El rostro de una mujer latina

Las mujeres latinas somos vistas como unas personas llenas de vida, alegría, color y pasión. Nuestra realidad no siempre es así de bonita.

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Generalmente, las mujeres latinas somos vistas como unas personas llenas de vida, alegría, color y pasión; no obstante, la realidad de muchas de nosotras difiere mucho de esta bonita descripción. Hoy en día, sin importar la edad, la etnia, la nacionalidad y la clase social, las mujeres latinoamericanas nos vemos envueltas en una serie de problemáticas que parecieran ser ignoradas por los gobiernos y autoridades, o al menos, no se le da la importancia que debería: el acoso sexual callejero, los feminicidios, el acoso en ambientes laborales, la violencia doméstica, por mencionar algunos. Y aún cuando estos problemas no definen lo que somos, estos afectan la manera en la que una se desenvuelve e interactúa. Veamos algunas estadísticas.

BBC Mundo en 2016 publicó un artículo que incluía las “trágicas cifras de feminicidios” en América Latina, entre ellas encontramos que:

En Argentina, “se mata a una mujer cada 30 horas”. En Bolivia, cada tres días. En Brasil, según cifras dadas por ONU Mujeres, se estima que una mujer es asesinada cada seis horas a manos de un compañero íntimo; y en promedio, 15 mujeres son víctimas de feminicidios. En Colombia, cada dos días y medio una mujer es asesinada por su pareja o expareja. En El Salvador, durante el año 2016 se registraron un total de 407 asesinatos de mujeres. En Perú, “cada mes un promedio de diez mujeres son asesinadas en un contexto de feminicidio”.

Y esto solamente en cuanto a los feminicidios. Cabe resaltar el hecho de que muchos de los actos de violencia dirigidos hacia una mujer es a manos de una persona cercana o conocida, peor aún, de alguien a quien la víctima le ha dado su total confianza y amor. ¿Cómo saber realmente cuándo estamos seguras? ¿Con quién?

Otros problemas que van de la mano son el acoso sexual callejero y el acoso en ambientes laborales. ¿A qué me refiero? A las miradas lascivas, a comentarios indecentes y al manoseo ocasional que se puede dar tanto en lugares o transporte público, en el caso del acoso sexual callejero, como en el espacio de trabajo, en el caso del acoso dentro del área laboral. Es importante mencionar que en el primer caso, se da por una persona desconocida, y en el segundo, por un individuo al que llamas “compañero” o “colega”.

Ahora bien, uno de los principales obstáculos para poder gestionar estos problemas es el hecho de que todavía no son reconocidos ni penalizados en muchos países latinoamericanos. Día a día nos encontramos con noticias de mujeres que se encuentran luchando para que se reconozcan a estos actos como lo que son: delitos, crímenes. Es que, ¿ya no se sanciona a los homicidas? ¿estos se han vuelto impunes? ¿por qué no se les procesa? ¿o se les juzga? Muchos casos ya han pasado sin la penalización que se merecía, homicidas han quedado en libertad tras unos cuantos meses de prisión y el número de víctimas incrementa con los días.

Otro obstáculo es la mentalidad de la sociedad misma. Aquella vieja idea de que una mujer debe ser prudente y cuidadosa, que no debe de salir a fiestas o volver borracha, que si le ha pasado algo es porque ella misma se lo ha buscado. En primer lugar, una mujer no debería de vivir con miedo, ella debería de sentirse segura a donde quiera que vaya así como saber que es libre de hacer lo que a ella le hace feliz y la hace sentir plena. En segundo, en vez de enseñar a las mujeres a cuidarse, se debería de educar a los hombres a no optar por la violencia, a respetar y a amar a sus parejas. En tercer lugar, en un caso de homicidio (cualquiera que este fuese), el único culpable es el que desempeña tal acto tan atroz; nunca poner el peso de la culpa sobre la víctima, no más al asesino, pues nadie tiene derecho de acabar con la vida de otra persona.

Con respecto a los diferentes tipos de acoso, es la misma historia. Una mujer no debería de preocuparse cada día de que si lo que se pondrá llamará la atención o no; una es libre de escoger la ropa con la que se siente cómoda, segura, bonita y, ¿por qué no? Atractiva. Una no es responsable por lo que otro llegara a sentir o en la manera en la que los demás reaccionen. Las personas no se poseen, sino que se respetan y se les protege. Además, todo individuo conoce el significado de un “no”, o al menos eso se esperaría de tan simple palabra.

En fin, como último comentario, quisiera hablar sobre mi elección del título para este artículo. Lo he elegido en base a que, en la mayoría de los casos, las mujeres somos “personajes” que no podemos o no logramos esconder lo que en verdad sentimos o pensamos. Casi siempre se nos llega a reflejar en el rostro lo que está pasando dentro de nuestra mente, y lo que aquí hay, consiste en los diferentes sucesos de nuestra vida. Por ello, si bien una mujer latina es, como mencioné en un principio, una persona alegre, apasionada, llena de vida; en su rostro podemos también observar las distintas batallas que se le presentan: dentro del ambiente familiar, laboral, social e incluso político. En sus ojos podemos ver sus esperanzas, sus sueños, sus aspiraciones; y entre ellos encontramos el deseo de que las futuras generaciones de mujeres y niñas se hallen ante una realidad mucho mejor en comparación a la actual: un futuro donde puedan desarrollarse plenamente. Pero, ¿cuánto tendremos que esperar? ¿cuánto tendremos que soportar? Ya es suficiente que seamos considerados como una de las regiones más peligrosas donde puede vivir una mujer.