Consumismo en América Latina

El consumo es uno de los principales factores que estimulan el crecimiento de una economía. Por lo general, supone una reducción en la pobreza al estimular la producción, y aumentar el tamaño de una economía.

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Por Daniel Saa

El consumo es uno de los principales factores que estimulan el crecimiento de una economía. Por lo general, supone una reducción en la pobreza al estimular la producción, y aumentar el tamaño de una economía. Aunque el crecimiento de una economía no necesariamente significa la distribución equitativa del capital generado. De la misma forma, es importante tomar en cuenta que el consumismo puede traer consigo graves consecuencias a largo plazo. El exceso en el consumo significa una alta liquidez, crédito fácil y el posterior endeudamiento de los hogares.

En los últimos años, dentro de la región latinoamericana, la deuda acumulada de los hogares se ha disparado. De acuerdo con datos obtenidos de la firma Morgan Stanley, los hogares chilenos son los que cuentan la mayor parte de su ingreso disponible destinado al pago de deudas, al gastar un 60% de este mismo, seguido por Brasil en donde los hogares destinan el 30% de su ingreso. En un nivel macroeconómico, los créditos para la compra de vivienda siguen siendo los de mayor peso, al representar un 20% del PIB en Chile,  en México y Colombia se acerca al 10%. (Gray Molina, 2016)

Para entender el efecto negativo del consumismo debemos entender cómo esto afecta en un nivel macroeconómico. Si las salidas de capital no son contrarrestadas por el Banco Central veremos una gradual “compresión” que habitualmente termina en devaluación dolorosa. América Latina ya tiene mucha experiencia con este circuito. Si se profundiza la desaceleración, se empiezan a poner nerviosos los prestamistas, porque se van secando las fuentes de crédito, y se van poniendo nerviosos los depositantes, por lo que el sistema financiero se paraliza.

Dicho lo anterior podemos asegurar que el consumismo trae consigo efectos positivos tanto negativos. Entre los efectos positivos encontramos el acceso a bienes y servicios que mejoran la calidad de vida, así como un motor de crecimiento económico. Como hemos mencionado anteriormente el consumo es procíclico, expone a las economías a una mayor vulnerabilidad, aumenta la brecha de la desigualdad y una mayor contaminación por el gasto de energía y la acumulación de desechos.

Para 2020 habrá en Latinoamérica cerca de 640 millones de consumidores, el consumo se habrá duplicado a partir del 2012. Esto se puede interpretar en distintas formas, los niveles de consumo sirven como un medidor del estado de la economía. Entre más consumo, más transacciones, empleo y producción. Aunque es importante destacar que existe un mayor riesgo de inflación.

De cara al futuro, en América Latina, es importante que exista una buena gestión del capital por parte de los gobiernos y bancos centrales. Si bien entendemos que el consumo puede ser un motor importante para el crecimiento de nuestras economías, es importante notar que este mismo es muy elevado y crece a un ritmo vertiginoso. Lo anterior trae consigo situaciones críticas de deuda, que a largo plazo trae consigo situaciones inestables en donde la deuda acaba afectando la seguridad económica de los hogares y naciones. No olvidemos la historia, en Latinoamérica ya ha habido severas crisis a raíz de la deuda e inflación.