Facebook: Libertad de expresión y muchas dudas

Mark Zuckerberg encabezó un evento sobre libertad de expresión en la Universidad de Georgetown. En su visita a Washington, D.C., el fundador y director ejecutivo de Facebook enfrentó acusaciones sobre los efectos negativos de su plataforma digital

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Daniela Guerrero

El jueves 17 de septiembre Mark Zuckerberg encabezó un evento sobre libertad de expresión en la Universidad de Georgetown. En su visita a Washington, D.C., el fundador y director ejecutivo de Facebook enfrentó acusaciones sobre los efectos negativos de su plataforma digital en la vida política norteamericana.

  Zuckerberg enfocó gran parte de su discurso en defender la reciente decisión de Facebook de no verificar la veracidad de anuncios políticos antes de publicarlos, apoyándose en principios de libertad de expresión.

“El hecho de que millones de personas ahora tengan el poder de expresarse a escala representa un nuevo tipo de fuerza en el mundo: es el quinto poder,” dijo el empresario. “La gente ya no tiene que depender de guardianes tradicionales en política o medios para hacer oír su voz, y eso tiene consecuencias importantes.”

Con asociaciones al movimiento de derechos civiles norteamericano, Zuckerberg enfatizó los efectos negativos de censurar contenido político en una democracia como Estados Unidos. 

“En tiempos de agitación social, nuestro impulso es retroceder en las libertades de expresión. Queremos el progreso que proviene de la libre expresión, sin las tensiones que conlleva,” dijo.

En su discurso, el fundador de una de las plataformas más dinámicas de la era digital aludió al potencial democrático de las redes sociales.

“Ahora tenemos un poder significativamente más amplio para denunciar las cosas que consideramos injustas y compartir nuestras propias experiencias personales. Movimientos como #BlackLivesMatter y #MeToo se volvieron virales en Facebook,” declaró Zuckerberg.

Tras la revelación de las acciones de Cambridge Analytica — la consultora británica que compró los perfiles de 87 millones de usuarios de Facebook para la campaña de Donald Trump —  y la Agencia de Investigación de Internet — la compañía rusa que creó más de 70 cuentas falsas en Facebook dirigidas a votantes estadounidenses —  en 2016, Facebook se ha perfilado como el común denominador en violaciones de privacidad y campañas de desinformación.

En su nuevo libro sobre la intervención rusa en las elecciones de 2016, el periodista norteamericano Greg Miller detalla la sofisticada manipulación de Facebook por la Agencia de Investigación de Internet.

“En retrospectiva, la impecable inmersión rusa en la conversación política de Estados Unidos fue increíble. Los trolls encontraron amplias audiencias para mensajes notablemente diferentes en estilo, tema, y tendencia política, mientras compartían una cualidad común: explotaban hábilmente las tensiones subyacentes entre ciudadanos estadounidenses, ya fueran raciales, religiosas, étnicas, sexuales, culturales o ideológicas. A la izquierda, había grupos simulados de LGBTQ, musulmanes políticamente activos y afroamericanos molestos por la brutalidad policial. A la derecha, había grupos inventados para entusiastas de los derechos de las armas, personas enfurecidas por la inmigración ilegal y aquellos convencidos de que los esfuerzos para frenar abusos policiales habían ido demasiado lejos,” relata Miller en su libro El Aprendiz.

Después de la publicación de los pagos que la Agencia de Investigación de Internet realizó a Facebook para anunciar su contenido, Zuckerberg se convirtió en uno de los actores más controversiales del paisaje político actual. La mayoría de las acusaciones recaen en la forma en la que su sitio prioriza ganancias sobre estándares éticos, facilitando la distribución de información falsa y promoviendo la polarización social y política. 

Sin embargo, los ataques de congresistas y candidatos presidenciales a Facebook como un maquiavélico imperio de conciencia ligera dejan al público norteamericano con preguntas importantes. ¿Quién determinará la distinción entre opiniones y mentiras? ¿Cómo se fijará la línea entre censura y protección? ¿Quién decidirá y por qué?

A pesar de la complejidad del paradigma político norteamericano actual, en donde la polarización se alimenta de ficciones digitales fáciles de distribuir y replicar, el discurso de odio se comercializa de forma eficiente y rápida, y la amenaza de intervenciones extranjeras se asoma para la elección presidencial de 2020, las preocupaciones sobre libertad de expresión a las que Zuckerberg aludió no pueden ni deben ignorarse por completo.

“Podemos seguir defendiendo la libertad de expresión, entendiendo su desorden. O podemos decidir que el costo es simplemente demasiado alto,” dijo Zuckerberg hacia el final de su discurso. 

A pesar de que no hubo mención por parte del director de Facebook sobre la identidad de su plataforma como un negocio que se beneficia directamente de pagos por contenido político no verificado, las defensas de Zuckerberg nos revelan el fondo de la discusión.

Mas allá de aquellos que atacan o defienden a Facebook con el mismo fervor y mas allá de quienes exigen regulación y quienes la condenan, se encuentra la profunda y anárquica disrupción tecnológica en la política actual. No hay soluciones claras ni medidas avaladas a causa de la falta de precedentes. Garantías de protección social y libertad de expresión se plantean como términos incompatibles en redes sociales. La confusión y el extremismo imperan. Junto con Zuckerberg, la sociedad norteamericana trata de adaptarse a mutaciones tecnológicas que exacerban sus tensiones sociales más antiguas y oscuras.

“Hay mucho enojo allá afuera, y ahora este enojo se dirige a los arquitectos del sistema,” dijo el Congresista republicano Patrick T. McHenry durante la sesión de Zuckerberg con el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes el miércoles 23 de octubre. “Y tal vez no se trata de los anuncios. Talvez ni siquiera se trata de Facebook.”

Esta semana se comprobaron las fuertes expectativas gubernamentales hacia Facebook, exigiendo que Zuckerberg asuma responsabilidades que no necesariamente pidió: defender la integridad de las elecciones de 2020, regular la vida política norteamericana, y mantener estándares de calidad de contenido infalibles.

“Sea justo o injusto,” concluyó McHenry, “esta usted aquí para responder por la edad digital.” La conversación apenas empieza.