CIDH: Letras vemos, intenciones no sabemos

Como era de esperarse, más que meterse de lleno a la defensa de los derechos humanos, a lo que ya le entraron fue a la política. Ya anunciaron que enfocarán sus esfuerzos para meter su cuchara en la aprobación de la Guardia Nacional.

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La Comisión INTERAMERICANA de Derechos Humanos cuenta con 465 mil seguidores en su cuenta de Twitter, mientras que en Facebook, 526 mil personas siguen su perfil. Por otro lado, la autollamada Comisión IBEROAMERICANA de Derechos Humanos suma 15 y 331 seguidores en cada red social, respectivamente.

Las siglas de ambas agrupaciones son las mismas: CIDH; sin embargo, sólo la primera cuenta con 60 años de labor en pro de los derechos de todos, mientras la otra no cuenta ni con sitio oficial en internet.

Como decir que El Santo aparecerá en los nuevos billetes de 200 pesos, o que México será campeón en el próximo Mundial, así de ilusoria es esta supuesta Comisión Iberoamericana, cuyos intereses se limitan a los de sus dirigentes.

Es tramposo aprovechar el prestigio de tan poderosas siglas, pertenecientes a un órgano autónomo adscrito a la Organización de Estados Americanos (OEA); peor aún, es abusivo buscar el despiste de quienes leen noticias y son incapaces de notar la truculenta diferencia.

Por ejemplo, en septiembre del año pasado, el diario El Universal publicó una nota: “CIDH pide a López Obrador evitar descalificaciones a los medios”. La publicación fue retomada por otros medios pero, ¡sorpresa!, no era la auténtica Comisión Interamericana, sino la “Comisión Iberoamericana” aprovechando el nombre de las siglas de la primera para tener la atención de la prensa.

Como era de esperarse, más que meterse de lleno a la defensa de los derechos humanos, a lo que ya le entraron fue a la política. Ya anunciaron que enfocarán sus esfuerzos para meter su cuchara en la aprobación de la Guardia Nacional.

Evidentemente, la defensa de los derechos humanos no le pertenece únicamente a la verdadera CIDH, sino a cualquier ser humano, simplemente, por serlo. No se trata de prohibirle a la “Comisión Iberoamericana” que proteja derechos. De lo que sí se trata, es de cuestionar si en verdad es lo que buscan y, desde luego, la forma en la que lo pretenden.

Más allá de las edades de ambas organizaciones, o de la diferencia entre la cantidad de seguidores en redes (lo cual sí puede ser una referencia), la duda cabe cuando vemos que Víctor Hugo Gutiérrez Yáñez, quien se expone como presidente de la “Comisión Iberoamericana”, fue asambleísta del PAN en la Ciudad de México.

Última duda razonable: ¿Quién los comisionó?

La solución para quienes somos lectores de noticias es simple: leer con cuidado el cuerpo de las notas, pues ahí es donde se debe aclarar si se trata de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o de la otra.

Letras vemos, intenciones no sabemos.