Monitor Nacional
Vivir con responsabilidad
Proyecto de vida | José Gregorio Contreras
2 de marzo de 2016 - 12:59 pm
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¿En qué momento nos perdimos y nos transformamos en los destructores de nuestra propia CASA (léase planeta)?

Una de las cualidades que destacan al ser humano es su raciocinio, ocupando el lugar número uno en el planeta. Esta afirmación puede sonar gloriosa y hasta detonar un sentimiento de orgullo a todos aquellos que pertenecemos a la especie del Homo sapiens. De hecho este término significa “hombre que piensa”.

Realmente el surgimiento de Homo sapiens comenzó con muy bien pie. Se estima que estamos aquí desde hace unos 45,000 – 100,000 años. El homo sapiens comenzó a utilizar esa racionalidad para hacerse la vida más fácil e inclusive para lograr su supervivencia. Empezó a utilizar la piedra para hacer artefactos muy precisos. Hizo puntas de lanza, hachas y cuchillos para defenderse y cazar animales para obtener sus alimentos y su abrigo. Aprendió a generar el fuego y lo utilizo en su beneficio. Hasta la fecha hemos producido un sinfín de inventos y hemos hecho muchos descubrimientos, esto nos ha mantenido hasta ahora como los seres más poderosos de la madreTierra.

Con este preámbulo positivo, la situación actual no tanto y el futuro que se pronostica no muy alentador, valdría la pena preguntarse: ¿En qué momento nos perdimos y nos transformamos en los destructores de nuestra propia CASA (léase planeta)?

La verdad que dar una respuesta a esto sería muy complicado, sin embargo podemos centrarnos cada uno de nosotros en nuestro día a día y ver como colaboramos para recobrarla nuevamente. En conjunto somos como una orquesta constituida por muchos músicos e instrumentos distintos. Sin embargo, si queremos dar una respuesta simple y generalizada, pudiera pensarse que esa bendición o ese don del raciocinio lo dejamos a un lado y damos un paso brioso a las visceral o al corazón, como lo prefieran llamar y las decisiones las tomamos aun sabiendo que las consecuencias pueden ser irreparables e irreversibles.

Si nos vamos a lo cotidiano, nos encontramos con decisiones que no son más que “una crónica de una muerte anunciada” (título de un libro del escritor colombiano Gabriel García Márquez) donde sabemos que esa decisión nos va perjudicar en algo, pero aun así la llevamos a cabo.

Entonces, ¿De qué nos sirve ese raciocinio sino lo usamos correctamente al momento de tomar nuestras decisiones? No es que vayamos a ser androides, ni que dejemos al lado los sentimientos, es simplemente tomar decisiones con responsabilidad, decisiones sustentables que garanticen que las próximas generaciones gocen de los recursos de los cuales nosotros estamos disfrutando ahora.

Por ejemplo Cleopatrida, señora nacida en el norte de México tenía el mes pasado 10,000 pesos para pagar su tarjeta de crédito. Desafortunadamente se le “atravesó” una pantalla plana y por un arrebato del corazón se llevó la pantalla plana para su casa y hoy en día está en el Buró de Crédito.

Pantaleón, dueño de empresa, con esposa y tres hijos, sufre de diabetes y hace caso omiso a su alimentación. Con esa actitud paso de diabetes tipo 1 a diabetes tipo 2. Tenemos en conocimiento y la tecnología para detectar la enfermedad, existen programas del Estado para enterar a la población, pero aun así mas pueden las ganas que la razón.

Por último, Guadalupo, profesionista de la educación, con estudios de maestría, quiere que su hijo Robustiano de 9 años, sea un profesionista estudioso y exitoso como él. Sin embargo esta aspiración se contradice, porque sabiendo cómo se dificulta cada día entrar a las universidades – aunado al costo de la vida- no ha invertido en un plan de ahorro que le asegure su educación.

Como estos ejemplos hay muchos, como el de los ciudadanos que aún siguen botando desperdicios en las calles o contaminando lagos, ríos y mares, o simplemente teniendo sus coches sin el mantenimiento adecuado emitiendo contaminantes a través del escape. ¿Será entonces que no merecíamos tener la sapiencia que nos fue otorgada? Busquemos el equilibrio.

¡Hasta la próxima vez!

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