Desigualdad regionalizada

La desigualdad social es un fenómeno multidimensional que permea múltiples formas de la realidad social y política; no es un fenómeno únicamente económico.

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La desigualdad social es una característica histórica y cultural de las sociedades latinoamericanas y caribeñas que se ha mantenido y reproducido incluso en periodos de crecimiento económico. A pesar del enfoque regional en los Objetivos de Desarrollo Social y las políticas de carácter redistributivo e incluyente, persisten altos niveles de desigualdad que conspiran contra la conceptualización del desarrollo, pues fungen como una barrera para la erradicación de la pobreza, ampliación de la ciudadanía y el ejercicio de sus derechos, como la gobernabilidad democrática. Es importante remarcar que los elevados niveles de desigualdad tienen un impacto en los procesos de integración social, pues generan experiencias de vida y expectativas sociales divergentes, por lo tanto, se puede observar como existe una mayor estratificación social, segregación residencial y conflicto que puede desembocar en situaciones de violencia política e incluso social (CEPAL, 2016).

Antes de continuar, es preciso aclarar que las desigualdades sociales no son naturales, pues son el resultado de un proceso de construcción sociocultural. La región latinoamericana, siempre ha sido desigual, desde tiempos de la colonia han persistido estas desigualdades sociales y político-económicas, por lo tanto, deben de ser consideradas y entendidas en su longue durée. Actualmente, esta región es la más desigual del mundo en términos de distribución de ingresos y activos como tierra, capital, salud, educación y tecnología (Otero, P., Di Virgilio, M.M., & Boniolo, P., 2011). De la misma manera, es preciso aclarar que las desigualdades en América Latina siguen siendo entendidas en términos neoliberales, lo cual limita el entendimiento y la visión de la problemática social, ya que se enfoca en la esfera de la redistribución y no en la de la distribución de la riqueza; se comprenden los resultados, pero no se entienden los procesos; se reduce el campo visual de los individuos; no logran captar a las élites, es decir, no afronta cuestiones sustantivas, a la vez que la variación del coeficiente/índice de Gini de la distribución de ingresos entre hogares, no dice mucho sobre las desigualdades sociales en sí (Pérez Sáinz, J.P., 2013).

Como se mencionó, la desigualdad social sigue siendo entendida en términos meramente económicos, por lo tanto, el análisis de la situación se da con base en estos conceptos. De acuerdo a un informe del Banco Mundial sobre la desigualdad social de esta región, el decil más rico de la población disponía del 48% del ingreso total, mientras que el decil más pobre sólo recibía el 1.6%. Dentro de este informe, se hace uso del índice de Gini, el cual mide la distribución de los ingresos y el consumo entre la población, mostraba que desde los 70’s hasta los 90’s la desigualdad fue superior en 10 puntos en comparación con Asia y de 17.5 puntos con respecto a los países del OCDE (Torres Albero, C., 2010). El 40% de la población se considera pobre y casi 20% extremadamente pobre. Las sociedades se caracterizan por una distribución del ingreso en extremo polarizada, el mismo coeficiente de Gini excede 0.5. El gran nivel de desigualdad económicas y de asimetrías dentro de las mismas relaciones sociales, pues desde las configuraciones históricas y contemporáneas de la desigualdad se hace por la interdependencia transregional (Braig, M., Costa, S. & Göbel, B., 2014).

De acuerdo a Oxfam (2016) entre 2002 y 2013 se dio la década dorada de América Latina y el Caribe, pues el crecimiento económico se conjugó al buen viento de los altos precios de las materias primas en el mercado internacional, la reducción de la pobreza monetaria y reducción de la desigualdad. Sin embargo, para 2013 se ralentizó la reducción de la pobreza y la desigualdad. Como se ha mencionado, la desigualdad es multifactorial y también afecta de manera transversal, no solamente a las personas más vulnerables, sino a toda la sociedad en conjunto, ergo, latinoamérica tiene 41 de las 50 ciudades más violentas de la región. Para calcular la desigualdad económica de un país, se hace con base en el ingreso per cápita y la riqueza de los países, sin embargo, es importante adherir la propiedad de la tierra a este análisis económico.

En los países en donde las políticas públicas son adecuadas, se consigue una mayor capacidad distributiva como lo son el caso de Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Mientras que en República Dominicana y Costa Rica la desigualdad aumentó del 2000 al 2013. La brecha de riqueza, entre el 10% más rico, cuyo ingreso captura 37% del ingreso total, comparado con el 10% más pobre, cuyo ingreso representa el 1.3% del ingreso total, es inmensa. En 2014 el 1% más rico poseía el 41% de la riqueza de la región, mientras que el 99% restante tenía que repartirse el otro 59%.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) históricamente ha tenido una preocupación por garantizar la igualdad, en sus documentos conocidos como trilogía de la igualdad, se engloban los principales desafíos para la consecución de los ODS de la Agenda 2030. Dentro de estos, se considera la igualdad como un principio normativo y el horizonte estratégico del desarrollo como una condición central no solo para la superación de la pobreza, sino para el goce efectivo de los derechos de toda la población. La CEPAL, se ha encargado de reconocer que la desigualdad es un fenómeno multidimensional, que permea múltiples formas de la realidad social y política (CEPAL, 2016). Para poder entender las desigualdades sociales, es necesario incorporar este último factor al análisis y no dejarlo meramente en datos o cifras calculadas con base en ingresos o producción. Es importante considerar el factor social/humano para hacer un análisis integral.

 

Referencias

Braig, M., Costa, S. & Göbel, B. (2014). Desigualdades sociales e interdependencias globales en América Latina: una valoración provisional. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. UNAM. (Pp 209-236). [Archivo PDF]. Recuperado de http://www.revistas.unam.mx/index.php/rmcpys/article/view/45385/40862

La matriz de la desigualdad social en América Latina. (2016). CEPAL. [Archivo PDF]. Recuperado de https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/40668/4/S1600946_es.pdf

Otero, M.P., Di Virgilio, M.M. & Boniolo, P. (2011). Pobreza y Desigualdad en América Latina y el Caribe. En Otero, M.P., Di Virgilio, M.M. & Boniolo, P. (Ed.). Pobreza y Desigualdad en América Latina y el Caribe. (Pp. 11-27). Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

Oxfam. (2016). Privilegios que niegan derechos, desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe. [Archivo PDF]. Recuperado de https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/reporte_iguales-oxfambr.pdf

Pérez Sáinz, J.P. (2013). ¿Disminuyeron las desigualdades sociales en América Latina durante la primera década del siglo XXI? Evidencia e interpretaciones. Desarrollo Económico, Vol. 3. No. 209/210. [Archivo PDF]. Recuperado de https://0-www.jstor.org.millenium.itesm.mx/stable/pdf/43748223.pdf?refreqid=excelsior%3A21169f706c47f45a8b032ab6525e6e87

Torres Albero, C. (2010). La desigualdad social en América Latina. CESLA. [Archivo PDF]. Recuperado de https://www.cesla.com/descargas/DTCESLA_28112010.pdf