados Unidos, un inframundo que ha destruido la vida a decenas de niñas mexicanas como Karla.

El tráfico de personas se ha convertido en un comercio tan lucrativo y frecuente, que ha logrado unir a los pueblos del centro de México con ciudades como Atlanta y Nueva York. De ahí que funcionarios de México y Estados Unidos hayan señalado que al pueblo Tenancingo ubicado en Tlaxcala, como la mayor fuente de bandas de tráfico humano y un lugar donde las víctimas son tomadas antes de forzarlas a la prostitución.

A pesar de que su población es de escasamente 13, 000  habitantes, Sussan Coppedge, Embajadora Especial para el Combate de Tráfico Humano del Departamento de Estado de Estados Unidos, dice que tiene una enorme reputación cuando se trata de prostitución y proxenetismo.

El modus operandi de los hombres provenientes de ese lugar, consiste en hacerle pensar a las chicas que tienen un gran futuro con ellos y como ellas desconocen la reputación que tiene el pueblo de Tenancingo, caen en la trampa y se suman a la cifra de mujeres victimizadas. “Eso es lo que hace el pueblo. Esa es su industria”, dice Coppedge.

El traficante de Karla es originario de Zacatelco, una de las comunidades que rodean Tenancingo, a donde se han extendido los corruptos tentáculos del negocio de trata de personas.

La joven admitió que proviene de una familia disfuncional y compartió que fue abusada sexualmente desde los 5 años de edad por un pariente. Fue a los 12 años cuando Karla se convirtió en objetivo de un traficante que la atrajo con su galantería y su lujoso auto.

La historia comenzó cuando ella estaba esperando a sus amigos cerca de una estación del metro en la Ciudad de México, tiempo después se le acercó un niño que vendía dulces y le dijo que alguien le quería regalar un trozo de caramelo.

Cinco minutos después un hombre de mayor edad se le acercó y le dijo que era vendedor de autos usados. La tensión inicial desapareció cuando aquel hombre comenzó a decirle que él también había sido abusado cuando era niño. “Era muy afectuoso y bastante caballeroso”, dice ella.

Una semana después de intercambiar números telefónicos, él le pidió que lo acompañara a dar un paseo a Puebla y fue entonces cuando la deslumbró al llegar conduciendo un lujoso y brillante Firebird Trans Am de color rojo.

“Cuando vi el auto no lo podía creer. Estaba muy impresionada por tan grandioso auto. Fue emocionante para mí. Él me pidió que me subiera al auto para ir a lugares”, expresó.

No le costó mucho al hombre, quien con 22 años era 10 años mayor que Karla, convencerla para que saliera con él, especialmente después de que la madre de Karla no le abrió la puerta una noche cuando llegó un poco tarde a la casa.

“Al siguiente día me fui con él. Viví con él por tres meses y durante ese tiempo me trató muy bien. Él me amaba, me compraba ropa, me daba atención, me traía zapatos, flores, chocolates, todo era hermoso”, dijo Karla.

Sin embargo las advertencias a la dedicación real del joven no tardaron en aparecer, debido a que frecuentemente los primos de su novio llegaban al apartamento con nuevas chicas semana a semana. Cuando ella finalmente tomó valor para preguntarle en qué tipo de negocio estaba, él le dijo la verdad. “Ellos son proxenetas”.

“Unos días después me empezó a decir todo lo que tenía que hacer; las posiciones, qué tanto necesitaba cambiar, las cosas que tenía que hacer con los clientes y por cuánto tiempo, cómo tenía que tratarlos y cómo tenía que hablarles para que me dieran más dinero”, manifestó Karla.

Era el inicio de cuatro años de infierno. La primera vez que fue forzada a trabajar como prostituta la llevaron a Guadalajara, una de las ciudades más grandes de México.

