Oídos sordos a problemáticas reales

Mil emociones⬦ una sola mente⬦ un sólo instante

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A lo largo de este artículo se presentarán las pruebas necesarias de que en México hace falta una mayor difusión de lo que son las enfermedades mentales centrándome en el Trastorno límite de personalidad, lo que es y las carencias que tiene aquí en nuestro país. Además de esto, se hablará respecto a lo que hace el gobierno mexicano para tratar con dichas enfermedades, así como la reacción que la sociedad tiene cuando se entera que alguien las padece y cuál sería la mejor forma para contrarrestar dichos comportamientos.

Trastorno límite de personalidad es al igual que todos los trastornos mentales una enfermedad silenciosa, que se propaga como cáncer y que actualmente no se sabe cómo tratar –o al menos, aquí en México-. Este trastorno es un mal actual de nuestra sociedad, nos está consumiendo a tal grado que dos de cada cien personas la padecen, afirma el Estimado de Prevalencia del TLP en la Comunidad publicado por la Sociedad Internacional para el Estudio de los Desórdenes de Personalidad (Ramírez, 2010).

El TLP se caracteriza por una inestabilidad en todos los ámbitos de la persona, se deja guiar por las emociones a tal grado de llevarlas al máximo nivel de vivencia –sobre todo aquellas dañinas que atacan nuestra mente y alma: enojo, furia, tristeza, odio⬦-.  A menudo se encuentran en un punto crítico en cuanto al estado de ánimo, el comportamiento y las relaciones interpersonales que incluso llegan a terminar con su vida alcanzando esta práctica al 10% de los limítrofes. Se sienten vacíos sin razón para continuar adelante; se apegan con intensidad a las personas que los rodean y luego desarrollan ira u hostilidad cuando piensan que son ignorados o maltratados por aquéllos de quienes dependen. Los cambios intensos y rápidos del estado de ánimo, impulsividad y relaciones interpersonales dificultan el potencial social, laboral o escolar completo de estas personas (Morrison J., 2014, p. 545).

Actualmente en México no existe una clínica especializada en esta enfermedad, ni mucho menos registro de pacientes en hospitales públicos. A pesar de que el 14% de los mexicanos padece algún trastorno de personalidad según Cuauhtémoc Sandoval, especialista en TLP, el gobierno mexicano destina escasos recursos a este sector de la salud (Ramírez, 2010). La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que en el 2004 en promedio se suicidaron aproximadamente un millón de personas en el mundo y se estima que para el 2020 las víctimas ascienden a 1.5 millones. A nivel nacional, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) reportó 3563 suicidios en 2005 (Espinosa J. J. & Blum Grynberg B. & Romero Mendoza M. P., 2009).

Cuando se habla de enfermedades mentales, la sociedad mexicana está preparada para tachar a estas personas de locas y en diversas ocasiones las van segregando de los grupos sociales. Creen que son peligrosas o que simplemente están llamando la atención y que después se les pasará, cuando esto no es así. Además de la segregación, los enfermos mentales luchan constantemente por concluir procesos de rehabilitación ya que estos son muy caros si no cuentan con el Seguro Social –ya que por una dosis diaria de tratamiento antipsicótico se paga 0.85 dólares, lo que representa el 19% del salario mínimo diario en México (OMS, 2011, p. 13)-. Y a veces ni siquiera el IMSS les puede asegurar la continuidad de dicho tratamiento debido a que la tasa por cada 100 mil habitantes es de 1.5 psiquiatras, 1 médico no especializado, 3 enfermeras, 1 psicólogo, 0.53 trabajador social, 0.19 terapeuta y 2 profesionales/técnicos de salud (OMS, 2011, p. 7). A veces las instituciones públicas no pueden hacer nada por tener más personal o un mayor repertorio de medicamento, no porque no quieran sino porque la Secretaría de Salud destina únicamente el 2% del presupuesto total asignado. Y de este 2%, el 80% se destina para hospitales psiquiátricos y el otro 20% se reparte tanto a los consultorios como a las unidades ambulatorias (OMS, 2011, p. 13).

Dadas las cifras anteriores, se nota claramente que la salud mental no es una de las prioridades del gobierno. Puede que sea porque actualmente México no se encuentra en el ranking de los países con mayor índice de suicidios, pero esta no es razón suficiente para tener en un estado de negligencia esta área de la salud. Se debería de aumentar el presupuesto para esta área ya que el ser humano depende tanto de salud física como emocional para funcionar adecuadamente.

Además de esto, se debería empezar a crear programas para educar a la gente respecto a este tipo de enfermedades. Enseñarles que no está mal ir con un psicólogo y que no necesitas estar loco para acudir a ellos o a cualquier tipo de terapia a la que se pueda acceder. Si se les enseña esto a las personas, habrá una mayor apertura a este tipo de temas y las personas empezarán a comprender que una enfermedad mental no define al ser humano en su totalidad y que no hay razón para huir de ellos.

Otra cosa que debería hacer México es tener una línea contra el suicidio que funcione adecuadamente. Actualmente se han dado a difundir diversos números de emergencia para cuando uno se encuentra en crisis. En varios de ellos no contestan rápido o simplemente no contestan, otros aparecen como fuera de servicio o incluso aparece que no cuentas con suficiente saldo para realizar una llamada –no es por nada, pero en una crisis, en lo que menos piensa una persona es en ponerle saldo a su celular-. Este tipo de ayuda debería ser gratuita, anónima y sobretodo accesible a todas las personas.

Es momento de actuar antes de que sea demasiado tarde y que las cifras de suicidio en México comiencen a aumentar. Todavía se está a tiempo de crear una conciencia social en las personas y sobretodo de pedirle ayuda a nuestro gobierno y al sector salud para que presten más atención a esta área de la medicina y pueda dar el giro de 180 grados que se necesita.