Debate Demócrata 2020: No entienden que no entienden

El martes 15 de octubre se llevó a cabo el cuarto debate del partido Demócrata, en el cuál participaron 12 candidatos presidenciales durante casi tres horas. A pesar de la cantidad de acontecimientos durante los últimos meses, pocas cosas parecen haber cambiado en el mundo de los demócratas. Los tres candidatos mejor posicionados antes de comenzar la campaña.

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El martes 15 de octubre se llevó a cabo el cuarto debate del partido Demócrata, en el cuál participaron 12 candidatos presidenciales durante casi tres horas. A pesar de la cantidad de acontecimientos durante los últimos meses, pocas cosas parecen haber cambiado en el mundo de los demócratas. Los tres candidatos mejor posicionados antes de comenzar la campaña — el antiguo vicepresidente Joe Biden, la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, y el senador por Vermont Bernie Sanders — continúan a la delantera. El resto se mantiene en el segundo plano, con pocas oportunidades de crecimiento. 

 

A nivel nacional, Biden (26%) y Warren (23%) encabezan las encuestas, separados por un margen cada vez más estrecho, con Sanders (16%) en tercer lugar. Dado que los nueve candidatos restantes no alcanzan cifras dobles, la atención del público se concentra en esta tercia. 

 

Biden y Sanders tuvieron un par de semanas difíciles, con problemas de percepción en la opinión publica norteamericana.

 

Tras el inicio de la investigación de destitución al presidente Donald Trump el 24 de septiembre y los ataques directos del mandatario a Biden y su hijo Hunter sobre presuntos fraudes en Ucrania, el candidato demócrata no decayó en las encuestas. A pesar de mantenerse, su candidatura parece haber llegado a un punto de estancamiento. Por su parte, Sanders enfrentó problemas de salud al sufrir un infarto a principios de mes, renovando preocupaciones sobre la aptitud física del candidato de 78 años. 

 

Con 16 semanas para la asamblea electoral de Iowa, hoy Warren se perfila como la candidata demócrata predilecta. En la encuesta más reciente realizada por la Universidad George Washington, la senadora lidera el campo demócrata (28%), seguida por Sanders (21%) y Biden (18%). 

 

Mientras que el crecimiento continuo de Warren durante las últimas semanas resulta importante, partidarios de Biden insisten en la última encuesta del Wall Street Journal que indica la ventaja del antiguo vicepresidente sobre Warren en una elección general contra Trump. De acuerdo con esta predicción, Biden vencería al mandatario por siete puntos, mientras que Warren lo haría por dos puntos. Esta cifra resulta alarmante para algunos demócratas, puesto que esos dos puntos fueron el margen con el cual Trump derrotó a Hillary Clinton en 2016. 

 

El debate del martes encapsuló las dificultades de un partido demócrata que pierde el tiempo sin decidirse. 

 

Por primera vez, Warren fungió como el foco de la discusión. Para algunos, esto se debió a su creciente popularidad. Para otros, la fuerte desconfianza ante su plataforma motivó los ataques de sus contrincantes. La senadora tuvo cuatro oportunidades para responder la pregunta que hasta ahora evita: si su plan de cobertura universal de salud aumentaría los impuestos sobre la clase media estadounidense. Mientras Sanders reconoció abiertamente que los impuestos subirían según su plan, Warren viró con respuestas genéricas sobre la reducción total de costos, el largo plazo, y los supuestos billonarios y grandes corporaciones que pagarían la cuenta. A pesar del floreado lenguaje de la senadora sobre la salud como derecho universal, la erosión de la cobertura privada que su plan infiere es percibida como una medida tóxica y divisiva por segmentos considerables de votantes y legisladores.   

 

En el corto plazo, Warren parece funcionar. Durante el debate proyectó confianza y fuerza, sin disculparse ni dudar sus posiciones. Su preparación se notó en una actuación contundente. «Entiendo que esto es difícil, pero creo que como demócratas, tenemos éxito cuando soñamos en grande y peleamos fuerte, no cuando renunciamos antes de comenzar», dijo. 

