La polémica norma de etiquetado de alimentos en Chile

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Para el gremio de alimentos AB Chile es muy cuestionable la forma en que se mide la aportación nutricional de los comestibles empaquetados, basado en cantidades de 100 gramos y no por porciones.

En el país sudamericano, en 2016 se aprobó una Ley de Etiquetado de Alimentos, con lo que surgieron los discos “PARE”, en color negro, que alertan a los consumidores de los alimentos altos en azúcares, grasas saturadas, sodio y calorías, por lo que varios productos en los supermercados se “vistieron” de luto, plagados con estas señales, que a pesar de todo no entienden con claridad los ciudadanos.

Según una encuesta nacional realizada en Chile, el 60% de los ciudadanos considera que el nuevo etiquetado no ayudará a disminuir la obesidad y 52% no dejó de comprar los productos que siempre adquirían, aunque tuvieran las etiquetas de “PARE”.

La principal crítica a este sistema es que difícilmente alguien consume 100 gramos de dichos alimentos y se sugiere que la medición se base en las porciones por empaque para que se tenga una medida más precisa de lo que se ingiere. Aunque, definitivamente, si la persona consume el producto todas las semanas y todo el tiempo tendrá una ingesta elevada de sodio, caloría o azúcares todo el tiempo.

Es prioritario que los productos estén definidos por porciones, y cuáles serán dichas porciones, y sus criterios nutricionales. Es decir, que estén constituidos de forma correcta y con la información pertinente para que el consumidor pueda tomar la decisión al momento de comprar el producto.

En Chile, los alimentos que exceden los valores máximos recomendados, y que pueden ser nocivos para la salud, en su mayoría siguen a la venta a pesar de tener los sellos de advertencia. Una de las propuestas que se han hecho es que las autoridades y los industriales trabajen en conjunto para reducir las propiedades dañinas en los alimentos, lo que piensa que favorece mucho más al consumidor.

Aunque más que un simple etiquetado, los sectores público y privado deben implementar medidas preventivas inmediatamente, pero cuyos resultados sean medibles a largo plazo con la finalidad de reducir los niveles de obesidad, principalmente en la población infantil.

¿Pero, estas medidas han influido en las compras de los consumidores?

Según sondeo realizado recientemente, tan sólo el 31% de los consumidores cambió de marca o eligió algún otro tipo de producto que no tuviera las etiquetas negras, sin embargo no se cuenta con una cifra contundente que indique un cambio en el comportamiento de parte de los consumidores con respecto a sus marcas preferidas.

Desde la entrada en vigor de dicha ley en Chile hasta hoy, el país sudamericano ha pasado del octavo al segundo lugar entre los países de la OCDE, con mayores índices de sobrepeso y obesidad, ya que entre 2016 y 2017, este problema aumentó 9.3%, que es justo desde que entró en vigencia el nuevo sistema de “octógonos” de advertencia.

Por su parte, en México, entre las políticas y acciones reconocidas como costo-efectivas para el control de la obesidad, se encuentra la orientación sobre la elección de alimentos saludables, a través de un Sistema de Etiquetado Frontal de Alimentos y Bebidas (SEFAB), además de a regulación de la venta de alimentos en el entorno escolar, las campañas educativas, la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas densamente energéticos dirigidos a la población infantil y el impuesto a las bebidas azucaradas.

Actualmente en México hay organizaciones, como El Poder del Consumidor, que impulsan el etiquetado chileno, pese a que no ha demostrado ser lo suficientemente efectivo para reducir la obesidad.

Columnista invitada @AleRodrisMe