CÓMO ACEPTAR EL DIVORCIO DE NUESTROS AMIGOS

Creo que a mi esposo le molesta la brecha que existe entre hombre y mujer en cuestión de derechos, en este caso lo llama él egoísmo en la mujer pues cuando el divorcio se da en matrimonios donde él tiene mejor salario se ve obligado a dar una pensión a ella, cosa que no sucede en el caso contrario.

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¿Por qué es tan difícil hablar de Jorge y Carolina con mi esposo? Llevan ya diez años divorciados y creo que los únicos que no lo hemos asimilado somos nosotros. Jorge y Carolina son (¿ves? No lo acepto), digo, eran un matrimonio que se formó hace veinticuatro años, o sea que estuvieron unidos catorce. De esa relación nacieron Gerardo y Gaby, dos adolescentes que desde el divorcio viven con su madre.

Antes de platicarles sobre ellos, el tema que a mí me preocupa es que cuando en casa surge una conversación donde aparece cualquiera de los dos, mi esposo y yo creamos un campo de batalla defendiendo él a Jorge y yo a Carolina. ¿Por qué nos resulta tan difícil entender y aceptar el divorcio de nuestros amigos?

Jorge es amigo de la familia de mi esposo desde hace treinta años, con esto les explico que la que entró al círculo de amistades posteriormente fue Carolina, la ahora ex esposa. Con el paso de los años me hice muy buena amiga de ella: las reuniones entre todos los amigos, comidas, bodas, cumpleaños nos llevaron a hacer amistad entre todas las esposas. Se hizo una complicidad con dos de nosotras hacia Carolina pues nos empezaba a platicar lo mal que la trataba Jorge: su machismo y mediocridad al no querer superarse profesionalmente era lo que más le molestaba a ella y por ende el amor que ella podría sentir por él se secó años antes del divorcio.

Hubo señales de infidelidad que ella notaba con cierta indiferencia, aunque las discusiones entre ellos crecían día con día con mil pretextos. Aquí entra lo que yo considero el punto central de este tema: ella ganaba más que él y era más exitosa en su trabajo. La gota que derramó el vaso y la llevó a ella a pedir el divorcio fue una fuerte discusión entre Jorge y el hijo adolescente que acabó (cuenta ella) en violencia física.

Las psicólogas Susana González Montoya y María Rosario Espinosa, en su investigación “Parejas Jóvenes y divorcio” explican que el motivo principal de divorcio en parejas jóvenes son problemas relacionados con áreas de poder, dinero, fidelidad y manejo y cuidado de los hijos.

Cada vez con más frecuencia se ven mujeres que luchan por obtener un lugar en el ámbito laboral y su desarrollo profesional les da la posibilidad de ascender a puestos gerenciales o de dirección y así tener mejores ingresos, a veces más que su esposo. El empoderamiento de la mujer desarrolla en ella la capacidad de libertad e independencia y en algunas ocasiones eso hace mella en las relaciones de pareja.

Creo que a mi esposo le molesta la brecha que existe entre hombre y mujer en cuestión de derechos, en este caso lo llama él egoísmo en la mujer pues cuando el divorcio se da en matrimonios donde él tiene mejor salario se ve obligado a dar una pensión a ella, cosa que no sucede en el caso contrario.

Mi esposo y yo nunca discutimos con quién se iba a mantener la amistad, era obvio que él iba a seguir siendo amigo de Jorge y yo podía mantener amistad sin ningún problema pues realmente con quien hicimos verdadera amistad fue con cada uno de los miembros de nuestro mismo sexo.

Susana González también sugiere que lo ideal es no romper la amistad con el miembro con quien se tiene el vínculo más estrecho pues es señal de lealtad para la persona que en ese momento está viviendo el momento más difícil de su vida. Creo que lo hicimos bien. Fuimos apoyo para ambos, cada quien por su lado, pero nunca tomamos el papel de réferi para juzgar a la otra parte.

Lo curioso es que hoy en día mi esposo y yo siempre defendemos cada quien a su amigo y culpamos al otro por el divorcio. Él no entiende que yo como mujer siempre voy a defender a Carolina que es la que se quedó con los hijos y la que prácticamente los mantiene. Y honestamente no entiendo cómo él puede defender a un hombre con actitud machista que sigue en el mismo trabajo desde hace treinta años con un sueldo mínimo y ningún interés por superarse y que casi vive con su mamá la cual ya no lo aguanta. Es cierto que en nuestra sociedad, las condiciones de la mujer en muchos sentidos están por encima de la de los hombres.

Como ven parece que esta lucha campal seguirá cada vez que ellos salgan al tema. No sé si sea necesario que mi esposo y yo nos sentemos a dialogar al respecto o bien, que mejor no volvamos a mencionarlos y sigamos cada cual con su amistad. ¿Ustedes qué opinan?

Twitter: @yarzatev