“Empecé a las 10 de la mañana y terminé a la medianoche. Estuvimos en Guadalajara durante una semana. Hagan cuentas. Veinte por día, durante una semana. Algunos hombres solían reírse de mí porque yo lloraba. Tenía que cerrar mis ojos para no ver qué me estaban haciendo, así no sentiría nada”, dijo Karla.

Luego de estar en esa ciudad, siguieron muchas otras. Generalmente la llevaban a prostíbulos, moteles de carretera, a las calles e incluso a casas. No había días feriados ni libres y después de algunos días, la obligaron a atender a por lo menos 30 clientes al día, siete días a la semana.

Las dificultades se agravaron cuando un hombre le dejó un chupetón, pues su traficante perdió el control y comenzó a golpearla brutalmente con una cadena. La golpeó con los puños, la pateó, le jaló el cabello, le escupió en la cara y la quemó con una plancha. “Yo le dije que quería irme y él me estaba acusando de enamorarme de un cliente. Él me dijo que me gustaba ser una zorra”.

Pero un día, ella tuvo la ilusión de que su estancia en ese mundo de porquería había terminado cuando la policía apareció en un conocido hotel que operaba prostitución. Ellos echaron a todos los clientes, dijo Karla, y cerraron el hotel.

Su alivio rápidamente se transformó en horror cuando aquellos 30 agentes se llevaron a las chicas a diferentes habitaciones y les pidieron colocarse en posiciones comprometedoras mientras ellos las grababan. Les dijeron a las chicas que los videos serían enviados a sus familiares si no hacían todo lo que les pedían.

Fue en ese instante cuando Karla pensó que aquellos hombres eran asquerosos, debido a que su minoría de edad era bastante evidente, algunas niñas apenas tenían 10 años de edad. Ella tenía 13 años en aquel entonces.

Aunque en su mundo de pesadilla un embarazo era motivo de horror, ella dio a luz a una niña cuando tenía 15 años. Aquella bebé fue engendrada por su proxeneta, quien la utilizaría para someter a Karla y hacerla cumplir todos sus deseos, bajo la amenaza de que dañaría a la pequeña.

Un mes después del nacimiento, él se llevó a la bebé lejos de su madre y le advirtió que no le permitiría verla hasta que tuviera más de un año de edad.

Karla Jacinto finalmente fue rescatada en el 2006 durante una operación contra el tráfico en la Ciudad de México. La joven tenía 16 años cuando fue rescatada, cuando “todo terminó”, pero la realidad es que esa vida de horror la marcará por siempre.

CNN verificó independientemente algunas partes de la historia de Karla. Hemos tenido conversaciones con el grupo United Against Human Trafficking (Unidos contra el tráfico humano) al que ella fue remitida después de ser rescatada y a altos funcionarios de Road to Home (Camino a casa), un refugio donde Karla vivió durante un año después de su rescate. Debido a la naturaleza clandestina del negocio de tráfico de personas, no es posible corroborar todo lo que Karla nos relató.

En la actualidad Karla tiene 23 años y se ha convertido en una defensora directa contra el tráfico de personas, contando su historia en conferencias y eventos públicos.

Ella le contó su historia al papa Francisco en julio en el Vaticano y le la relató al Congreso de Estados Unidos en mayo.

Su testimonio fue utilizado como evidencia en apoyo a la H.R. 515 o Ley de Megan que obliga a las autoridades estadounidenses a compartir información relacionada a ciudadanos estadounidenses que son depredadores sexuales de menores, cuando estos convictos intentan viajar al extranjero.

Su mensaje es que aún existe el tráfico humano y la prostitución forzada, y que es un problema creciente en nuestro mundo.

“Estas menores están siendo secuestradas, atraídas y apartadas de sus familias. No solo me escuchen a mí. Necesitan aprender de lo que me ocurrió a mí y quitarse la venda de los ojos”, expuso Karla.

No hacer nada, dice, pone a innumerables niñas en riesgo de ser víctimas de la trata por años y a ser violadas decenas de miles de veces, al igual que le sucedió a ella.

Con información de CCN México

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