La apuesta latinoamericana por el multilateralismo

El contexto global actual nos indica que no, pues existen varios ejemplos de movimientos aislacionistas y nacionalistas como Brexit, la elección de Trump, y el continuo ascenso y reposicionamiento de la extrema derecha, ejemplificada de manera reciente con el triunfo de Bolsonaro en Brasil

Comparte/

Share on twitter
Twitter
Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp

Por Raúl Taiyo

¿Podemos hablar de cooperación en 2018?

El contexto global actual nos indica que no, pues existen varios ejemplos de movimientos aislacionistas y nacionalistas como Brexit, la elección de Trump, y el continuo ascenso y reposicionamiento de la extrema derecha, ejemplificada de manera reciente con el triunfo de Bolsonaro en Brasil. Miguel Ruiz Cabañas Izquierdo, Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Internacionales (SRE), indicó que parte de la desconfianza en el multilateralismo se debe a que “muchas economías, principalmente de países desarrollados, crecieron con lentitud y resintieron crisis financieras, desempleo y dificultades para financiar los sistemas migratorios y de salud pública” (2018, p.5). Frente a estas fallas estructurales, los Estados-nación se han empeñado en culpar a un enemigo común: la globalización, con todos sus matices desde la migración, el libre comercio y a los Organismos Internacionales.

Y América Latina, ¿dónde queda en los esquemas de multilateralismo? Por la cercanía con los Estados Unidos, una de las superpotencias del siglo XXI, los Estados latinoamericanos siempre se han encontrado en fuego cruzado, pues con la última administración, la agenda norteamericana se ha posicionado en contra de estos esquemas horizontales y de ayuda mutua. Históricamente Latinoamérica, como una región, ha tendido a valorar un orden internacional que proteja a los países de menor tamaño en lugar de dejarlos a la deriva o al uso de las superpotencias. Es desde tiempos de Bolívar, en 1826 durante el Congreso de Panamá, en donde se aspira por la formación de una confederación para hacer frente a las grandes amenazas de las potencias (Heine, 2018).

Otros claros ejemplos, son los de cooperación política dados a partir de los 80’s, pues en la región no se compartía la visión de Washington con respecto a la posición de América Latina durante la Guerra Fría. En vista de esto se formó el Grupo Contadora, en donde se firmaron y sentaron las bases para crear el Grupo de los Ocho en 1986, y en 1990 el Grupo de Río. Otra apuesta por el multilateralismo en Latinoamérica han sido las afamadas Cumbres Iberoamericanas iniciadas desde 1991. De la misma manera, existen propuestas de organizaciones como la Organización de Naciones Suramericanas (UNASUR), esquemas de integración regional como el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), el Sistema de Integración Centroamericana, la Comunidad del Caribe (CARICOM) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) (Heine, 2018).

El sector conservador latinoamericano, tilda como cumbritis al multilateralismo. Es decir, le denota una característica alicaída e innecesaria. Sin embargo, América Latina a través del multilateralismo ha logrado posicionarse como una sola en el mundo, pues con la Alianza del Pacífico, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la permanencia en el TPP o con el reciente Acuerdo de Escazú, la región ha demostrado un enfoque hacia la consolidación de metas internacionales, demostrando el rol preponderante que en América se posee cuando el liderazgo continental no es efectivo.