Actividad física en el adulto mayor.

A decir verdad, una de las imágenes que más relacionamos con el envejecimiento, es la de el adulto mayor en su mecedora tomando el sol, o simplemente sentado en la sala de la casa

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A nivel internacional, existen estadísticas que indican que el grupo de adultos mayores es el más sedentario. A decir verdad, una de las imágenes que más relacionamos con el envejecimiento, es la de el adulto mayor en su mecedora tomando el sol, o simplemente sentado en la sala de la casa. Muchas veces no permitimos que los adultos mayores tengan actividad física por miedo a que se puedan lastimar o simplemente por consentirlos (el clásico: “deja que alguien más lo haga, porque tú ya trabajaste mucho”), pero de lo que no nos damos cuenta, es que esas conductas sólo favorecen la pérdida de funcionalidad, sentimientos de inutilidad y minusvalía.

Otras barreras para realizar ejercicio son impuestas por los propios adultos mayores. Muchos piensan que el ejercicio ya no es para ellos, y que la realización de actividad física puede resultar extenuante e inclusive peligrosa para su edad. Nada más alejado de la realidad.
Antes que nada, es importante notar la diferencia entre actividad física y ejercicio, ya que muy a menudo se ocupan en forma indistinta. Actividad física es el movimiento corporal producido por la contracción muscular que aumenta el gasto de energía, y el ejercicio es un tipo de actividad física que se define como movimientos corporales planeados, estructurados y repetitivos realizados para mejorar o mantener uno o más componentes del acondicionamiento físico. Aclarado este punto, pasemos a los beneficios que tiene el ejercicio sobre el envejecimiento:

• Mejora la calidad de vida y la sensación de bienestar.
• Reduce la mortalidad. Una persona sedentaria tiene 50 veces más riesgo de morir que una que se ejercita 5 veces a la semana.
• Reduce el riesgo de cáncer, incluyendo el riesgo de cáncer de mama y de colon en un 30 y 10 % respectivamente.
• Un programa de ejercicios multicomponente mejora la marcha, el balance y el equilibrio y con ello reduce el riesgo de caídas.
• Tiene múltiples efectos benéficos a nivel cardiovascular con lo que reduce el riesgo de insuficiencia cardiaca, infartos, reduce la presión arterial, etc.
• Mejora la memoria y reduce el riesgo de padecer demencia.
• Reduce el riesgo de diabetes mellitus.
• Incrementa la masa muscular y reduce el riesgo de osteoporosis.

Estos son solo algunos de los beneficios que puede alcanzar un adulto mayor al hacer ejercicio. Algunas recomendaciones generales antes de iniciar un programa de ejercicio:

• Siempre es necesario una valoración médica al iniciar cualquier programa de ejercicio.
• El nivel de esfuerzo para la actividad física debe estar relacionado con la habilidad y el nivel de acondicionamiento.
• Propiciar la participación en las actividades cotidianas, siempre favoreciendo un ambiente de seguridad.
• Iniciar con poca intensidad y avanzar de acuerdo a los logros.
• Se puede empezar con una caminata ligera y/o ocupar ligas de resistencia.
• Mantener un ambiente alegre y divertido

Recuerda, lo importante es mantener un envejecimiento funcional y activo. El médico geriatra podrá orientar en forma más específica para iniciar la actividad física en un adulto mayor.

Dr. Guillermo Rodríguez Ayala.

Médico internista con subespecialidad en geriatría

Tw: @IntegralisGC