Mejor mal conocido…

El domingo 28 de Octubre, se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones de Brasil, en la cual el mundo se encontró expectante de la decisión de las y los ciudadanos, entre el ex militar de ultraderecha Jair Bolsonaro y el progresista Fernando Haddad

Comparte/

Share on twitter
Twitter
Share on facebook
Facebook
Share on whatsapp
WhatsApp

El domingo 28 de Octubre, se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones de Brasil, en la cual el mundo se encontró expectante de la decisión de las y los ciudadanos, entre el ex militar de ultraderecha Jair Bolsonaro y el progresista Fernando Haddad. Siendo Bolsonaro, el ganador de estas elecciones, reconocido a nivel mundial por sus distintas expresiones de odio a minorías como la comunidad LGBTQ+, muchas personas sentimos un vacío momentáneo en el pecho con la noticia, aún cuando pareciera no debió sorprendernos. Indigna el pensar que un discurso de odio puede llevar al poder a una persona, caso similar al del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, donde así mismo durante campaña, se observó a un pueblo que aplaudía y legitimaba dichas prácticas discriminatorias.

En el caso de Brasil, hallamos distintas motivaciones por parte de sus votantes. El argumento principal que se da para defender al ahora presidente electo de Brasil, es que aún siendo homofóbico, racista o misógino, eso sería mejor que un ladrón con escándalos de corrupción, símbolo de hartazgo de las administraciones pasadas en el país. Siendo el gobierno anterior por parte del partido de Haddad, se pudo prever una respuesta negativa en cuanto a su candidatura para la presidencia del país. Pero, una cosa no me puede quedar clara, y es ¿cómo es posible solapar un discurso de odio, con excusa del miedo a la corrupción? ¿a caso los derechos humanos se deben dejar de lado? ¿qué exenta a Bolsonaro de un posible escándalo de corrupción?

Los gobiernos y candidaturas progresistas actualmente se han visto amenazadas alrededor del mundo por partidos y candidatos conservadores de ultraderecha, que llegan a ser catalogados como fascistas. Y esto, a mi parecer viene de la mano de un miedo que se tiene a la izquierda al poder, aún cuando se tiene conocimiento de las fallas por parte de los partidos contrarios, preferimos la comodidad del mal conocido, antes que una oportunidad a algo nuevo. Aún cuando en el caso de Brasil, ya se ha experimentado con distintos tipos de gobierno, la reacción ante los errores de las izquierdas, siempre será más punitiva que con los regímenes de tintes de derecha, siendo que han sido aprehendidos por la sociedad como los ideales para el crecimiento de los países.