Los fantasmas de carne y hueso

Me duele profundamente que mi estado tan bello por sus riquezas naturales, su pasado maya, su gastronomía y su cultura, tenga una doble cara ante la situación de la migración

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No podemos ocultarlo, aunque muchos quisieran hacerlo, tampoco podemos negarlo, la presencia de la migración está en cada uno de los 32 estados que conforman la república. Para poder cambiar de rumbo debemos empezar por reconocer que a lo largo de nuestra rica y variada historia fuimos, somos y seremos un país de migrantes, ya sea por el tránsito interno (cientos de mexicanos intentan cruzar la frontera diariamente con Estados Unidos en búsqueda del tan ansiado sueño americano)  o por los millones de centroamericanos que cruzan anualmente nuestro territorio nacional llenos de esperanza; misma que es la encargada de llenar el estómago, calmar la desesperación, calentar el cuerpo y alivianar la sed. Mientras que en otras ocasiones ayuda a que la fe de los miembros de la familia que se queda en el terruño de origen siga intacta, ya ni siquiera con la esperanza de volver a ver a su familiar sino de recibir esos dólares que permitan la supervivencia de su familia nuclear.

El inicio de los “exiliados económicos⬝ centroamericanos que salen en búsqueda de lo que en su pueblo “no hay⬝, comienza en la frontera sur, en lo que es mi natal Chiapas. Este estado que es uno de los más ricos en cuanto a recursos naturales, contrasta severamente con el grado de marginación y pobreza con la que viven millones de indígenas que representan a la mayoría de la población. Todas las personas que llegan llenos de sueños y metas sufren grandes percances cuando llegan a una de las ciudades más importantes del estado: Tapachula,  la cual pareciese que es una ciudad moderna, en desarrollo e incluso hasta segura en donde miles de chiapanecos se desarrollan diariamente, no obstante, la realidad marca una cosa muy distinta a como se pinta; desde mi última y rápida visita en el 2008 las cosas no han cambiado: la plaza principal sigue siendo un centro de reclutamiento para la prostitución infantil, de violencia y de extorsiones a miles de migrantes que tratan de respirar y descansar un poco del agobiante camino.

Me gustaría rescatar un punto que se me hace de suma importancia y que actualmente se ha vuelto el día a día de millones de migrantes centroamericanos que recurren a toda ayuda posible con tal de que les conceda llegar sanos y salvos al vecino del norte. Este fenómeno es el culto a los santos mexicanos de la migración. Las características que definen el culto a los santos de la migración se deben a la desesperación de millones de migrantes que intentan cruzar el muro fronterizo para lograr su sueño. Con tal de lograr este objetivo se encomiendan a los llamados “santos de la migración⬝, entre los cuales se encuentran Juan soldado, Jesús Malverde y Toribio Romo González, este último es el único reconocido por la iglesia católica, incluso hay un caso especial que ha aumentado su fama en los últimos años que es el culto a la Santa Muerte. El culto a estos santos suele ser imaginativo debido a las historias que son pasadas de boca en boca; que si ayudo a Juanita a quitarse la migra, que, si Pedrito fue ayudado por Toribio en medio del desierto de Arizona, lo que fortalece cada vez más la fama de estos santos. Otra característica importante es el comercio que ha provocado este culto en los pueblos fronterizos, las facturas rebasan los miles de pesos al vender las imágenes, el rosario, el escapulario, la pañueleta con la imagen del santo a devoción, incluso, circula un libro que prácticamente es considerado la “biblia⬝ de los migrantes, pareciese que ese libro conociera el triste futuro del migrante pesto que tiene una oración para cada situación complicada que le pase en el camino (el cruce del muro o el desierto, la confusión y finalmente la deportación).

Me duele profundamente que mi estado tan bello por sus riquezas naturales, su pasado maya, su gastronomía y su cultura, tenga una doble cara ante la situación de la migración. Me refiero a que muchos de los habitantes niegan a los migrantes, los discriminan, los extorsionan, los asaltan, los maltratan, pero los utilizan en su vida cotidiana ya sea como niñeras, albañiles, jardineros o sirvientas. En mi punto de vista la ciudadanía debería trabajar conjuntamente con las autoridades estatales y locales para que si bien no frenar la migración, punto que considero imposible, si hacerla más humana y más justa. En un marco en donde los derechos humanos sean respetados, en donde el amiguismo político no sea una barrera que también tengan que sortear nuestros hermanos hondureños, salvadoreños, ticos, guatemaltecos, etc. No debemos criminalizarlos por su estatus migratorio, debemos borrar la idea de que ellos son los fantasmas de carne y hueso que rondan por nuestras tierras ocasionando la violencia y la inseguridad. Ellos tan solo son personas como tú y como yo, querido lector.