Conflictos y recelos latinoamericanos: una historia de telenovela

La historia de Latinoamérica es una historia de hermandad entre naciones pero también de conflictos entre las mismas: ¿nos podremos unir?

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Cuando nos preguntan sobre nuestras raíces y nuestra historia, la mayoría de los latinos respondemos con orgullo y fidelidad acerca del lugar de donde venimos; la odisea que fue todo el proceso de independencia y de reconstrucción de los nuevos países, las alianzas y amistades que formamos al debido tiempo con los demás Estados latinoamericanos, el camino emprendido hacia el progreso, entre otros. Sin embargo, en nuestra historia conjunta nos encontramos con una serie de conflictos, disputas y desacuerdos que opacan alguna que otra relación entre latinos de diferentes países. De este modo, aun cuando entre todos nos defendamos los unos a los otros frente al resto del mundo, dentro de nuestros propios entornos existen recelos que se hallan tanto tácita como expresamente.

No pretendo unirme a aquel ideal inspirado en las aspiraciones de Simón Bolívar, quien soñaba con una América Latina unida bajo un mismo régimen, con la justificación de que “aquellas tierras” compartían historia, cultura, idioma y religión, y era por ello que debían estar unidas. Esta idea algo romántica, difícilmente podría aplicarse en la actualidad debido a la complejidad y heterogeneidad de las diferentes realidades que conviven en una sola sociedad, las cuales a su vez se mezclan con aquellas que existen dentro de un estado, de un país y de un subcontinente. Incluso pienso que ni siquiera en antaño puedo haberse aplicado a causa de los conflictos que nacieron hace ya algunos años atrás, mismos que en consecuencia darían paso a los actuales recelos, reclamos y tensiones.

Ejemplo de estos conflictos sería la Guerra del Pacífico que se desarrolló durante el último cuarto del siglo XIX y que involucró a los países de Chile, Perú y Bolivia. Cabe destacar que aunque la guerra duró cuatro años y dio lugar a unos de los episodios más sangrientos de la historia tanto latinoamericana como sudamericana, la consecuencia más importante fue el territorio cedido a Chile, el cual antes pertenecía a Perú y a Bolivia. Y lo que es más relevante aún, todo fuera por la explotación del salitre, Chile se quedó con la parte de Bolivia que tenía una salida al mar; una disputa que todavía los bolivianos pelean y territorio que todavía quieren recuperar, situación que los chilenos, según pareciera, no van a consentir. Estamos hablando ya de más de 100 años de tensión y de un tema muy delicado para ambas Naciones.

Otro conflicto que terminó en recelo y reproche, también desarrollado en el Cono Sur,  fue la disputa por la soberanía de las islas Malvinas. Aquella guerra de 1982 que duró un mes y dos semanas, en la cual Argentina peleaba contra la potencia naval más poderosa del mundo en aquel entonces, la británica, dividió al continente americano en dos: los que apoyaban a Gran Bretaña y su posición en lo concerniente a las “Falkland Islands”, y los que estaban del lado de la posición argentina y su referencia a las islas como Las Malvinas. Casi todos los países de América Latina se pusieron a favor de Argentina, a excepción de uno solo: su vecino en la punta de Sudamérica, Chile. Aunque, por lo general, un chileno no es tan mal recibido en Argentina, sí es motivo de reproche debido a la gran importancia que los argentinos le dan a las islas. Y para ti, hermano latino, las islas Malvinas ¿son argentinas o británicas? ¿se llaman Malvinas o Falkland Islands? Cabe decir que este es un tema muy delicado para un argentino, y que uno debe de tener cuidado a la hora de dar a conocer su opinión respecto al tema. En lo concerniente al porqué Chile no apoyó a la posición argentina, sus razones fueron en parte influenciadas por las relaciones económicas que se tenían con el Reino Unido, ya que conformaba uno de sus principales clientes. Y no está de más agregar, que la única manera en la que un argentino puede tener acceso o posibilidad de visitar las Malvinas es a través de Chile y sus aeropuertos. No existe otra forma de llegar a ellas.

Y así podemos continuar con más tensiones y rencores que se originaron de conflictos y procesos de separación e independencia como: la mala constumbre de un argentino al referirse a Uruguay como “otra provincia argentina”; la huella que dejaron los grandes cárteles de Colombia y México en las mentes de los latinoamericanos, y cuyo legado tiene una gran influencia en la manera de ver a estos países; la rivalidad entre Cuba y la República Dominicana; etc. También, hay tensiones que si bien no han nacido de un conflicto tienen el potencial de ocasionar uno en un futuro cercano: como la disputa por el Acuífero Guaraní y el cómo proceder para su uso adecuado. Problemática que puede anexarse a los llamados “Conflictos por el agua”, un fenómeno que últimamente está ganando popularidad y es motivo de ansiedad y preocupación; y, asimismo, los problemas económicos que pudieran suponer a Panamá a partir de la construcción de otro canal en Nicaragua, además de los posibles daños que se podrían hacer a la biodiversidad que ahí habita.

Bien dijese Simón Bolívar: “nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad”, no hay que menospreciar los sentimientos de empatía hacia otras culturas y formas de pensar, no hay que temerle a verse débiles por ceder ante las adversidades; si bien la política es una representación y un reflejo del pueblo, lamentablemente este último no se ve definido en su totalidad en la política. Ya hace siglos que América Latina está sangrando, y cuyas heridas todavía no logra sanar en parte debido a su orgullo malherido por tantos años de colonialismo e invasiones, mismo que no la deja ver más allá de las discordias y desacuerdos entre los Estados latinoamericanos. Y, aun cuando no soy partícipe de cumplir con el sueño de Bolívar, como ya dije anteriormente, soy de la opinión de que no perdemos nada en ayudarnos los unos a los otros, encaminándonos juntos hacia el progreso en vez de frenarnos entre nosotros. Al fin y al cabo, todos los latinos parecemos contar con un entendimiento mutuo, que si se utiliza debidamente, podría alcanzar grandes cosas.