ABORTO Y PROTECCIÓN DE LA VIDA

La solución de los problemas depende de la correcta identificación de sus circunstancias.

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La solución de los problemas depende de la correcta identificación de sus circunstancias. 

El tema del aborto ha sido origen de graves conflictos de opinión alrededor del mundo. Sin embargo, la observación simple muestra que focalizar la discusión a partir de la judicialización del aborto, o en su caso la liberalización de las responsabilidades jurídicas para quien lo ha practicado, o participado en su consumación, no resuelve el problema.

El aborto es la posible conclusión de un embarazo no deseado. 

La visión simplista de responsabilizar solamente a la mujer que aborta constituye una gran injusticia, pues significa cargar el peso total de la responsabilidad en solo una de las partes involucradas. Debemos reconocer que todo embarazo se origina en una relación de pareja.

Durante la mayor parte de su historia la humanidad ha fomentado una visión machista, en la cual la mujer ha sido considerada la única responsable de la procreación. Por tanto, es necesario replantear este paradigma que en sí mismo representa una injusticia.

Hoy el reto podríamos focalizarlo en neutralizar las causas que generan abortos, lo que significa reducir y preferentemente evitar, los embarazos no deseados.

Los embarazos no deseados, aunque se pueden derivar de variadas circunstancias, en un importante porcentaje son el resultado de la conducta irresponsable de un hombre.

Que una mujer considere al hijo que lleva en sus entrañas como un problema, es una actitud que generalmente está asociada con una profunda crisis emocional y esta, puede derivarse entre otras causas, del abandono de la pareja masculina. 

El abandono provoca decepción amorosa, soledad, vulnerabilidad y el temor a la incapacidad para solventar la responsabilidad que significa hacerse cargo de un hijo. 

Hay hombres que cobardemente abandonan a la mujer cuando se enteran del embarazo, o por lo menos se desentienden de este sin asumir responsabilidades. 

Esta práctica también puede ser consecuencia de una actitud masculina irresponsable cuando el hombre se niega a utilizar preservativos. Incluso, el embarazo no deseado puede derivarse de una agresión sexual en contra de la mujer, la cual, no siempre es realizada por un desconocido, sino que también puede suceder en el seno de la familia.  

El abuso sexual que concluye en un embarazo significa violencia y por tanto, la consumación de un delito de género.

Aún así, también debemos considerar que muchos embarazos son producto no sólo de la coacción masculina, sino también de la ignorancia o la falta de educación.

A esto debemos añadir la actitud que asume la familia de una mujer embarazada cuando es soltera y dependiente económicamente de los padres. El rechazo familiar también puede llevar cierta responsabilidad sobre la decisión del aborto.

Por tanto, para inhibir las condiciones que generan el embarazo no deseado, es necesario dar un giro radical, que podría iniciarse legislando a favor de fincar un respaldo jurídico a la corresponsabilidad masculina que debe haber en todo embarazo. Debe considerarse al padre biológico tan responsable como a la madre y esto podrá estimular actitudes masculinas solidarias.

Que el hombre adquiera responsabilidades por el hijo engendrado, tanto en la manutención, como en lo jurídico, hará más cautelosos a los varones. Cuando a un hombre le pase por la mente abusar de una mujer, al concientizarse de la responsabilidad que adquiere, podría inhibirse la agresión.

Antes era imposible acreditar la paternidad, pero hoy una simple prueba de ADN puede confirmar la relación filial de ambos padres con el hijo engendrado.

Legislar sobre el fortalecimiento de la corresponsabilidad masculina será un acto de justicia, que además, puede representar un alto impacto en el combate a las condiciones que generan embarazos no deseados.

Independientemente de cualquier consideración moral o jurídica, debemos reconocer que en un país con tantos rezagos en materia de justicia, condenar a una mujer a la cárcel por la interrupción del embarazo no sólo no resuelve el problema, sino que constituye una injusticia porque representa un castigo a la pobreza. Las únicas mujeres que terminan en la cárcel son las que no tienen dinero para pagar un buen abogado. Las mujeres de familia acomodada siempre podrán evadir a la justicia.

Fortalecer la corresponsabilidad masculina en los embarazos, mas otras acciones paralelas que habría que instrumentar, pueden representar el verdadero camino para la protección de la vida. 

Por ejemplo, las campañas de educación sexual para fomentar la responsabilidad masculina en relación con la paternidad, así como la creación de programas de atención y apoyo para mujeres embarazadas primerizas, a fin de darles una alternativa en contra del aborto, además del fomento de la cultura de la adopción responsable y la creación de protocolos gubernamentales más eficientes que no desestimulen el interés, representarían una alternativa más efectiva. 

Este tipo de acciones en conjunto seguramente podrían ayudar a combatir el aborto y así salvar vidas.

¿Usted cómo lo ve?

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