El amor como un acto político

“Hay tres obstáculos machistas que están puestos en medio para que las mujeres no podamos amar y ser amadas de una manera sana, libre y asertiva: la misoginia, el amor romántico y la explotación, en el nombre del amor, de nuestro trabajo no remunerado”.

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“Hay tres obstáculos machistas que están puestos en medio para que las mujeres no podamos amar y ser amadas de una manera sana, libre y asertiva: la misoginia, el amor romántico y la explotación, en el nombre del amor, de nuestro trabajo no remunerado”.

La misoginia la vivimos todas las mujeres, todos los días, es esa fuerza que castiga a las mujeres que se rebelan y celebra a las que se conforman con los parámetros patriarcales que nos imponen desde el nacimiento.

Nos dicen que al tener pareja masculina, debemos cuidarlo, tener sexo cuando él tenga ganas, y mantener limpio el lugar donde habitemos. Debemos dedicarnos en cuerpo y alma a esa persona y a la vez darle libertad, libertad que solo le pertenece al hombre.

 

“Para las mujeres no amar a los hombres es patológico. Para los hombres no amar a las mujeres es una actitud” Virgine Despentes en Teoría King Kong.

 

Esto demuestra el sexismo al que somos sometidos hombres y mujeres desde el nacimiento, por una sociedad machista donde un sistema de creencias refuerza lo que es natural y deseable, que tenemos roles asignados por el género y que las mujeres somos inferiores.

Nos refuerzan la creencia de que existen acciones designadas solo para los hombres, como salir solos a una discoteca, beber, tener amigos, ganar mucho dinero, tener un carro veloz, responder al ser atacado, no tomar tiempo para arreglarse en las mañanas y usar ropa práctica. Todo esto es divertido y tiene que ver con la ambición y la supervivencia, por eso es masculino.

A esto se suma que las películas, novelas literarias y telenovelas nos han mostrado a las mujeres que el amor debe dolernos, que es un acto en el cual nos desprendemos de nuestros gustos y de nuestras metas, por acoger los gustos y trabajar por las metas del otro, prácticamente nos debemos anular como seres humanos.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa”.

Kate Millett.

Desde pequeña he observado que uno de los problemas del amor romántico es que cuando se tiene pareja las mujeres luchan para que esos hombres machistas no les monten los cachos, lo que se vuelve en un martirio diario donde desarrollan tácticas para vigilar las conversaciones en el celular, en redes sociales y personales que tiene el novio o esposo, eso implica que estén todo el día en función de “cuidar” su relación amorosa.

Por otra parte, he visto relaciones amorosas heterosexuales, donde mujer y hombre gozan de los mismos derechos y de las mismas libertades para crecer como individuo y como pareja. Esas son las relaciones donde ambos son felices, donde se tiene un amor político y consiente de que el otro es un compañero de vida y no un esclavo sentimental.

Ese sería el fin de amar, lograr desligarnos del amor romántico y hacer del amor un acto político, donde escogemos estar, querer y ser queridos por otro que es libre y permite la libertad de uno, así no se convierte en un dolor sino en una satisfacción del ser.

 

Twitter: @anaragomez