Monitor Nacional
Y faltan tres años
Opinión | Eduardo Gonzalez
2 de septiembre de 2015 - 5:44 pm
Informe-MN
Seguimos viviendo en la coyuntura histórica, esa que siempre aparece para echar a perder las promesas y proyecciones gubernamentales

Políticamente la presentación del Tercer Informe de “gobierno” del “presidente”, Enrique Peña Nieto, cierra la primera parte de la administración peñista. Como cada año los analistas vertemos chorros de tinta sobre el papel y variados golpeteos sobre el teclado de la computadora para explicar qué sucedió en el periodo en cuestión. Por su parte, las autoridades se deshacen en justificaciones por todo aquello que no han logrado, y lanzan nuevas o recargadas promesas sobre lo que “ahora sí” vendrá. Así las cosas, el ejercicio del “Informe” y las explicaciones que genera, nos ofrecen grosso modo dos visiones en claro encontronazo del “estado que guarda la nación”: la de los gobernantes y la de los gobernados.

Más que referirme a lo sucedido en los últimos doce meses, quiero utilizar la revisita al pasado reciente para reflexionar sobre el futuro que nos aguarda en el siguiente trienio. Al instalarme en los primeros tres años de la aventura peñista, la preocupación sobre el porvenir de la República invade los sentimientos ante el desmoronamiento de muchos escenarios nacionales. Dado los resultados del quehacer político de la clase gobernante amontonada en grupúsculos de poder durante la primera parte del sexenio, mi conclusión no puede ser otra: lo peor está por llegar.

Hace dos años el discurso desde Los Pinos, aunque más que discurso parecía amenaza, versaba sobre las bondades de las reformas estructurales: sin reformas nuestra economía crecería tan solo 3.8 por ciento en 2015, 3.7 en 2016, 3.6 en 2017, y 3.5 en 2018. Con las reformas aprobadas y puestas en marcha el crecimiento sería de 4.7 por ciento en 2015, 4.9 en 2016, 5.2 en 2017 y 5.3 en 2018. La historia la conocemos: las reformas son una realidad, el crecimiento no. La Secretaría de Hacienda pronostica que para 2015 a lo sumo creceremos 2.4 por ciento, es decir, porcentaje menor a la amenaza que se posaba como Espada de Damocles sobre los mexicanos, en caso de no contar con las reformas mentadas. Mejor hubiesen dejado las cosas como estaban para crecer al 3.8 por ciento como las autoridades pronosticaban.

El escenario económico mundial y las malas decisiones de las autoridades económicas y financieras del país, obligan a realizar un severo recorte presupuestal para el año siguiente: las tijeras alcanzarán los 500 mil millones de pesos. El apretón de cinturón será severo, aunque no democrático. Seguramente quienes harán más agujeros al cinturón serán los mexicanos de a pie, mientras la dorada burocracia mantendrá sus elevados niveles de vida apuntalados por abultadas nóminas y prestaciones. La principal fuente de divisas del país se tambalea peligrosamente y es rescatada por la paisanada avecindada allende el río Bravo: la mezcla mexicana de petróleo se venía en 2012 en 103.67 dólares, mientras esta semana apenas alcanzó los 34.16 billetes verdes. Del otro lado de la moneda, por no decir de la frontera, los expulsados de nuestro país no dejan de mandar la dolariza: las remesas de los mexicanos en Estados Unidos sumaron entre enero y julio de este año 14 mil 308 millones de dólares, cifra superior al ingreso de divisas por la exportación de petróleo crudo la cual llegó a 12 mil 176 millones de dólares. A no dudar, los compromisos en 2016 serán mayores y los recursos menores. En términos económicos pues, el lenguaje que dominará en la segunda parte de este sexenio será: volatilidad, incertidumbre, desaceleración, recesión, falta de liquidez, recorte presupuestal, devaluación e inflación.

En lo referente a la política de seguridad llevada a cabo por el peñismo, podemos decir que es prácticamente la misma que en el sexenio calderonista, dando como resultado el incremento de los asesinatos llegando a 57 mil 410 hasta el mes de julio pasado, lo cual nos lleva a pensar que en los siguientes años, de no cambiar la “estrategia” cerraremos la estancia de Peña Nieto en Los Pinos con más de cien mil asesinatos violentos en el país. Por otro lado, se mantiene la militarización de la lucha contra el crimen organizado y no se ha llevado a cabo una verdadera y profunda limpieza en los cuerpos policiacos, que erradique la corrupción y el maridaje de varios elementos de “seguridad” con el crimen organizado.

Finalmente, el decálogo para enfrentar la corrupción anunciado por el “presidente” en noviembre del año pasado, fue enterrado por el sepulturero Virgilio Andrade luego de no encontrar culpable al jefe de la familia presidencial de un conflicto de intereses al momento de adquirir su Casa Blanca en las Lomas de Chapultepec.

A pesar de las evidencias que muestran el rumbo gris de la República para los siguientes años, para la clase gobernante seguimos viviendo en la coyuntura histórica, esa que siempre aparece para echar a perder las promesas y proyecciones gubernamentales. Esa coyuntura que a lo largo de dos siglos de vida independiente pareciera que jamás nos abandonará, porque hace las veces de la coartada perfecta para justificar la ineficiencia, impunidad y corrupción de la elite gubernamental mexicana.

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