Las inversiones en América Latina: El viejo vecino y los nuevos actores

El 12 de octubre pasó, en algunos lados se celebró en otros no. No podemos decir que no es una fecha importante pues sí lo es para nosotros los latinoamericanos.

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El 12 de octubre pasó, en algunos lados se celebró en otros no. No podemos decir que no es una fecha importante pues sí lo es para nosotros los latinoamericanos. El día que nos descubrieron (yo diría más bien el día que nos inventaron). El día de la raza. Desde ya ese muy lejano 1592 cuando Colón en medio de un disparate pensó que llegaba a la lejana Asia, nuestro Continente ha vivido bajo la sombra de las grandes potencias que se han desarrollado a costa de nosotros: explotándonos, contaminándonos y comprándonos. Las tragedias y episodios de terror latinoamericano son múltiples. Hoy en el marco de la celebración del descubrimiento de América, si me lo permite lector, quisiera hacer una reflexión sobre cómo hemos pasado de ser “ayudados” por Estados Unidos y su Destino Manifiesto a las “benevolentes” aportaciones económicas que el gigante asiático realiza en nuestra región en aras de promover el disque desarrollo latinoamericano.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el escenario político mundial cambió por completo. No solo nuevos países emergieron como nuevos Estados, sino que la manera de hacer política y de controlar el “cinturón de seguridad” tanto del vecino del norte como de la extinta Unión Soviética cambió. Estados Unidos por una necesidad meramente política y enfocada a su seguridad tenía que ser amigo de sus vecinos. Pero ¿cómo serlo? Con dinero, préstamos e inversiones que no solo garantizaban el control del cinturón de seguridad sino también el control político, social y económico de algunos países. Desde la década de los 60´s hasta los 90´s los brazos de Estados Unidos: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hicieron y deshicieron lo que quisieron con nuestro territorio con préstamos que otorgaban a los países para invertirlos y así poderse desarrollar, pero con un detalle: tasas de interés irrisorias en los que los líderes políticos latinoamericanos se beneficiaban.

Hoy en día, la tendencia general es que se reduce la participación de las inversiones en recursos naturales, mientras aumenta en los servicios y se mantiene en las manufacturas. La inversión estadounidense en América Latina muestra las mismas tendencias, aunque más acentuadas. Estados Unidos ya no es más el que tiene la gran hegemonía de las inversiones, aunque sigue pesando por la cercanía geográfica y el peso tanto económico y político que tiene; América Latina ha dado un viraje a sus intereses y se ha ido acercando a otros actores. Tal como lo menciona la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas en el informe anual sobre la inversión en el continente, el 40 % de la inversión extranjera que recibimos los latinos proviene de Europa. En el informe se puede leer que: “El posicionamiento de la Unión Europea (UE) en términos de inversión extranjera directa mantiene su protagonismo en América Latina. En los últimos 10 años, el 40% de todos los capitales de largo plazo que llegan a la región provienen de la UE”. Los nuevos actores cada vez están teniendo más presencia y a pesar de tener intereses distintos comparten su interés en los recursos energéticos e hidráulicos que tenemos en nuestro territorio.

El caso de la República Popular de China es muy especial. Ha dejado de ser un actor con una política hermética para abrirse al mundo. El crecimiento demográfico y económico del gigante Asiático, así como la necesidad de cubrir su necesidad energética lo han obligado a buscar territorios no comunes para obtener estos recursos. Es por lo anterior, que China entra en la ecuación de la inversión Latinoamericana pues China ha sabido ser paciente, capitalizando todo el terreno que Estados Unidos ha ido perdiendo. Lo verdaderamente importante y que es necesario rescatar es que lo que está haciendo China no es algo espontáneo ni reciente. Para entender la estrategia de inversión china en nuestro continente es necesario hablar de geopolítica pues la estrategia conocida como “El collar de Perlas Chinas” está enfocada a tener control sobre una ruta directa de energéticos que actualmente van desde Hainan hasta el Cuerno de África. El control se ejerce a través de ciudades portuarias en las que se instalan, valga la redundancia. Puertos en los que los buques chinos pueden llegar sin ninguna restricción o pagando una cuota irrisoria. La ventaja que ofrece China, y que no lo hacen sus competidores, es una inversión completa a la imagen del país y/o de la ciudad, me explico: China no solo invierte en el puerto sino que invierte en la infraestructura de la ciudad al construir escuelas, hospitales, casas, carreteras,etc. lo que repercute directamente en el bienestar de la población y de paso le da una buena imagen al gobierno en turno pues “otorga” a sus habitantes las condiciones necesarias para tener una buena calidad de vida. Algo MUY MUY atractivo para nuestros tiempos.

No nos sorprendamos que la visión que tenga la República Popular sea la de ampliar este collar de perlas hacia América Latina. Uno de los proyectos más importantes que China tenía en mente era la construcción del Canal de Nicaragua (permitiría el libre tránsito marítimo de buques chinos en América Latina), algo muy parecido con lo que hizo Estados Unidos en Panamá. Sin embargo, por una multiplicidad de factores no se ha podido concretar el proyecto y se ha suspendido temporalmente. Tengamos en cuenta que China sabe medir adecuadamente el tiempo político y su pragmatismo facilita a sus conveniencias, por lo tanto, no tengamos duda en que regresarán pues es una oportunidad invaluable para ellos. Solo queda reflexionar y tratar de leer entre líneas cuales son los verdaderos intereses que tienen los países en nosotros, no debemos dejar que nos vendan espejitos como históricamente lo han hecho. Espero sus comentarios y reflexiones en el twitter querido lector (@gildardo_lsa).