Capítulo 2: La señal en el bosque

Toda la mañana transcurrió de manera extraña, aquel sueño fue muy diferente a cualquier otro y fue tan inquietante que no pude hacer nada en toda la mañana mas que recordar cada cuadro, cada escena y todo me conducía al mismo sitio, ese desván que llevaba años olvidado. No pensaba en otra cosa que en llegar a casa y ver que era aquello que intentaba mostrarme ese sueño.

Comparte/

Share on twitter
Twitter
Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp

Toda la mañana transcurrió de manera extraña, aquel sueño fue muy diferente a cualquier otro y fue tan inquietante que no pude hacer nada en toda la mañana que recordar cada cuadro, cada escena y todo me conducía al mismo sitio, ese desván que llevaba años olvidado. No pensaba en otra cosa que en llegar a casa y ver que era aquello que intentaba mostrarme ese sueño.

Eran las 8:35 pm llegué a casa y antes de entrar vi que la luz de mi recámara estaba prendida, ¿acaso olvidé apagarla? De pronto una sensación extraña invadió mi cuerpo, pero no, tenía que saber qué ocurría, así que me dispuse a entrar, aventé las llaves en la mesa, le dije a Alexa que prendiera todas las luces de la casa y cómo es costumbre, mi Playlist de Frank Sinatra. Me serví una copa de vino como todos los días (y para tomar valor) y subí las escaleras hacia el desván.

Abrí la puerta que como todas las puertas de un desván iba a rechinar, prendí aquella la luz amarilla que emitía un sonido de interferencia y de inmediato noté algo extraño. Había cajas que a pesar de los años, recordaba que no estaban en ese lugar y otras cajas tiradas con las cosas por todos lados. Me puse a recoger todo y en medio de tantos recuerdos, fotos, cuadros, reliquias familiares, aparatos viejos, había un cuadro roto que parecía mostrarte algo. Ese cuadro que por años deslucía entre todas las curiosidades obtenidas a lo largo de los años, resaltaba en ese momento como si quisiera mostrarme algo. Era una pintura en acuarela de un bosque oscuro que parecía no tener importancia, levante los vidrios y al mover el marco vi que en la parte de atrás había un poema:

 

Por lo tanto nunca más pasearemos
hasta las altas horas de la noche,
aunque el corazón siga enamorado,
y aunque siga brillando la luna.

Pues la espada gasta la vaina
y el alma gasta el pecho,
y el corazón debe detenerse para tomar aliento
y el mismo amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
y el día vuelve demasiado pronto
nunca más pasearemos
a la luz de la luna

Crónicas marcianas. Ray Bradbury

 

Era un poema inusual, con la cita de un libro, Crónicas Marciana de Lord Byron. Al leer la cita, unos libros viejos cayeron del estante y sí, estaba el libro de aquel poema. Lo abrí y buscando la fuente y la hoja tenía algunos escritos y frases, y un separador que era un mapa turístico del Parque Nacional «El Chico» y lo más peculiar era que había un punto marcado en medio de la nada, ¿que había? El misterio era cada vez más intrigante, ¿qué descubrió mi padre en ese bosque?

¿Qué pasa? ¿Qué hago aquí?

Abrí los ojos y estaba en el bosque, pero, ¿cómo llegué aquí? Hacía frío, son las 2:30 am, me quedé sin señal y no traía llaves ni cartera, el sonido del bosque se escuchaba espectral y la soledad me hacía sentir en una de mis pesadillas. Caminaba sin rumbo, no había camino ni sendero, de repente una nube se movió y la luna iluminó todo. A lo lejos noté unos escalones, pero era imposible, ¿en medio del bosque? Caminé y baje los escalones, me pareció escuchar unos murmullos a lo lejos y me detuve un momento, pero no había opción, tenía que seguir y bajar esos escalones. ¿Acaso era lo que mi padre quería mostrarme?