El caso de la democracia latinoamericana

Desde hace 23 años, el sondeo del Latinobarómetro ha registrado las percepciones políticas de la población en 18 países de la región latina. El pasado 9 de noviembre en Buenos Aires

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Por Kiyomi Kaneko

Desde hace 23 años, el sondeo del Latinobarómetro ha registrado las percepciones políticas de la población en 18 países de la región latina. El pasado 9 de noviembre en Buenos Aires, se presentaron los resultados de este año, en donde se confirma que las personas latinoamericanas se encuentran, como nunca antes, insatisfechos con la situación de la democracia y se inclinan hacia modelos de corte autoritario. Se le llamó a este año “annus horribilis” para las democracias.  Las personas que se dicen inconformes con la democracia aumentó de un 51% en 2009 a un impresionante 71% y aquellos que se encuentran contentos son solamente el 24%, el número más bajo que ha marcado el informe. De acuerdo al índice, el apoyo democrático alcanzó su valor más alto en 2010 con el 61%, época desde la cual se ha presentado una curva descendente y constante.

Lo que el Latinobarómetro hace es realizar un mapa de entradas múltiples, en donde lo que vale es la percepción de las personas sobre lo que viven en su país; razón por la cual resulta casi imposible realizar un análisis que prediga con claridad cuándo las democracias están casi en estado terminal, a diferencia de lo que sucede con las recesiones económicas que pueden ser previstas con base en los números de análisis económicos. El informe muestra entonces altos niveles de “presión” en varias regiones de Latinoamérica, que deberían de servir como alarma; no se tratan de revoluciones, sino de la suma de hechos significativos que van conformando una situación delicada.

El estudio identificó la relación que existe entre aquellos que se encuentran disconformes con el sistema en el que viven y la indiferencia: por tercer año consecutivo, más del 28% de los encuestados se declaró indiferente frente a la preferencia por una forma de gobierno, es decir, 6 de cada 10 personas no votarían por ningún partido político, lo que representa una señal de debilidad de las democracias. Este número aumentó desde el 2010, cuando era de un 16%. Se habla de una debilidad de las democracias pues sin la existencia y capacidad de los partidos políticos no se puede tener una democracia real; pero se necesitan de partidos que realmente representen y actúen con base en las demandas de la población. Destacablemente, la mayoría de los jóvenes entre los 16 y 26 años son indiferentes a la participación política, algo que resulta preocupante por representar el futuro de los países y por ser las personas que nacieron en estados con relativa democracia y que no conocieron las penurias de las dictaduras latinoamericanas.

De acuerdo al Latinobarómetro, el porcentaje entre las personas que creen que su país va en la dirección correcta en proporción con aquellos que creen que en realidad hay progreso, ha aumentado 8 puntos porcentuales, la diferencia más grande que ha habido desde 1995. De la misma manera, 60% de los encuestados creen que las elites del gobierno están involucradas de alguna manera en casos de corrupción y más del 63%  únicamente confía en la capacidad de la Iglesia.

De la misma manera, el informe habla sobre los “peligros silenciosos” que enfrentan países como Venezuela, Nicaragua, Brasil e inclusive México; sin embargo, se realiza la lectura del informe de modo en que se aclara que no se trata de una demanda de autoritarismos per se, sino de un pedido de soluciones. En el fondo, se trata de una demanda política de una ciudadanía que no parece ver la luz al final del camino. Esta frustración no resulta una sorpresa en una región cuyo PIB per cápita ha disminuido enormemente desde la crisis del 2008, en donde las divisiones y las injusticias son cada vez más claras, donde la comida, la vivienda y el trabajo no están asegurados y la violencia pareciera que solamente va en aumento. El problema de las democracias latinoamericanas no radica en la posibilidad de desaparecer por golpes militares; sino en la aparición de personalismos presidenciales que buscan el poder absoluto a costa de la autonomía de los poderes del estado, que aparte, tiene el apoyo de la población, como sucedió en Brasil. La mejor oportunidad para la región radica en la posibilidad de los líderes y su capacidad de lograr un cambio sin prometer actos de magia; si se tiene éxito en esta tarea, los niveles de aceptación de los distintos países podría regresar a niveles relativamente aceptable.