 

Sin embargo, una mirada más cercana exhibe sus contradicciones y conflictos como candidata. Sensible a ser agrupada con el conjunto de conocedores privilegiados de Washington, Warren enfatizó su inicio tardío en la política tras una carrera económicamente modesta como académica. Cautamente, prefirió no nombrar a sus empleadores, Harvard y Pennsylvania University, dos de las instituciones más prestigiosas — y elitistas — del país. Warren opta por posicionarse como una americana promedio por encima de las pretensiones políticas de sus rivales, una calificación engañosa y artificial. 

 

Durante el debate, los candidatos rechazaron las simplificaciones de Warren sobre el sector privado y la acusaron de denigrar al libre mercado norteamericano con promesas populistas de justicia social que no se sostienen más allá del podio. La insistencia de Warren en regular y debilitar monopolios digitales como Facebook, Amazon, y Google resulta alarmante para ciertos sectores. La mayor razón de alarma proviene de la inspiración de su retórica en doctrinas anti regulatorias del siglo XX, una fórmula que muchos califican como anticuada e inviable. 

 

Las criticas generales a su carácter político “excesivamente liberal,” poco práctico, y divisor, revelan una de las vulnerabilidades más importantes de Warren: lo indistinta que es de Sanders. La elegibilidad de ambos senadores no parece trascender ciertos círculos de izquierda. Además, la base de estos votantes se divide entre los dos. El rechazo de Republicanos y Demócratas moderados, así como de votantes indecisos a candidatos como Sanders y Warren recae en una profunda falta de sensibilidad hacia grupos que no se ven representados en sus políticas. 

 

Ante el “radicalismo” que Warren y Sanders arrastran, Joe Biden se alza como el antídoto conciliador que falla una y otra vez. El único de los tres candidatos con experiencia concreta como estadista y el único capaz de apelar a un público más amplio, Biden parece incapaz de consolidar su posición inicial a pesar de contar con elementos que Warren y Sanders carecen. 

 

Por cada buena respuesta en el debate, el antiguo vicepresidente presentó errores semánticos. A pesar de que ha sido abierto sobre su experiencia con el tartamudeo durante su niñez, Biden es constantemente atacado por su manera de hablar. Este debate no fue la excepción y las deconstrucciones microscópicas de su pronunciación extraña de la palabra “exponencial” y su confusión entre Iraq y Afganistán lo declararon perdedor inmediato. 

 

Las premoniciones del partido demócrata parecen asegurar que Biden ha perdido su momento, sin dejar claro si Warren o Sanders ahora lideran. El apoyo de sectores significativos de votantes afroamericanos, los esfuerzos extraordinarios de Trump para descalificarlo, y el perfil de un candidato imperfecto pero viable para muchos que jamás se alinearán a Warren y Sanders, se desvanecen ante discusiones superficiales. 

 

Se habla de la vejez del candidato en una contienda en donde el promedio de edad es sumamente elevado; se discuten sus respuestas “débiles” ante acusaciones que carecen ningún fundamento; se consideran teorías sobre “tapados” demócratas como Pete Buttigieg y Amy Klobuchar que pueden remplazarlo como rostro del centro. 

 

Aún reconociendo que Biden no está mostrando la versión más aguda de sí mismo que probablemente necesita, resulta importante recordar que el propio partido demócrata descalifica a su candidato más viable en cada oportunidad que tiene, ayudando a un mandatario que quería eso desde el principio. El hecho de que Trump considere a Biden su mayor rival es importante, así como lo es el hecho de que Warren y Sanders son candidatos con limitaciones que se traducirían en una elección general. 

 

El cuarto debate demócrata mostró las pasividades y espejismos de un partido desorientado y disperso. Ante la falta de consenso, el impulso del partido demócrata se disuelve en pequeñeces y cavilaciones que dejan espacios para un frente republicano más unido. El reto es enorme y sin una respuesta unificada, el 2016 puede repetirse.