Facebook entre la espada y la pared, ¿qué sigue para Zuckerberg?

En su libro ¿por qué fracasan los países? Daron Acemoglu analiza los modelos económicos que han permitido la prosperidad de las naciones

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Por: Juan Manuel Torres Esquivel

En su libro ¿por qué fracasan los países? Daron Acemoglu analiza los modelos económicos que han permitido la prosperidad de las naciones. Como parte de los errores humanos que provocan el fracaso de los países están los modelos que favorecen y destruyen la innovación y la competencia. Este modelo es el que ha condenado al fracaso económico a gran parte de Latinoamérica en donde la historia ha beneficiado el desarrollo de un capitalismo de «cuates» con reglas que han permitido la nociva acumulación de la riqueza. ¿Qué tiene que ver esto con Facebook? Para una de las empresas más prósperas del siglo XXI, la respuesta está en su actual estatus hegemónico en la arena digital. Los recientes escándalos en los que se ha visto envuelto Zuckerberg y su empresa dejan ver muchas similitudes a los modelos económicos descritos por Acemoglu.

Como los primeros exploradores europeos que llegaron a América, Zuckerberg encontró en internet una enorme y próspera tierra. Al momento de fundar Facebook, internet vivía una época de oro, poca regulación, un gran espacio para la innovación y mucha expectativa ante esta nueva era dorada de las ventas online. Zuckerberg fundó una compañía bajo la ilusión de un internet libre, que serviría para conectar a la gente y ampliar las libertades de todos los usuarios. A partir de ahí, Facebook comenzaría a forjar un imperio basado en ese ideal y las marcas fueron las primeras en comprar este sueño. Invirtiendo enormes sumas de dinero en la generación de contenidos para los usuarios de Facebook y así llegar a nuevas audiencias ávidas de comprar sus productos. Así nacieron las comunidades o fanpages de millones de Likes como Coca cola, Disney, McDonalds, entre otras.

Pero como sucede en todos los imperios, los emperadores se fueron haciendo cada vez más ambiciosos. Facebook quería más ingresos para que las marcas lucraran con su plataforma por lo que creó el mito de la «privacidad» de los usuarios y empezó a cobrar a las marcas por publicitar su contenido. Así, de un chasquido los millones de likes acumulados por las marcas se fueron a la basura y ahora la pauta determinaría el alcance. Mientras a las marcas les cobraba por publicidad, los datos de los usuarios eran vendidos al mejor postor y así seguiría generando ingresos para su plataforma. Los usuarios acostumbrados a no leer, cedían sus datos a Facebook con tal de ser parte de esta nueva ola de «digital coolness». Facebook era el lugar en donde todos queríamos estar, donde publicabas tus momentos más importantes e interactuabas con tus amigos y seres queridos.

Como todos los monopolios, Facebook comenzó a ver con recelo a la competencia y se apoyó en la poca regulación del internet para destruirla o integrarla. Así fue como destruyó a Flickr, Hi5, MySpace y Google+ (esta última se mató sola, era malísima) e integró otras como Instagram y WhatsApp. A esta dominación mundial se sumó un nuevo problema, la política entró a la plataforma. Con ella vino la polarización y el odio entre los usuarios de la red. Como en los mercados poco regulados, Facebook comenzó a verse rebasado con las externalidades creadas por su propia innovación. Los usuarios comenzaron a volver esa plataforma en una lucha de ellos contra nosotros. Mientras los gobiernos lejos de asumir una responsabilidad ante el problema atizaron el fuego según sus intereses políticos.

Hoy Facebook se encuentra entre la espada y la pared, rebasado por los problemas pero cerrado a propiciar cambios en su modelo de negocio. Esta semana, el New York Times publicó un artículo de Chris Hughes, una de las mentes detrás de la creación de Facebook. En él, realiza una análisis sobre el duro momento que atraviesa la empresa. Hughes plantea, al igual que Zuckerberg, una regulación gubernamental del internet pero además pone sobre la mesa una polémica solución para la plataforma: dividirse. Esta solución parecería brillante, no obstante éste podría ser el inicio del fin del imperio. Tal como sucedió con la Nueva España o con las 13 colonias de británicas, una ruptura del imperio podría significar una pérdida de control. Mark y los directivos de FB deben tomar acciones pronto, pues si bien su hegemonía sobre internet los colocan en una situación de ventaja. Un ligero cambio en las condiciones, podrían significar su declive, o su desaparición. Como relata Daron Acemoğl, le sucedió a Venecia y a sus poderosos empresarios mercantiles. Quienes por desmedida ambición pasaron de ser el puerto más próspero de Europa a una simple atracción turística que se encuentra en peligro de ser tragada por el océano.