De lejos se ven los toros, de cerca se torea

Tras denunciar la miopía del mandatario ante los efectos de sus queridos aranceles en negocios y consumidores norteamericanos, Sarukhan describió la nueva política exterior estadounidense

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Por Daniela Guerrero

El domingo 16 de junio, el antiguo embajador de México en EEUU, Arturo Sarukhan, publicó un texto titulado: “México es una pieza de utilería en la narrativa política de Donald Trump.”

Tras denunciar la miopía del mandatario ante los efectos de sus queridos aranceles en negocios y consumidores norteamericanos, Sarukhan describió la nueva política exterior estadounidense. Trump no solo ha convertido el comercio en su arma predilecta, sino que opta por rabietas y ultimátums como lenguaje oficial.

Este lunes, el mandatario ilustró las descripciones del ex diplomático con un caprichoso tweet, felicitando a México por sus “fuertes leyes migratorias.”

Acompañado por avivadas nociones de primacía norteamericana que el ímpetu migratorio ha generado en su base, Trump anunció este martes su reelección en Florida.

De lejos, se ven los toros. Todo es palpable, claro, incluso obvio. Las críticas al carácter de Trump, a la incompetencia del Gobierno Federal, al doblegue de nuestro país, a la ridiculez de todo el asunto, tienen algo en común: distancia.

En este punto de la crisis binacional, denunciar la irascibilidad del presidente vecino, sumergirse en la insensatez fundamental de las tarifas y lamentar la militarización de la frontera, se vuelve fatuo.

De lejos, se ven los toros. Un Canciller contra las cuerdas, una Secretaria de Gobernación que desconoce como entraron los centroamericanos, un Secretario de Seguridad Pública cazando migrantes en camiones. El toro más predecible para muchos parece ser el mismo Trump: está loco, no sabe lo que hace, su comportamiento es inadmisible, es odiado en su país.

Sin embargo, solo se puede torear de cerca, sin la grandilocuencia de los juicios a distancia. Los 45 días están corriendo y pontificar sobre desaciertos y frustraciones sirve de poco. Lo único que realmente importa, es torear exitosamente.

De cerca, se torea. Marcelo Ebrard hizo un llamado al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) y al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) para concretar el Plan de Desarrollo Integral para Centromérica. “No nos dejen solos,” dijo a la comunidad internacional. Hoy, el canciller se reúne con António Guterres, Secretario General de la ONU, para discutir apoyos ante la crisis migratoria.

De cerca, se torea. Los protocolos de migración se endurecen, fuerzas militares llegan a los márgenes del Río Bravo, el Gobierno Federal trata de satisfacer el inestable “criterio” de Trump sobre que reducción será suficiente. La Secretaría de Economía anunció un listado de productos estadounidenses que podrían ser castigados.

La militarización de políticas comerciales y migratorias se presenta como realidad innegable. Sirve más medir a Trump que ridiculizarlo. El pragmatismo debe imperar.

De cerca, todo es más incierto, voluble, anómalo. No hay dimensiones uniformes ni conceptos redondos. Aunque ver a los toros con nitidez parece clave, hoy, lo único que importa es torear.