Ayahualtempa, Guerrero: la infancia entre armas y la guerra del narcotráfico

Niños de este municipio guerrerense con capacitados para hacerle frente al grupo delictivo de Los Ardillos.

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A pesar de que querían seguir estudiando, los niños de Ayahualtempa, Guerrero tuvieron que abandonar las aulas y tomar las armas. De aprender matemáticas, español e historia, ahora los menores han tenido que memorizar cómo se utiliza un arma de gran calibre que cargan a cuestas.

La realidad que se vive en este municipio guerrerense ha provocado que estos menores se «unan» a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de Pueblos Fundadores CRAC-PF, una policía comunitaria que cuenta con 600 elementos y la cual, en los últimos años, le ha hecho frente al crimen organizado, en especial al grupo denominado «Los Ardillos».

Este municipio guerrerense es fiel reflejo del abandono que algunas comunidades del sur de México han padecido a lo largo de años. A merced del crimen organizado, los habitantes han decidido alzarse en armas y defender su territorio. Sin embargo, ante la baja de elementos, la CRAC-PF ha decidido integrar a una treintena de niños, que según los líderes, están preparados para detonar sus armas en caso de alguna irrupción del crimen organizado.

El entrenamiento de los pequeños inicia desde las nueve de la mañana en la cancha de baloncesto y al llegar medio día, realizan ejercicios portando fusiles de calibre ligero y armas de palo. Los niños están vestidos con cubre bocas y calzado artesanal. Sus miradas son fijas y atentas a los gritos que emite Bernardino Sánchez, integrante de la policía comunitaria.

«Posición uno» y todos colocan sus rifles como si fueran a disparar. «Posición dos», rodilla al suelo sin dejar de apuntar. «Posición 3», sentarse completamente en el piso sin soltar el arma. «Posición cuatro», pecho tierra sin perder de vista el supuesto blanco. Y así se repite el adiestramientro una y otra vez.

Después de tanto entrenamiento, Sánchez ordena romper filas. Los niños juegan baloncesto, ríen y se emocionan con cada anotación, pero eso si con el fusil en la espalda. Un poco de diversión entre tanta desolación.

La disputa en Ayahualtempa, entre criminales y policías comunitarios, ha dejado grandes secuelas. 38 pobladores han sido asesinados, 12 están desaparecidos y miles han huido. Las entradas y salidas de este municipio están sitiadas. Nadie sale, nadie entra. Por eso, para los niños de esta comunidad sólo hay una opción: tomar las armas.

«No podemos salir del pueblo, porque en la escuela que íbamos es en Hueycantenango y ahí son los meros que están, Los Ardillos. No podemos ir porque si vamos otro día nos levantan», dice uno de los menores.  

A pesar de que los niños tiene miedo, y que han tomado una responsabilidad que no les corresponde, cada uno de ellos afirma con seguridad: «vamos a defender al pueblo». El objetivo es claro: defender a sus familias de los ataques del grupo criminal de «Los Ardillos».

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