Educación: ¿garantía o privilegio?

La educación debe de ser una prioridad para los diferentes Estados y así proporcionar un desarrollo pleno de la personalidad humana.

Comparte/

Share on twitter
Twitter
Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp

De acuerdo con el Artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH): “… toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”. En la DUDH se menciona también que la educación tiene el propósito de proporcionar un desarrollo pleno de la personalidad humana, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, el fortalecimiento de las relaciones entre todas las naciones y los diferentes grupos étnicos o religiosos. De esta manera, debe de ser una prioridad para los diferentes Estados asegurarse de proporcionar la oportunidad de acceder a la educación.

A pesar de los esfuerzos que se han llevado a cabo en la región, en ALC esto sigue sin ser una realidad para sus habitantes, pues el acceso a la educación no es equitativo ni está asegurado para todos. De acuerdo con Irina Bokova, dos de los problemas más grandes que le preocupan a la UNESCO del subcontinente latinoamericano son la calidad de la educación y el acceso a la misma.

En nuestra región la pobreza es una gran barrera para que un niño pueda acceder a una educación de calidad. Aunque entre el 2000 y 2010 la pobreza disminuyó considerablemente en América Latina, de 43.9% a 35.4%. A pesar de estos considerables avances, la pobreza sigue siendo en ALC un enorme obstáculo para la expansión y mejoramiento de la educación de su población infantil y juvenil.

Los niveles de desigualdad en América Latina son de los más altos del mundo. Los países en la región, considerando el coeficiente Gini, son casi el 30% más desiguales que el promedio global, y aquí la brecha educativa se ve reflejada en la brecha económica, pues las personas más marginalizadas no cuentan con los recursos suficientes para poder conseguir una educación de calidad para sus hijos, e incluso no habitan en zonas que tengan espacios educativos accesibles.

Durante los primeros años de vida educativos de los niños ya existen notables diferencias con respecto al acceso a la educación que tienen niños de diferentes segmentos de la población. En nuestra región 5 de cada 10 niños, ubicados en el 20% de la población más pobre, asisten al preescolar, eso se revierte en el segmento del 20% más ricos, donde 9 de cada 10 niños asisten a preescolar.

El promedio de años de estudio en América Latina y el Caribe en 2010 era de 7.8 años, esto significa que en promedio no logramos tener siquiera la educación elemental completa. A pesar de este promedio, es importante señalar que no es algo homogéneo, pues existen países que tienen más de 10 años de escolaridad, y otros que difícilmente llegan a los 4 años de estudio.

Un claro ejemplo de esta problemática no se encuentra lejos de nosotros. Chiapas es uno de los estados de México que viven este problema exponencialmente. El estado chiapaneco se encuentra en el lugar 32 en el ranking nacional del Índice de Cumplimiento de la Responsabilidad Educativa al obtener una calificación de 3.4 sobre 10. En esta región 4 de cada 10 niños de 3 años se quedan fuera de la educación preescolar, solamente 6 de cada 10 escuelas públicas cuentan con un director de tiempo completo, sólo 1 de cada 10 cuentan con rampas para personas en condición de discapacidad móvil. Estos resultados nos dan a entender que las autoridades educativas de Chiapas no están cumpliendo con su responsabilidad de garantizar plenamente en derecho a aprender a los niños, niñas y jóvenes del estado.

En Chiapas, el grado promedio de escolaridad de la población de 15 años y más es de 7.3, lo que equivale a poco más de primer año de secundaria. De cada 100 personas de 15 años o más, 14.6 no tienen ningún grado de escolaridad, 57.2 tienen la educación básica terminada, y solamente 11.7 concluyeron la educación superior. Es alarmante que en el estado existan más personas que no tienen ni siquiera la educación primaria que personas que concluyeron con sus estudios profesionales

Es relevante señalar la transversalidad de los problemas que afectan el subcontinente latinoamericano, pues un problema incide en otro, por lo que es importante buscar soluciones que ataquen a todos en conjunto. Al segmentar los problemas y verlos como fenómenos aislados, reducimos nuestra comprensión de la situación que vive América Latina, y existe una gran posibilidad de que las soluciones que propongamos no sean adecuadas para lo que en realidad tendría efecto en la región.