De aeropuertos y consultas

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En los últimos días se ha tocado temas que han generado discusión en medios y redes, pero al parecer pocos como el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que en el discurso de campaña de Andrés Manuel aparecía como un monumento a la corrupción. Se dijo que se cancelaría para después cambiar la tonada y mencionar que se revisarían los contratos. Para todavía después poner sobre la mesa la opción de Santa Lucía, pero que la decisión la tomarían los ciudadanos en un ejercicio democrático, una consulta que no sabíamos cómo, cuándo, ni quién la haría, bueno eso último sí, quedaba claro que ellos realizarían la consulta, ¿pero con base en qué?

El artículo 35 constitucional establece que las consultas populares deben ser convocadas por 1) el Presidente de la República, 2) El equivalente al treinta y tres por ciento de cualquiera de las Cámaras del Congreso de la Unión y 3) Los ciudadanos, en un número equivalente, al menos, al dos por ciento de los inscritos en la lista nominal de electores. Además, para ser vinculante, el INE debe ser quien organice la consulta y debe realizarse el día de la elección federal, la cual será hasta 2021. Como para entonces ya no le serviría de nada al presidente electo, pues ni para qué voltear a ver la Constitución, mejor hace su propio ejercicio con sus propios medios y él mismo le da el carácter de vinculante.

Con eso tenemos para empezar. Una de las críticas que se le puede hacer a la encuesta que se realizará en los próximos días es que no tiene un sustento legal, aunque eso no significa que sea ilegal, pero no cuenta con los requerimientos necesarios para ser vinculante, a pesar de que el presidente electo haya dicho que sí lo será.

A pesar de ello, el equipo de Andrés Manuel ya puso fecha y lugares en los que se realizará la encuesta. Será entre el 25 y el 28 de octubre, en 1,073 mesas que serán distribuidas en 538 municipios de todo el país (aquí se pueden consultar las ciudades en que se instalarán las casillas http://mexicodecide.com.mx/urnas-de-consulta) y serán entre 500 mil y un millón de boletas las que se utilizarán.

Y aquí sale a la vista otro detalle, si acaso imprimieran el millón de boletas, eso supera apenas el 1% del listado nominal nacional, siendo que el 35 constitucional menciona que, además de los requerimientos mencionados, para que una consulta sea vinculante en ella debe participar al menos el 40% del listado nominal. ¿La opinión de un millón de personas le puede dar legitimidad a una decisión del ejecutivo? Pues al menos para el próximo presidente esa cantidad es suficiente para decidir y ya tiene listas las fechas, lugares y la pregunta para su consulta.

Los ciudadanos tendremos que responder a lo siguiente: “Dada la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México ¿cuál opción piensa usted que sea mejor para el país?” Quienes participen tendrán dos opciones de respuesta, la primera es: “Reacondicionar el actual aeropuerto de la Ciudad de México y el de Toluca y construir dos pistas en la base aérea de Sata Lucia”. La segunda dice así: “Continuar con la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco y dejar de usar el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México”.

Esas dos respuestas a la pregunta anterior definirán el futuro del NAIM, pero, ¿estamos los ciudadanos realmente informados sobre los temas que se discuten y su trascendencia? La consulta, como está planteada, ¿es un buen mecanismo para tomar una decisión de tal magnitud?

Respondiendo a la primera pregunta, desde mi forma de ver las cosas, la respuesta es no. Actualmente no estamos lo suficientemente informados al respecto, no creo que entre la gran mayoría de los mexicanos se cuente con el conocimiento necesario para votar a conciencia sobre el tema. Esto no me parece bueno en un ejercicio de este tipo, pues se puede terminar eligiendo una opción inviable que termine siendo más costosa de lo esperado. No es que esté tomando postura, pero hasta el momento no existe, al menos que sea conocido públicamente, un estudio que avale la viabilidad de la opción de construir en Santa Lucía y mantener el aeropuerto Benito Juárez, aunque a fuerza el equipo del próximo gobierno quiera imponer esa opción. Hasta los chilenos que trajeron a hacer el estudio les recomendaron que hicieran otro estudio con expertos internacionales para que les dieran su diagnóstico del caso para estar seguros de su viabilidad. ¿Para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?

La respuesta a la siguiente pregunta, (La consulta, como se planea organizar, ¿es un buen mecanismo para tomar una decisión de tal magnitud?) es otro no, a mi forma de ver las cosas. Me explico. El ejercicio parece mal planteado desde el hecho de que se le preguntará igual a habitantes de Baja California, Chihuahua, Quintana Roo y Yucatán como a los de CDMX y Estado de México, siendo los de estas dos últimas entidades los más interesados en lo que sucederá. A mi parecer, el tema les compete más a personas que habitan el centro del país porque serían los más afectados o beneficiados, según la decisión final.

Aquí vendría un problema, ¿y si se terminan las boletas en la Ciudad de México? Porque, suponiendo que se imprimieran un millón de ellas, entre las 1,073 mesas que se instalarán, nos da un aproximado de 931 boletas por mesa, en caso de que se repartan de manera equitativa, claro. Esas 931 por las cien mesas que se instalarán en la Ciudad nos dan 93,100 boletas para una lista nominal de más de 7 millones y dado que será la población más afectada, seguro habrá un nivel alto de participación y si las boletas llegaran a ser insuficientes quizá muchos se quedarán sin participar. Imagine usted que se queda sin poder votar y alguien más en Delicias, Chihuahua vota en su lugar, y lo peor, que lo haga por la opción que usted no quería. ¡Lástima Margarito!

Así nos damos cuenta de que este ejercicio, aunque tiene una muy buena intención de tomar en cuenta la opinión del ciudadano, puede no estar pensado de la mejor manera, lo que deja lugar a dudas y sospechas, pues hay quienes piensan que solo se trata de una simulación para “legitimar” una decisión que ya está tomada o, para al final de cuentas, si las cosas no salen bien, quedar exonerado de toda culpa al argumentar que fue el pueblo sabio el que decidió. Si me preguntan, me parece más que va por lo primero, pero cada quien tendrá su opinión y cual sea la decisión que se tome, el próximo presidente recibirá duras críticas; ya sea de la oposición, por detener proyectos tan importantes por un capricho (si la opción de Sta. Lucía fuera viable no sería un capricho) y dar una mala imagen a la inversión privada; o de sus mismos votantes, en caso de continuar la construcción, por echarse para atrás en sus promesas de campaña. Por lo pronto a prepararse para participar en el ejercicio democrático de los próximos días esperando no sea solo para “taparle el ojo al macho”.