Lo que se va y lo que viene

Termina el sexenio de Enrique Peña Nieto con una administración fracasada y se abre la relfexión para imaginar como será el gobierno del próximo sexenio.

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Termina el sexenio de Enrique Peña Nieto, el presidente que llegó al poder por ser “guapo” y por el apoyo que recibió de la televisión. Un producto, algo fabricado desde las televisoras, sobre todo Televisa, que se nos ofrecía desde que era gobernador del Estado de México, con constantes bombardeos de su imagen anunciando sus acciones de gobierno, esos compromisos “cumplidos”. Su imagen se fue posicionando en el día a día de los mexicanos, así vivieras en Yucatán o Baja California, los spots del entonces gobernador de EdoMex te llegaban.

Esa estrategia, junto a un impresionante derroche de recursos, dio resultado y Enrique “El Ken Mexicano”, Peña Nieto llegó a la presidencia. Lo lamentable es que por este producto, fabricado desde la televisora consentida, no había garantía de cambio o devolución por algún defecto. Tarde nos dimos cuenta de que el muñeco no era lo que nos habían vendido.

La administración peñista tuvo un comienzo que muchos aplaudían. El presidente se mostraba conciliador, sentó en la mesa a las tres principales fuerzas políticas del país y firmaron el Pacto por México, que terminó siendo el pacto contra los mexicanos. Internacionalmente era alabado. Se mostraba como el salvador de México, el que llevaría por fin al país al desarrollo económico. Pero poco le dudaría la fiesta y las alabanzas.

Dos años fueron los que el presidente gozó de una relativa buena imagen, después todo iría en picada. A partir del segundo semestre de 2014 la administración quedaría marcada por el resto del sexenio. La desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero y el escándalo de la casa Blanca golpearon la imagen de EPN y de eso jamás se recuperaría. Aunado a ello, los escándalos de corrupción en los estados deterioraron aun más la imagen del partido en el poder. Se había convertido ya en lo que decían que dejaron de ser, el PRI corrupto de siempre. Si Andrés Manuel no ganó nada más por sus “buenas” propuestas, le allanaron el camino.

La que se va es una administración que fracasó prácticamente en todo. La violencia está por los cielos y estados que históricamente se encontraban entre los más pacíficos ahora son un campo de batalla. Durante el sexenio se rompieron una y otra vez records del mes y el año más violentos desde 1997, año en que comenzó la medición de los homicidios. La corrupción fue desbordante, y su combate nada satisfactorio. Fue el sexenio de la impunidad. La economía familiar quedó afectada debido a la constante alza en los combustibles, que tuvo como consecuencia el aumento en los precios de otros productos y servicios, ¿dónde quedaron esas reformas que nos solucionarían la vida?

El presidente que llegó como el “salvador de México”, ahora se va como el peor evaluado, como el de los peores niveles de aprobación. Se va la administración que no supo explicar qué pasó con los 43 estudiantes desaparecidos, la de frases como “ya me cansé”, “ya sé que no aplauden”, “Rosario, no te preocupes” y la última joya, “los pobres no comen gasolina”. Se van un mandatario y un equipo lejanos a la realidad de la mitad de los mexicanos, una clase gobernante lejana a sus gobernados, un gobierno poco empático.

Se va la administración de los socavones, de las reformas sin grandes resultados. Se va el gobierno de un partido que después de doce años tuvo la oportunidad de demostrar que su “nueva sangre”, el “Nuevo PRI”, eran distintos, aunque en realidad pocos lo creían. Pero prefirió mostrar su gran voracidad. Qué más da el aeropuerto, si Odebrech les dejó algunos milloncitos. Se van, pero lo hacen con los bolsillos llenos, y lo mejor (para ellos), se van impunes.

Pero vienen otros, y con ganas. La que se viene es una administración que seguramente nos llenará de alegrías y corajes. Pinta para ser un gobierno agridulce que bien nos puede dar buenas noticias; con medidas como la legalización de algunas drogas, la despenalización del aborto, eliminación del fuero a funcionarios de todos los órdenes de gobierno (que ya se intentó, pero hubo quienes se opusieron) y de la pensión a expresidentes. Pero que también, de un día para otro, nos podría decepcionar, como ya lo ha hecho, con medidas como una guardia nacional militarizada de carácter permanente, con los súper delegados, que complicarán la relación con los estados, con fiscales que no serán tan independientes que digamos y con perdón y olvido para todos. Que todo sea amor y paz porque si no el país se desestabiliza.

La cuarta transformación seguramente cambiará respecto a su discurso de campaña en algunos aspectos necesarios, así que no será lo que se nos prometió. Ser gobierno no es lo mismo que ser oposición. Total, con esa sensación agridulce que seguro irá dejando el nuevo gobierno, en 2021 veremos los resultados de su primer gran examen. Para entonces veremos el verdadero peso del voto duro de Morena, porque de que habrá decepcionados, los habrá, y esos quizá se la piensen para volver a darle el voto al partido del Andrés Manuel. De esos 30 millones de mexicanos que les dieron la confianza, seguro les quedarán unas dos terceras partes, aproximadamente. Aunque todo depende de cómo nos vaya en lo que viene. Esperemos que la próxima sea, en términos generales, una administración exitosa.

 

Correo: miguel.zir2993@gmail.com