Ver más de Opinión

VIOLENCIA DE NUESTRO TIEMPO

 

Eventos recientes me obligan a hablar del tema. Es doloroso ver con cuanta naturalidad leemos ya sobre noticias donde hay involucrado al menos un ataque armado, asaltos en transportes públicos, restaurantes, etc. Madres, padres de familia buscando desesperadamente a sus hijos con el terror de pensar que fueron desaparecidos de manera violenta.

Es cierto que en muchas ocasiones los asesinatos son parte de un fenómeno de mafias que pelean entre ellos mismos. Pero también es cierto que es más común ver asaltos que terminan con la vida de los inocentes que además de entregar sus pertenencias, no vuelven a ver la luz.

La violencia es un mal que altera el orden interpersonal, ya sea familiar o social. Cuando ésta se genera es clara prueba para el hombre de que es consciente de sí mismo ya sea como víctima o bien, como creador de la misma. La violencia se considera algunas veces como un acto que permite al ser humano reflexionar sobre sí y su capacidad para ejercer influencia en otro, algo muy negativo pero que al final así sucede en la psicología. En ambos casos el hombre se sabe un ser viviente en el mundo y a partir de ahí debe definir su rol en esa interrelación.

Supongo que hace miles de años este fenómeno era una necesidad de supervivencia. Debía, ese hombre sedentario defenderse de los peligros que acechaban en su entorno (animales salvajes, lucha por obtener alimento, por ejemplo). Pero hoy, en pleno siglo XXI, cuando las formas de comunicación se han diversificado y el hombre está en la búsqueda de una mejor forma de vida a partir del respeto a la diversidad de pensamiento, religión, raza, etc., nos es paradójico pensar que unos a otros “se matan” –literal- por algún beneficio personal.

Arthur Schopenhauer, filósofo alemán que nació en 1788, consideraba que la imperfección del hombre le hace necesitar, desear cosas o situaciones, y eso le causa sufrimiento. También hace hincapié en que la capacidad del hombre lo lleva a cuestionarse sobre el significado del dolor y de la moral.

Si en este espacio quisiera entender el actuar violento del hombre hoy, podría decirte que es su dolor al saberse incompleto e imperfecto, el que lo lleva a violentar o atacar al otro. ¿Qué le hace falta? ¿Qué puede ser tan indispensable en su vida donde pone en riesgo la vida de alguien que es tan valioso y sufre tanto como él? ¿Será justificable matar por hambre? ¿Por tener dónde guarecerte de la intemperie?

Estoy segura que te has preguntado muchas veces lo mismo que yo. ¿Qué es lo que provoca tanta violencia? En una familia podría ser la falta de educación de los padres. En una relación de pareja podría ser una lucha de poder, una herramienta de dominio. Sabemos que la violencia altera también al individuo pues además del daño físico, genera mucho estrés, depresión y trastornos de salud mental. En el caso de las enfermedades físicas, muchas veces éstas son derivadas del uso de drogas que usan para hacer frente a problemas en este sentido.

¿Crees que somos todos responsables de esta situación?

Regresando a Schopenhauer, en su obra Los Dolores del Mundo menciona que solo hay tres motores (él los llama resortes) de las acciones humanas:

-el egoísmo, que quiere su propio bien (y no carece de límites)

-la malevolencia, que quiere el mal ajeno (llega a la extrema crueldad)

-la piedad, que quiere el bien del otro (llega a la generosidad, la grandeza del alma).

Me parece una buena manera de sintetizar el acto humano, pues el egoísmo nos hace olvidarnos de los demás y pensar en que uno mismo es el centro del universo y con base en ese pensamiento actuamos y determinamos nuestra vida.

Los seres humanos por otro lado actuamos de buena o mala fe y cuando existe mezquindad y odio se busca dañar al otro. El único acto contrario sería desearle bien al prójimo. Y creo que eso se logrará cuando entendamos que el otro sufre igual que yo, que el otro es mi semejante y si consideramos la premisa universal: No hagas a los demás lo que no deseas para ti, muchas cosas podrían cambiar.

Quiero pensar que sí somos responsables al educar, al ser ejemplo para nuestra familia y nuestros compañeros de trabajo; también para el que se sienta a nuestro lado en el camión, o bien al conductor de al lado, nuestros vecinos, etc.

No quisiera pensar que esa indiferencia al ver las noticias se deba a que somos incapaces de entender lo que la violencia deja en nuestros tiempos. El amor de nuevo es el que nos hará cambiar esta situación.