Retrato de una mujer en llamas.

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Con pocos elementos, y una gran gama de colores, el lienzo que esboza la directora Céline Sciamma poco a poco va revelando una detallada pintura que se alimenta de pequeñas confesiones frente al mar, miradas cortas y pudorosas, el dulzor de nuevos sentimientos y una peculiar amistad de sus protagonistas con la mucama de la casa, para dejar de lado los protocolos jerárquicos de la época.

Es «Retrato de una mujer en llamas» historia protagonizada por Noémie Merlant y Adèle Haenel estrenada el año pasado en Cannes, donde se llevó la Palma Queer, ganó el premio a mejor guion, y su largo recorrido por destacados festivales la han hecho merecedora de más de 40 galardones.

Ambientada en Francia del siglo XVIII, Marianne, una joven pintora ha sido convocada para realizar un encargo muy especial, el retrato de bodas de la bella Héloïse sin que ella lo sepa. Haciéndose pasar por su dama de compañía, durante el día la estudia minuciosamente para pintarla de noche. La cercanía pronto dará fruto y las dos mujeres probarán por primera vez de su néctar.

Cada imagen es una postal exquisita cargada de infinita belleza que se antoja para contemplarla y admirarla por horas. Misterioso resulta el tema de las musas, figuras desconocidas en tantísimas obras de arte, en donde el espectador tiene que adivinar el motivo y el sentido, casi imperceptibles, por los elementos que la componen. Y sutil, puesto que haber pintado un desnudo, además de obvio, ocultaría los verdaderos intereses de estas dos mujeres que destilan deseo en cada mirada. A fuego lento, el romance cocina los últimos momentos de libertad de la mademoiselle Héloïse antes de su boda que ya ha sido previamente arreglada por su madre para preservar su estatus, y el curso de su acaudalada vida continúe de manera tradicional.

¿Cómo se controla el deseo cuando se arde por dentro? Sin etiquetas. El amor crepita sorpresivamente como los maderos al arder. Y aunque el tiempo reduzca a cenizas aquel pasaje, siempre existirá la chispa del recuerdo que lo haga arder de nuevo. Qué ironía es que las mejores historias de amor sean las más fugaces. Duran tan poco pero se quedan impregnadas en el alma para siempre.

FB. Wilmer Ogaz

TW. @wilmerogaz